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Honduras sucumbe ante Nigeria y deja escapar el bronce

La selección centroamericana malgasta ante Nigeria (2-3) su mayor oportunidad de ganar la primera medalla olímpica

San José (Costa Rica)
Sadiq, en un lance del juego
Sadiq, en un lance del juego AP

La selección de fútbol de Honduras ha dejado escapar este sábado ante Nigeria su mayor oportunidad de ganar la primera medalla olímpica en la historia de este país centroamericano o la única de toda la región de Centroamérica en Río 2016.

La posibilidad de la medalla de bronce, después de la vergonzosa paliza 0-6 ante Brasil en las semifinales, parecía capitalizable al arranque del juego en el estadio Minerao (en Belo Horizonte) e incluso entrado el juego, con emociones repartidas en ambos marcos.

Parecía, sí, pero el equipo dirigido por el colombiano Jorge Luis Pinto acabó hundido en un marcador 2-3. Pudo haber sido peor, porque hasta los tres cuartos del partido los hondureños caían 0-3 y en la cara de sus jugadores se notaba la vergüenza.

Esa vergüenza misma los empujó con las fuerzas que les quedaba, porque de orden y magia hubo poco, hasta encajar dos anotaciones en la recta final del juego en el arco de Emmanuel Daniel. Era un 2-3 provisional que encendía pequeñas luces de esperanza, pero ya era demasiado tarde.

Los números no se movieron y dejaron a los hondureños ahí tan cerquita, ahí tan dolorosamente antojados de la medalla que Pinto y sus muchachos soñaban entregar a un país donde el futbol funciona como un desfogue de tensiones en medio de los problemas de pobreza y violencia del día a día.

Entregaron la piel ahí en el Minerao, a donde llegaron después de una clasificación en la cual el mayor logro fue haber empatado 1-1 con Argentina y haberla sacado de competencia. Algunos soñaron con una medalla de oro, pero en semifinal toparon con el Brasil de Neymar que los lanzó con furia a la realidad. Esta Honduras estaba para alegrías, pero no para proezas; no lo puede estar ningún equipo con tantas desatenciones en su defensa, para empezar.

Y entonces toparon con Nigeria, excampeones olímpicos (Atlanta 96) y subcampeones (Beijing 2008), una potencia en las competencias de futbol juvenil y hasta la categoría sub-23, la que se juega en estas instancias. Toparon con los nigerianos reforzados con los tres hombres mayores que permite el reglamento, sobre todo por Obi Mikel, el volante del Chelsea F. C.

Mikel sirvió el primer gol a Sadiq Umar (solísimo en el área pequeña, al 32’), lanzó el remate que acabó en los pies de Aminu para el segundo gol (49’) y prefabricó también el tercer tanto que culminó también Umar, al 56’.

Era la debacle si se miraba que en los últimos 160 minutos Honduras se había debido tragar nueve goles (los seis brasileños y los tres africanos) y había anotado ninguno. Y estaba ahí disputando el tercer lugar, con hambre de medalla.

La vergüenza mundial se avecinaba porque para la historia y la imagen internacional los marcadores escandalosos callan cualquier buen esfuerzo, talento o buena preparación; pero todavía estaba en juego la honra.

Entonces Anthony Lozano al 71’ y Marcelo Pereira al 86’ hicieron lo que no hizo su compañero Alberth Ellis, el atacante de buena fama que el minuto 32 había tenido ocasión de marcar el 1-0 a su favor y de manera inexplicable la desperdició. Dos minutos después Nigería sí supo resolver y comenzar su victoria.

Honduras puede quedarse entonces con los últimos seis minutos del partido, con ese 3-2 provisional, con la “casi” atorada en la garganta frente a los nigerianos que supieron aguantar para cazar su tercera medalla olímpica en futbol. El juez Sandro Ricci pitó el “basta” y los catrachos cayeron con sus botas bien puestas, creyendo que sí se podía, perfumados con solo el olor del bronce.

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