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El deportista del año en 2015 fue la corrupción

Ni Barça ni Bolt ni Djokovic… los escándalos descubiertos gracias a la vigilancia pública han sido el protagonista del año deportivo que acaba, y Blatter y Diack, sus símbolos

Blatter, tras su suspensión por parte de la FIFA el pasado lunes.
Blatter, tras su suspensión por parte de la FIFA el pasado lunes.P. B. KRAEMER (EFE)

Terminaba 2014 y aún se debatía con credulidad en España la amenaza de Ángel María Villar. Si el Consejo Superior de Deportes (CSD) se empeña en meter la nariz en los asuntos en mi federación, que se atenga a las consecuencias, porque la FIFA prohíbe a los poderes públicos entrometerse en los asuntos deportivos, somos autónomos, recalcaba siempre que podía el presidente del fútbol español, que se niega a someterse a las normas de transparencia.

Ha pasado un año y parece que ha pasado un siglo. Termina 2015 y a la hora del resumen de lo más importante del año, los nombres de Usain Bolt y sus tres medallas de oro en Pekín, o de Novak Djokovic y sus tres títulos de grand slam o del Barça y sus cinco grandes trofeos y hasta de Jorge Lorenzo y su polémico mundial de motociclismo quedan a la sombra de los escándalos revelados, ganadores del título de protagonistas deportivos de 2015.

La FIFA, de la que Villar es vicepresidente, y la UEFA, en la que el exfutbolista del Athletic ocupa el mismo puesto, están descabezadas debido a la intervención de los poderes públicos que, personalizados en la figura de Loretta Lynch, fiscal general de Estados Unidos, acusa de corrupción, detiene y arranca confesiones a decenas de ejecutivos del organismo radicado en Zúrich. Los presidentes de ambas federaciones, la internacional y la europea, Sepp Blatter y Michel Platini (padrinos ambos de Villar), han sido suspendidos por sus propias policías internas, llamadas comités éticos.

Un poco más al sur de Suiza, en la Costa Azul monegasca, el expresidente de la federación internacional de atletismo (IAAF), Lamine Diack, ha debido dejar su palacete y su suite en un hotel de lujo, y vive acogotado por las convocatorias del juez anticorrupción de París que, gracias a las investigaciones emprendidas por la Interpol, le ha imputado varios delitos de soborno y chantaje, acusado de solicitar dinero (hasta 1,5 millones de euros) a las autoridades atléticas rusas para tapar los positivos de sus deportistas antes de los Juegos de Londres. La investigación policial también permitió que saliera a la luz cómo el Estado ruso de Vladimir Putin organizaba el dopaje en su deporte, al que no dolía para nada que su deificada autonomía fuera mancillada a cambio de un bien más grande, medallas olímpicas. El sucesor de Diack, Sebastian Coe, debe responder diariamente a las dudas que subsisten sobre su papel en los años turbios.

Todos los hallazgos los hizo públicos un informe de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), un organismo semipúblico-semiprivado que ha asumido el papel de gendarme del deporte mundial.

En España, la policía del deporte ha estado en manos, principalmente del departamento de inspección del CSD, que después de someter a dieta y auditar a federaciones nacionales y clubes de fútbol ha descubierto cosas tan curiosas como que un presidente federativo se iba de vacaciones al Caribe con su secretaria general a cuenta de los presupuestos federativos, otros gastaban cientos de miles de euros sin dar cuentas, otro alojaba a su familia en un piso federativo... Pequeñas corrupciones demostradas en tenis, tiro con arco, bolos o rugby, equipos de fútbol como Osasuna o Elche e investigadas en baloncesto, que obligan a recordar que los presidentes de las federaciones nacionales son los que forman la base de las internacionales, y reflejan la necesidad de la intervención de los poderes públicos para garantizar una mínima transparencia y limpieza.

Una reliquia del pasado

Jens Sejer Andersen, organizador de Play the Game, conferencias anuales en Dinamarca donde se trata sobre todo de los problemas de corrupción y la lucha por la transparencia, califica con alegría 2015 como “el año que mató la autonomía del deporte”. “En 2015, la confianza del público en las federaciones nacionales e internacionales llegó a su nivel mínimo debido a los casos de corrupción y los excesos de los dirigentes”, dice Andersen. “Espero que 2016 sea el año en el que la autonomía del deporte sea sustituida por una verdadera libertad de asociación”.

El optimista Andersen cita en su apoyo un discurso de Dick Pound, quien no solo se hizo famoso en 2015 como redactor del informe que desveló el dopaje en Rusia sino que en 2016 se convertirá en el miembro más veterano del Comité Olímpico Internacional (COI). “La autonomía del deporte es una reliquia de una era pasada”, dijo Pound en una conferencia de Play the Game. “La autonomía para dictar y administrar las leyes del deporte debe ganarse con una conducta responsable, no como una mera afirmación de un estatus antiguo y caducado. ¿Por qué la sociedad iba a dar libertad a una organización corrupta? ¿Por qué se debe recompensar con libertad a un organismo corrupto?”.

La transparencia y el sueldo de la presidenta del triatlón

La crisis de corrupción de la FIFA y la IAAF ha desencadenado consecuencias inesperadas en otras federaciones, obligadas a ejercicios de transparencia a los que no estaban acostumbrados. Para algunas, como para la federación Internacional de Triatlón (ITU), presidida desde 2008 por la española Marisol Casado, la exhibición de transparencia no ha llegado en el mejor momento, pues ha permitido descubrir, justo cuando la sospecha de corrupción acecha, que la presidenta experimentó un aumento del 38% de su sueldo en 2013, cuando pasó de 128.000 a 177.000 euros anuales.

“Se ha anunciado ahora, pero es una decisión de hace dos años aprobada por el ejecutivo de la federación al mismo tiempo que se decidió abrir una oficina en Madrid”, dice Casado, que es también miembro del Comité Olímpico Internacional (COI). “El aumento también se razonó porque yo dedicaba el 100% de mi tiempo a la ITU y perdía mi sueldo y mi antigüedad de 20 años como secretaria general de la federación española, puesto que dejé sin cobrar despido”.

Los ingresos anuales de la ITU, exceptuada la parte proporcional de los cerca de 15 millones de euros que recibe cuatrienalmente por su presencia en el programa olímpico, rondan los tres millones de euros. “Para fijar mi salario también tuvimos en cuenta que la mayoría de los secretarios generales de las federaciones internacionales tienen sueldos superiores a los 200.000 euros anuales”, dice Casado. “Yo hago un trabajo similar. Y quiero recordar que este cuatrienio olímpico que ahora termina por primera vez en la historia de la ITU vamos a tener beneficios propios”.

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Sobre la firma

Carlos Arribas
Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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