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En busca de un ídolo del clásico mexicano

América y Chivas se encaran en un derbi disminuido en figuras de la personalidad de Cuauhtémoc Blanco

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Cuauhtémoc Blanco, durante un partido de liga en 2007. Cuartoscuro

Cuauhtémoc Blanco era adicto al conflicto. Empezó a practicar sus maniobras con el balón en los campos llaneros de la Ciudad de México. Y también a retar a sus rivales para desesperarles. Eso le sirvió para erigirse en el símbolo del América y, uno de los últimos ídolos del clásico frente a las Chivas.

En una ocasión, en los años ochenta, el joven Cuauhtémoc enfureció a todo un equipo, el representativo de la delegación Gustavo A. Madero en Ciudad de México. Eran los más fuertes de la categoría porque reunían el mejor talento de la zona y estaban apoyados por Ángel Coca González, un caza talentos. Esa vez Blanco marcó cuatro goles y dio dos asistencias. Fue “por culpa de un jorobado y medio desnutrido”, le dijeron a González, de acuerdo con el historiador Carlos Calderón. Un corcovado con pies brasileños.

Cuauhtémoc Blanco se convirtió en una de las principales figuras del clásico. En 1999, el futbolista con nombre prehispánico empezó a insultar al futbolista de Chivas, Felipe de Jesús Robles. En un momento del partido Blanco le advirtió que resolverían todo al final del partido. Terminó en un 1-0 a favor del rebaño. El americanista cumplió su palabra, fue en busca de Robles y le soltó un puñetazo recto.

“A Cuauhtémoc le ayudaba que fuera del barrio porque era salvajemente aventurero. Se le ocurrían distintas jugadas en cada partido. Tenía un juego muy ambicioso. Le gustaba encarar a todos los defensas”, comenta Manuel Lapuente a EL PAÍS. El que fuera entrenador del América acepta que Blanco tenía un carácter volátil, pero “sabía controlarse a tiempo”.

En 2003, durante una discusión entre jugadores de las águilas y de los rojiblancos, retó a golpes a Johnny García. Amagó un par de golpes y ahí quedó todo. Blanco jugó 21 veces frente a las Chivas, marcó un par de goles, pero se le recuerda más por su bravuconería, esa que ha trasladado a la política.

“Es uno de los últimos ídolos del América. Cuando llegó a España lo hizo en un mal equipo [Valladolid, 2000-02]. Le debían conseguir uno de mayor jerarquía como le tocó a Hugo Sánchez con el Atlético. Pensé que se lo iban a llevar a uno grande sino hubiera triunfado como los grandes. Él era mejor que muchos en Europa”, considera Lapuente.

Nadie ha podido igualar el carisma de Blanco. Su sitio lo han tratado de llenar otros jugadores como Cabañas, Ochoa, Layún, Jiménez, Peralta y, quizá como Rubens Sambueza. Ha sido el entrenador, Miguel Piojo Herrera, quien ha recibido los mimos de su afición por ser visceral en sus festejos y en sus arengas para motivar al equipo.

Una estrella deportada de Estados Unidos

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Kléber Boas (i) en un choque con Carlos Salcido en 2005. Cuartoscuro

Carlos Salcido tiene nueve años en el equipo de las Chivas. Es la antítesis de Cuauhtémoc Blanco. Creció en el pueblo de Ocotlán, Jalisco. De adolescente intentó cruzar la frontera para encontrar trabajo en Estados Unidos y fue deportado en sus tres intentos. De joven también lavaba autos. Se involucró en el fútbol porque uno de sus amigos le pidió jugar un partido porque faltaba un compañero. Un visor de Chivas le echó un ojo y lo incorporó a su equipo. Fue a sus 21 años cuando debutó en primera división, tarde, pero con una trayectoria meteórica al llegar al PSV Eindhoven y a Fulham

“Salí de Chivas en 2001 y Carlos ya jugaba en los equipos inferiores. De repente lo mandaban al primer equipo y ya demostraba su calidad. Creo que siempre mostró ser un gran jugador. Con esa personalidad, de perfil bajo, quizá no se daba a conocer tanto. En cuanto lo metían a los entrenamientos se veía un gran prospecto”, menciona Alberto Coyote.

Coyote, formado en el Club León, se ganó el cariño de la afición de Chivas por ser parte del plantel ganador del título de liga en 1997. Él al igual que Salcido son jugadores-estandartes que evitaban el conflicto y a lo suyo. “Los capitanes del Guadalajara mantienen un perfil bajo, dentro de la cancha disputas la pelota, defiendes la playera a la máxima intensidad. Esta personalidad nos ha ayudado a la hora de hablar con los árbitros. De nada sirve ser un jugador muy temperamental o mediático”, apunta Coyote.

El Guadalajara ha tenido a jugadores insignia como a Jaime Tubo Gómez, Salvador Reyes, Guillermo Tigre Sepúlveda, Benjamín Galindo, Fernando Quirarte, Coyote y Ramón Morales. Hace unos años lo era Omar Bravo, el máximo goleador del conjunto con 160, pero en el 2015 salió del club con pocos reflectores. Salcido se ha quedado en el equipo como el jugador veterano con 37 años. La temporada pasada alzó el trofeo de la liga. Después de él no hay uno que se asuma como el jugador del simbolismo chiva.

La rivalidad con el América nació cuando las águilas fueron compradas por el empresario Emilio Azcárraga Milmo en 1959, su idea era hacerle competencia directa al Guadalajara, que triunfaba en la época amateur con 12 trofeos. De alguna forma se confrontaban dos acepciones del fútbol: el equipo del vulgo contra el conjunto que se edificó a billetazos. El clásico está proceso de encontrar a su nueva figura y eso no se puede comprar.

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