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España paga la siesta

Reacción incompleta de las de Dueñas, demasiado tiernas en defensa durante el primer periodo ante Rumanía (24-21). Ahora se jugarán el pase a cuartos en el último pulso de la fase de grupos, contra Angola

Mangué intenta penetrar ante la oposición de Vizitiu, con Pinedo en medio. EL PAÍS VÍDEO

Una España de dos marchas dejó escapar el acceso a la siguiente fase al cometer un pecado capital: echarse la siesta. Despertaron tarde las Guerreras ante Rumanía (24-21), pero lo hicieron demasiado tarde, a destiempo, y ahora todo aboca al último compromiso de la fase de grupos, contra Angola, este domingo. Si vencen, el objetivo estará cumplido.

RUMANÍA, 24 - ESPAÑA, 21

Rumanía: Munteanu (p), Ungureanu (p) Geiger (5), Buceschi (2), Neagu (9), Bradeanu (2), Perianu (2), Ardean Elisei (0), Manea (0), Florina (1), Vizitiu (1) y Chiper (2).

España: Navarro (p), Zoqbi (p), Martín (4), Alberto (0), Mangué (2), Aguilar (0), Chávez (2), Pinedo (2), Pena (4), González (1), Elorza (1), Egozkue (1), Cabral (4).

Parciales cada 5 minutos: 3-3, 6-4, 7-6, 11-9, 12-11, 13-11, 16-11, 18-15, 18-18, 20-19, 21-20 y 24-21.

Árbitros: Charlotte Bonaventura y Julie Bonaventura.

Pabellón Arena del Futuro de Río. Grupo A del torneo de balonmano femenino.

Estaba España sobre aviso, porque en los tres duelos previos del torneo Cristina Neagu ya había dejado huella, de zarpazo en zarpazo. Sin desatender el resto del colectivo, era ella a la que se debía frenar y fijar. Sin embargo, pudo maniobrar con relativa soltura en el primer periodo, y de este modo Rumanía abrir brecha. El equipo de Tomas Ryde agradeció la benevolencia de la defensa española y comenzó a manejar rentas de dos y tres goles (12-9). Sin ningún tipo de corsé, Neagu perforó, percutió y habilitó, así que las chicas de Jorge Dueñas tuvieron que ponerse las pilas e ir corrigiendo sobre la marcha.

La situación requería de mano sabia, de ahí que diese un paso al frente Marta Mangué. La veterana (33 años) miró a los lados y llamó al orden. Intensidad, intensidad, intensidad, reclamaba una y otra vez. Se echó el equipo a la espalda y poco a poco sus compañeras se entonaron. Dueñas meneó el esquema y apostó por una defensa en avanzado, con el objetivo de dificultar las continuas filtraciones de Neagu (cinco goles de ocho lanzamientos en el primer periodo, nueve en total) y Melinda Geiger, esta última otro cuchillo.

El marcador fijó una ventaja de dos tantos (13-11) para Rumanía al bocinazo. Mal menor, en todo caso, porque España estuvo demasiado tierna en ese primer periodo y mantuvo esa línea errática en el segundo. Hubo reacción tras el descanso, pero fue incompleta. Y en la primera media hora, Neagu había campado a sus anchas e hizo estragos, penetrando desde el centro y produciendo meteoritos con su derecha. La diferencia no solo disminuyó, sino que aumentó escalonadamente hasta el 17-11. Tardó siete minutos y medio España en batir a Paula Ungureanu, inspirada además bajo palos.

Parcial de 8-1... y remontada estéril

Ese gol de Elizabet Chávez espoleó a las de Dueñas, que por fin vieron algo de luz entre las sombras. El faro fue Nerea Pena, la jugadora española más a tono en este campeonato. Al toque de corneta de la pamplonesa se cuadró Cabral, poderosa en al salto y el bombardeo, y Eli Pinedo, la rúbrica perfecta al incremento del ritmo y el contragolpe. “¡Ida y vuelta y les pillamos, ida y vuelta y les pillamos! ¡Pero, por favor, no bajemos la intensidad”, arengaba el seleccionador durante un receso.

Parcial de 8-1 a favor de las suyas y 19-18 en el electrónico. España, por segunda vez en el partido, otra vez por delante. Y Neagu, ahora sí, bien bloqueada; teniendo sus más y sus menos con Mangué, excluida por desenvolverse demasiado al límite. Pero a Rumanía la sostuvo entonces su portera, Ungureanu, con el pelo oxigenado y manos, piernas, pies, hombros; cualquier zona de su cuerpo para repeler casi todo. Para detener incluso un franco mano a mano con Pinedo, aunque no así para la rosca diabólica de Carmen Martín desde el extremo. Inmensa, en cualquier caso.

Su escudo (14 paradas) frustró a España, que fue entregándose hasta el definitivo 24-21. Pese a la derrota, era importantísimo no dejarse ir y mantener la compostura, por eso de la diferencia de goles y la calculadora. No dejarse caer en manos ajenas para certificar el pase. Ahora, batir a Angola es fundamental; si lo hacen, las Guerreras tendrán un billete. Contra las africanas, prohibida la ciclotimia. Nada de siestas.

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