Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Muere Quini, el Brujo del gol

El mítico delantero asturiano muere de un infarto a los 68 años. El fútbol español pierde a uno de sus mejores goleadores y uno de sus deportistas más nobles

Quini, durante un homenaje recibido por el Barcelona en el Camp Nou. En vídeo, las palabras de varias personalidades del fútbol.

Enrique Castro Quini (Oviedo, 1949), El Brujo del gol, ha fallecido este martes en Gijón a los 68 años de edad debido a un infarto. Con su muerte se marcha uno de los goleadores más prolíficos de la historia del fútbol español y uno de sus deportistas más nobles. Pocos jugadores han gozado del aprecio de la gran mayoría del gremio como Quini, un rematador de época. Hizo historia con el Sporting de los Castro, su hermano y portero, Cundi, Mesa, Uría, Ciriaco, Joaquín, Megido, Enzo Ferrero, con el que fue subcampeón de Liga en 1979, y formó parte de aquel Barcelona de principios de los años 80 en el que coincidió con Simonsen, Schuster, Maradona, Urruti, Alexanco, Víctor, Marcos, Julio Alberto... Un equipo que parecía tener encarrilada la Liga hasta que aconteció uno de los sucesos que marcaron su vida: el 1 de marzo de 1981 fue secuestrado a punta de pistola por dos individuos.

El suceso conmocionó a la sociedad española de entonces. Fueron 25 días hasta que fue liberado, el mismo día que España ganaba a Inglaterra en Wembley (1-2), y solo unas horas después la grandeza de su personalidad emergió para perdonar a sus secuestradores. El Barça, dirigido entonces por el legendario Helenio Herrera, no levantó cabeza y acabó perdiendo el título a manos de la Real Sociedad. El otro momento que marcó la existencia de Quini fue la muerte de su hermano Castro al tratar este de salvar a un bañista en Pechón (Cantabria), en 1993.

En el Barça, al que llegó por 82 millones de pesetas y más tarde de lo que hubiera deseado, sus mayores logros fueron dos Copas del Rey (1981 y 1983) y una Recopa (1982) conquistada en el Camp Nou ante el Standard de Lieja gracias a un gol suyo de pícaro que ni las cámaras de televisión pudieron captar con claridad por la rapidez con la que Simonsen y él ejecutaron una falta. En la primera Copa que logró alzar se enfrentó en la final a su amado Sporting, al que le hizo dos goles que apenas celebró. Goleador de pocos toques, con un olfato extraordinario, una de sus especialidades eran las vaselinas en los remates de cabeza. Hace unos meses, por teléfono, recordaba una vaselina, esta con el pie, que logró en el Bernabéu con el Barcelona de Maradona en un 0-2 al Madrid en la temporada 82-83. Con el campo embarrado picó la pelota desde fuera del área por encima de Agustín, un guardameta que rozaba los dos metros de altura.

En el Barça estuvo hasta la temporada 83-84, cuando regresó al Sporting para finalizar su carrera tras haberse retirado previamente. Su último partido en Liga fue el 14 de junio de 1987, precisamente contra el Barcelona, para alcanzar la cifra de 448 encuentros y 219 goles. Internacional en 35 ocasiones, disputó los Mundiales de Argentina 78, España 82 y la Eurocopa de Italia 80.

Ya retirado, fue delegado del Sporting y también estuvo al frente de las relaciones institucionales del club. En cada campo que visitaba recibía continuas muestras de cariño. En Gijón, su hijo regenta un restaurante que responde al nombre de Dquini. Es un museo del gol en el que las paredes y las barras están decoradas con imágenes de uno de los grandes goleadores de la historia del fútbol español, pero sobre todo de uno de los caballeros más nobles que ha dado el deporte.

Las muestras de dolor no se hicieron esperar tras su pérdida. Desde los representantes de partidos políticos hasta los clubes de fútbol. Especialmente emotiva fue la despedida de David Villa, delantero también asturiano. "Cuando daba mis primeros pasos en esta profesión tuve la suerte de ser bendecido por los consejos del mejor delantero español de todos los tiempos. Nunca podría haber llegado donde llegué sin tu ayuda al comenzar mi carrera. Te estaré eternamente agradecido amigo. Recuerdo que me pediste que algún día fuera mejor delantero que tú y te pido perdón por no haberlo conseguido. Esa era una misión imposible para cualquier delantero que quisiera intentarlo. Estoy seguro que ahí arriba te han reclamado porque en el equipo del cielo necesitan goles y se han llevado al mejor. Te vamos a echar mucho de menos. Siempre vas a estar en mi recuerdo. Te quiero mucho Brujo".

Más información