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Juegos de guerra

Las citas olímpicas suelen verse salpicadas por acontecimientos políticos, desde conflictos bélicos, hasta boicots y disputas territoriales

El japonés Jajima, Jesse Owens y el alemán Lutz Long, en el podio (Berlín '36) Ampliar foto
El japonés Jajima, Jesse Owens y el alemán Lutz Long, en el podio (Berlín '36) AP

“No se puede mezclar deporte y política”. Esa era la consigna que en los Juegos de Pekín 2008 prohibía a los deportistas hablar de temas como los derechos humanos en China o el conflicto del gigante asiático con Taiwán y el Tíbet. Desde sus orígenes en la antigua Grecia, los Juegos eran concebidos como un oasis de paz dentro de un mundo en continua ebullición bélica. En el mundo moderno esa tregua se ha roto. Los Juegos son un catalizador para la política, un escaparate ideológico dirigido a más de 4.000 millones de espectadores de los cinco continentes.

Pekín 2008: los derechos humanos

Desde que fue elegida como sede de los Juegos, la política no dejó de inmiscuirse en la cita de Pekín, incluso aunque las autoridades chinas lo prohibieran expresamente. Las aspiraciones del gigante asiático de convertirse en la superpotencia del siglo XXI pasaban por el éxito en los Juegos. Pero, desde el principio y pese a los esfuerzos chinos, las grandes tareas pendientes del país salieron a la luz, como el tradicional debate del respeto a los derechos humanos y la transición democrática, asuntos que en Pekín no creen necesarios para lograr el ansiado superdesarrollo económico. Por otro, los conflictos territoriales con el Tíbet, invadido desde 1950, y Taiwán.

Taiwán se considera un territorio independiente de China, mientras que Pekín entiende que la isla es una provincia más de su territorio. Ese conflicto de intereses saltó cuando China hizo público el recorrido de la antorcha olímpica. Taiwán lo rechazó porque consideraba que no se respetaba su soberanía porque el anfitrión de los Juegos trataba al régimen de Taipéi como parte de su territorio al incluirlo en el recorrido nacional de la antorcha.

A principios de agosto y coincidiendo con la inauguración de los Juegos, Rusia envió a sus tanques a la región separatista de Osentia del Sur, reconocida por la comunidad internacional como territorio de Georgia. Los 35 deportistas georgianos presentes en China llegaron a amenazar con abandonar los Juegos Olímpicos como consecuencia de lo que consideraban una invasión de su territorio. No abandonaron la competición, pero el enfrentamiento dejó en Pekín dos caras de la misma moneda. Por un lado, la atleta rusa Paderina y la georgiana Salukvadze, plata y bronce en pistola, ejemplificaron una tregua cuando se dieron un abrazo en el podio. Paz que se rompió en vóley playa. Las jugadoras rusas acusaron a las georgianas de ser brasileñas nacionalizadas que jugaban por dinero. Una de las rusas, Natalie Uryadova, llegó a decir: “Es muy estúpido para Georgia comenzar una guerra con Rusia porque nosotros somos muy grandes y ellos muy pequeños, perro ese es el camino que ha elegido Georgia”. El presidente de la federación georgiana la respondió y dijo que las rusas “deberían irse a casa. Son malas perdedoras”.

Menéndez desfila con la bandera del Cómite Olímpico en Moscú '80 por el boicot español. ampliar foto
Menéndez desfila con la bandera del Cómite Olímpico en Moscú '80 por el boicot español. As

Atenas 2004: la guerra de Irak

La guerra de Irak (2003-2011) también estuvo presente en los Juegos de Atenas en el año 2004. Por un lado, con los griegos que salieron a la calle para protestar por la guerra cuando se conoció que Colin Powell, secretario de Estado estadounidense, estaría en la ceremonia de clausura de la cita de Atenas. Por otro, con los propios deportistas iraquíes y afganos, que para llegar a los Juegos con una condición física adecuada se entrenaron durante la guerra entre balas y cráteres producto de las bombas lanzadas por los norteamericanos.

Antes de la caída de Sadam Husein, los deportistas iraquíes estaban sometidos a la represión y a los abusos perpetrados por el presidente del comité olímpico, Uday Husein, hijo del dictador fallecido. Abusos que, según contaron algunos deportistas, llegaban hasta torturas cuando la selección de fútbol perdía algún partido. Durante los Juegos, esa misma selección devolvió por unas horas la alegría a las calles de Bagdad y otras ciudades iraquíes: los leones de Mesopotamia llegaron hasta semifinales del torneo.

