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Otra misión imposible del Atlético

Un gol de Forlán en la prórroga ajusticia al Liverpool y coloca al equipo de Quique Flores en su quinta final europea después de 24 años.- Torres asistió a la derrota de su equipo desde la grada

Patrón de los imposibles, el Atlético alcanzó en un partido taquicárdico que se marchó a la prórroga su quinta final europea con Forlán de milagrero. El Bota de Oro fue más matador que nunca y rescató a la escuadra del Manzanares cuando peor lo tenía. Pintaban bastos para los rojiblancos, Anfield apretaba de lo lindo y el Liverpool, tras mucho remar y sudar tinta china, tenía la eliminatoria en el bolsillo. Los goles de Aquilani y Benayoun convirtieron el encuentro en un ochomil y el Atlético lo escaló a pulmón. Después de regalar la primera parte y ponerse las pilas en la segunda, el cuadro de Quique Flores se enchufó con la entrada de Jurado. El mediapunta fue un balón de oxígeno frente a un Liverpool que boqueaba y consiguió los espacios que los artistas del Manzanares reclamaban. Por ahí llegó el premio gordo, tras una conexión letal entre Reyes y Forlán que vale la primera final continental en 24 años.

LIVERPOOL 2 - ATLÉTICO 1

Liverpool: Reina; Mascherano (Degen, m. 109), Carragher, Agger, Johnson; Aquilani (El Zhar, m. 90), Leiva; Benayoun (Pacheco, m. 114), Gerrard, Babel; y Kuyt. No utilizados: Cavallieri; Kyrgiacos, Ayala y N'Gog.

Atlético: De Gea; Valera, Perea, Domínguez, A. López; Reyes, Assunção (Jurado, m. 98), R. García, Simão; Agüero (Salvio, m. 120) y Forlán (Camacho, m. 117). No utilizados: Asenjo; Ujfalusi, Cabrera y Juanito.

Goles: 1-0. M. 44. Aquilani remata con la derecha un balón ajustado al palo. 2-0. M. 97. Benayoun, con un tiro cruzado. 2-1. M. 102. Forlán fusila un pase de Reyes.

Árbitro: Terje Hauge (Noruega). Amonestó a Gerrard, Aquilani, Assunção, Valera, Carragher, Forlán y Domínguez.

45.300 espectadores en Anfield.

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El Atlético no propuso nada hasta que se vio en la guillotina, justo al revés que el grupo de Benítez, que no tuvo respuesta porque le faltaron argumentos. La barra libre de fichajes (72) y los 280 millones de euros invertidos en el mercado -sólo el Chelsea, con 310, supera la chequera de la que ha dispuesto el club del Mersey en la Premier- no han relanzado como cabía esperar a los reds. Aunque le costó hacerlo, el Atlético dejó anoche al descubierto las carencias de un Liverpool con un diseño cuestionable, donde sólo Reina, Gerrard, Mascherano y Fernando Torres tienen categoría de futbolistas universales. Los siguientes en el escalafón serían Benayoun y Kuyt. El holandés encabezó la ofensiva roja porque medio cojo es mejor que N'Gog y su paisano Babel. El rubicundo delantero holandés las tuvo de todos los colores, pero tuvo que ser Aquilani, un fiasco toda la temporada, quien alumbrara el camino al Liverpool ajustando al palo, al borde del descanso, un centro de Benayoun al que Kuyt no había llegado.

Fue la recompensa a la salida en tromba del Liverpool. El árbitro casi no había pitado y ya había terminado su primera aproximación con tres toques. Los reds sacaron de centro, Kuyt, quién si no, peinó el balón y la defensa rojiblanca se abrió como las aguas del mar Rojo para dar paso a Benayoun. Aún escorado, el volante israelí obligó a revolverse a De Gea. La cuadrilla de Benítez lanzó un asalto en toda regla sobre la portería de The Kop, su grada fetiche, y en un minuto sacó tres córners por ninguno en los 90 minutos anteriores. Valera y Antonio López facilitaron el asedio. Quique Flores se guardó a Jurado y Salvio en la mochila y salió con el equipo previsto con la salvedad de Ujfalusi. El checo, de los más sobresalientes en los últimos partidos, contundente atrás y muy apañado en sus incorporaciones, no se recuperó de sus problemas musculares y facilitó la banda derecha a Valera. Las chirigotas del lateral hicieron que el Atlético perdiera mucho oficio y por momentos el norte.

Sometida a la leyenda de Anfield, a la escuadra del Manzanares le entró el pánico y la tiritona frente a la marabunta del Liverpool. Agüero no estaba fino y Forlán tampoco se dejaba ver. A falta de goles la orden que tenían era dificultar la salida del Liverpool. Benítez lo sabía y reforzó la última línea retrasando a Mascherano y limpiando del once a Kyrgiakos, al que ya se le vieron las costuras en el Calderón. Será el antifútbol, pero el pivote argentino cumplió de maravilla y fue un muro para los atacantes rojiblancos. Incluso se permitió el lujo de asistir a Kuyt con un pase de la muerte que se marchó alto. La defensa del Atlético era una romería y se libraba de la puntilla siempre sobre el alambre. Si no aparecía la pierna de Domínguez era el linier el que salvaba al equipo de la quema: en plena marea el asistente anuló correctamente un gol de cabeza de Agger por fuera de juego.

El balón le quemaba al Atlético, que no daba dos pases seguidos y no ganaba ningún balón dividido. Le costó 45 minutos reponerse del susto, mientras sobrevivía con algún que otro contragolpe. El primero que enlazó la desaprovechó Simão, que optó por un regate a ninguna parte cuando la ocasión reclamaba el remate. Un envío cruzado de Forlán habilitó a Agüero delante de Reina, pero el Kun se excedió con sus gambetas. El arquero dio una lección parando las arremetidas lejanas de Raúl García y siendo el primero en lanzar los ataques del Liverpool. De Gea, infalible por alto, también brilló, sobre todo en un remate de Johnson que pilló un efecto endiablado.

Poco a poco la escuadra colchonera se sobrepuso a la marejada local. El Atlético empezó en su campo y terminó en el del Liverpool, metiendo cada vez más atrás a Carragher y compañía. Un esfuerzo mayúsculo en el que le faltó el último pase hasta que Jurado entró en el tapete. La prórroga amaneció con el Liverpool hiperactivo y los rojiblancos manejando el cotarro. Se lo creyeron tanto que un despiste no les mató de milagro. La zaga reclamó un fuera de juego donde no lo había y dejó en bandeja el gol a Benayoun, que con todo el tiempo del mundo cruzó la pelota lejos de los guantes de De Gea. Todo estaba perdido pero el Atlético no se amilanó. Cuando ve las orejas al lobo saca lo mejor de sí. Era el momento que estaba esperando toda la noche. Era el momento de Forlán, que hizo otra vez grande a un equipo maravillosamente loco que nunca debió bajarse del pedestal.

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