Mientras Irak y Afganistán estaban en guerra, sus atletas se entrenaban entre las balas

En Afganistán, la historia se repite. Los deportistas convivían con la muerte mientras se entrenaban para los Juegos Olímpicos. “La semana pasada uno de nuestros chicos iba conduciendo por la carretera entre Kabul y Kandahar”, decía antes de los Juegos de Pekín el presidente de la federación afgana, Ghulam Rabani. “Le dispararon y murió. Tenía 27 años. Estas cosas pasan en Afganistán. Si sales a la calle, no hay garantías de seguridad”, continuaba.

Sidney 2000: las dos Coreas

La politización de los Juegos del 2000 empezó con la elección de la sede. Por un lado, estaba la pacífica Sidney, un destino casi idílico. Y por otro, Pekín, que ya arrastraba las críticas que se verían ocho años después. Los miembros del COI se decidieron finalmente por Sidney, aunque no sin antes pensar seriamente en las posibilidades chinas: pensaban que si ganaba el gigante asiático, se impulsaría al país hacia la democracia y la apertura, como ya ocurrió en Corea del Sur en 1988.

Ya en los Juegos, se produjo un hecho histórico. Por primera vez en una cita olímpica, las dos Coreas desfilaron bajo la misma bandera en la ceremonia inaugural. Hay que recordar que los dos países están en una situación de armisticio desde 1953, pero no de paz. Desde 1950, cuando Corea del Norte pasó la frontera del paralelo 38, hasta el 53 los dos países vivieron en una guerra en la que intervinieron las dos superpotencias de la Guerra Fría: Estados Unidos apoyó al Sur y la URSS, además de China, se aliaron con el Norte. José Antonio Samaranch, entonces presidente del COI, definió el gesto olímpico como trascendental y lo consideró un primer paso hacia la unificación de ambos países. Esa unificación aún no se ha producido, de hecho, la rivalidad entre ambos países es manifiesta.

Atlanta 1996: terrorismo

Antes del arranque de los Juegos de Atlanta 96, corría el rumor de que China podría boicotear la cita debido al conflicto taiwanés (Washington apoya a Taipei). Quedó en palabras vacías.

Las rivalidades de la Guerra Fría habían quedado atrás y parecía que los Juegos de Atlanta, dominados por el capitalismo extremo estadounidense, no se verían manchados por la política. Pero de lo que no pudieron escapar fue del terrorismo. Una bomba en el parque Centenario de Atlanta dejó dos muertos y un centenar de heridos.

Barcelona 1992: de Sudáfrica a Yugoslavia

“Los mejores Juegos de la historia”. Así los describió Samaranch. Fueron los Juegos de la reconciliación, la primera cita olímpica desde que se desintegró la Unión Soviética y el mundo bipolar, dividido en bloques opuestos, desaparecía. Además, 32 años después de su última participación y 22 después de su expulsión del olimpismo, Sudáfrica volvía a los Juegos. La causa de su ausencia era el sistema de segregación racial sudafricano, el apartheid, que acababa de ser abolido.

La ansiada reconciliación –y los propios Juegos- parecían peligrar pocos meses antes debido a la Guerra del Golfo, desatada por la invasión de Irak a Kuwait. Se temía que el conflicto se intensificara y que nuevos actores intervinieran. En particular, temían la intervención de Israel, que podía desatar la oposición de todos los países árabes de la zona y, en consecuencia, un posible boicot a los Juegos de Barcelona. Pero la situación en el mundo árabe se apaciguó. No así en Yugoslavia.

Los deportistas yugoslavos desfilaron en Barcelona '92 como participantes olímpicos independientes y consiguieron tres medallas

En 1984, Sarajevo (Bosnia-Herzegovina) celebró los Juegos Olímpicos de Invierno. Pero ocho años después, las instalaciones deportivas estaban destruidas y en la antigua Yugoslavia todo era sangre y pólvora. Los deportistas yugoslavos –serbios, montenegrinos y macedonios- no pudieron competir en los Juegos con la bandera de su país, sino que tuvieron que conformarse con el calificativo de participante olímpico independiente. Esta decisión suscitó muchas quejas entre bosnios y croatas. El técnico croata del equipo español de waterpolo, Dragan Matutinovic, dijo lo siguiente: “La guerra no ha terminado y, por lo tanto, la presencia yugoslava es inadmisible. Mientras Serbia siga adelante matando civiles, ningún deportista de ese país debe participar en los Juegos”. Los independientes se llevaron una plata y dos bronces.

Eslovenia y Croacia sí que participaron, al igual que Bosnia, que pidió a Barcelona ayuda humanitaria y militar, además de económica para reconstruir Sarajevo, asediada desde 1992 hasta 1996. Las imágenes de la atleta Mirsada Buric, campeona de los Balcanes de 3.000 metros, entrenándose en las destrozadas calles de Sarajevo, dieron la vuelta al mundo.

Había pasado un año desde la total desintegración de la Unión Soviética. Las repúblicas surgidas de la división de la superpotencia de la Guerra Fría aún no eran países estables y, por última vez, competirían juntas en unos Juegos. Eran 12 y apenas llevaban a Barcelona 500 deportistas. El deporte pasó de ser un elemento esencial de la URSS, una muestra de poder y de supremacía, a un aspecto banal para los países recién nacidos, que tenían problemas más importantes a los que dedicarse. Estos 12 países se presentaron en el desfile inaugural bajo la bandera del Equipo Unido y compartían medallero, aunque en la competición cada deportista representó a su república de origen.

Seúl 1988: los boicots

Los Juegos de Seúl 1988 ayudaron a completar la transición de Corea del Sur desde la dictadura de Chun Doo-hwan (1980-1987) hasta la democracia. La angustia previa del Comité Olímpico sobre sí el país asiático podría llevar a cabo los Juegos se transformó en todo un éxito deportivo. Éxito que podría haberse tambaleado si Rusia y otros países socialistas, que no tenían relaciones diplomáticas con Corea del Sur, hubiesen boicoteado la cita.

 Antes, el boicot era un clásico de los Juegos Olímpicos. En Los Ángeles 84, ni la URSS ni las repúblicas soviéticas participaron. Y antes, en Moscú 80, lo mismo ocurrió con los estadounidenses. España también ha boicoteado unos Juegos Olímpicos. Fueron los de 1936, celebrados en Berlín. Cuando la capital alemana fue elegida como sede, Hitler aún no estaba en el poder. España organizó unos Juegos populares paralelos que iban a empezar el 19 de julio de 1936. Pero nunca se celebraron porque un día antes el general Franco dio un golpe de Estado contra el gobierno de la República. La España franquista también boicoteó los Juegos de Melbourne, en 1956, porque se permitió participar a la URSS después de invadir Hungría. Esos dos países se enfrentaron en la semifinal de waterpolo y se produjo una auténtica batalla entre ellos. La policía tuvo que intervenir.

El portador de la llama olímpica en la inauguración de Berlín '36. ampliar foto
El portador de la llama olímpica en la inauguración de Berlín '36.

Los Juegos de Berlín fueron una brutal campaña de propaganda, aunque los nazis intentaron guardar las apariencias. Durante los días que duró la cita olímpica, las SA dieron un respiro a los judíos. De hecho, un judío formó parte del equipo olímpico alemán. Pero la farsa no se sostenía. Y buena culpa de ello la tuvo el atleta estadounidense Jesse Owens. El deportista negro venció a al alemán Lutz Long en salto de longitud. Mientras Long saludaba a Owens, Hitler abandonaba el estadio enfurecido.

La reincorporación de Berlín al olimpismo después de la I Guerra Mundial se produjo en 1928, en Ámsterdam. Alemania era la gran perdedora de la Gran Guerra y no se la permitió participar ni en Amberes (1920), ni en París (1924).

El conflicto palestino-israelí alcanzó su máximo exponente en unos Juegos en Múnich 72. El grupo terrorista palestino Septiembre Negro secuestró y asesinó a 11 deportistas israelíes después de una negociación fallida con las autoridades alemanas. También murieron cinco terroristas y un policía germano. Los terroristas exigían la liberación de más de 200 presos palestinos encerrados en Israel.

Once deportistas israelíes fueron asesinados por terroristas palestinos en Múnich '72

Los deportistas sirios ya están en Londres. Mientras que su país está ahogado por una guerra civil que ya ha dejado más de 10.000 víctimas, según la ONU, ellos competirán por una medalla bajo la bandera siria. Ninguna restricción ha sido impuesta a estos deportistas, igual que la ONU no ha logrado ponerse de acuerdo para lanzar una resolución condenatoria contra el país dirigido por Bashar al Asad. Quien no estará en Londres será el líder del Comité Olímpico Sirio, el general Mowaffak Joumaa, porque Reino Unido le ha denegado el visado. De esta forma, Londres evita un bochorno diplomático y no tratará con ningún representante del presidente alauí.

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