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Crítia de cine
Crítica

‘El diablo viste de Prada 2’: a veces, la química no envejece

La crisis del periodismo y de las revistas femeninas centran el regreso al poder y la moda de Meryl Streep y Anne Hathaway

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Tráiler de 'El diablo viste de Prada 2'
Meryl Streep y Anne Hathaway, en 'El diablo viste de Prada 2'.

Salvando las distancias, The Washington Post tiene Todos los hombres del presidente; The Boston Globe, Spotlight; The New York Times, Al descubierto; y Vogue, El diablo viste de Prada. Las tres primeras ponen el foco en algunas de las investigaciones periodísticas más relevantes de la historia de Estados Unidos. La última juega en otra liga, la de la realidad paralela de las revistas de moda y los cuentos de hadas. Esa fantasía sobre trabajo, ambición y marcas anunciantes regresa veinte años después con una segunda entrega dirigida otra vez por David Frankel que no decepciona gracias a una química que tampoco envejece: la de su reparto, encabezado por Meryl Streep y Anne Hathaway. También, gracias a un guion (lo firma otra vez Aline Brosh McKenna) que recoge con acierto todo lo que ha cambiado en el sector de las revistas femeninas en estas dos últimas décadas.

Eso que ha cambiado sobrevuela la película y alcanzará uno de sus picos de audiencia en el circo de la MET Gala del próximo lunes, organizada por Vogue y con Jeff Bezos y su esposa, Lauren Sánchez, de anfitriones, mientras el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, se suma a un creciente movimiento que pide el boicot de un evento que ha caído en manos de uno de los hombres más ricos del mundo por un capricho de ella. Esa tensión entre la vulgaridad del nuevo dinero y lo que representaban las revistas de moda está latente en El diablo viste de Prada 2, que cuenta una historia en la que, gracias a la ficción, aún queda algo de esperanza.

La trama arranca veinte años después de que Andy Sachs abandonara la cabecera de Runway, trasunto de Vogue. En aquella primera película, la entonces principiante Andy, amante del periodismo serio, acabó dándole un portazo a su impertérrita y sádica jefa, Miranda Priestly —inspirada en la célebre directora de la edición estadounidense de Vogue Anna Wintour—, pese a su secreta admiración por ella y su descubrimiento de los muchos placeres de la moda.

Las vueltas de la vida (y, sobre todo, de la profesión) llevan a Andy de regreso a su antigua redacción, esta vez como flamante editora de reportajes. Y no hace falta decirlo, ya nada es igual en ese medio desde la irrupción de las redes sociales, la tiranía de las audiencias y de los anunciantes y la ostensible ignorancia y mal gusto de los nuevos dueños de todo.

La fórmula, sin embargo, es la misma: el idilio Meryl Streep-Anne Hathaway sobrevive arropado de maravilla por Stanley Tucci y Emily Blunt, que están tan bien como en la primera entrega. También un humor que coquetea con la nueva corrección política y los chistes sobre el estilo o la delgadez y las dietas (el “quesito” para no desmayarse) de la primera entrega. Pero la espina dorsal de la película sigue siendo la seducción entre Miranda y Andy, con sus pequeñas y dulcificadas dosis de rivalidad al estilo de la Madrastra y Blancanieves, o de Eva Harrington y Margo Channing en Eva al desnudo.

A estas alturas, El diablo viste de Prada ocupa un lugar honroso cuando hablamos de los lazos entre el cine y la moda, una comunión a la que le debemos incontables joyas: de Fred Astaire en Funny Face, inspirado en Richard Avedon, a las maravillas de Cecil Beaton en My Fair Lady o la complicidad de Visconti y Coco Chanel en Il lavoro. Aunque quizá sea Ninotchka, el clásico de Lubitsch y Greta Garbo, la película que mejor describe, a través de un extravagante sombrero, el poder de seducción del fetichismo made in Paris.

Cuando El diablo viste de Prada se estrenó en 2006, el libro de Lauren Weisberger sobre su exjefa Anna Wintour ya era todo un fenómeno editorial y los personajes de Miranda y Andy ocuparon rápidamente un lugar en la cultura popular. Pero si aquella primera parte se hizo casi de espaldas a un sector temeroso de ofender a Wintour, esta segunda ha contado con mucha más complicidad por parte de las marcas, algo que hacía prever que las endorfinas de la moda acabasen devorando la película, como ha ocurrido con la lamentable segunda parte de Sexo en Nueva York, And Just Like That, donde el pomposo desfile de modelitos resulta grotesco.

Por suerte, Meryl Streep no está para tanta tontería y su trabajo no consiste solo en pavonearse con modelazos, humaniza una vez más a Anna Wintour, que vuelve a salir ganando con esta segunda entrega, un regreso cuyo happy end es una de esas licencias en la que nos gustaría creer para no perder la fe ni en las revistas ni en la moda.

El diablo viste de Prada 2

Dirección: David Frankel.

Intérpretes: Meryl Streep, Anne Hathaway, Stanley Tucci, Emily Blunt.

Género: comedia. Estados Unidos, 2026.

Duración: 119 minutos.

Estreno: 30 de abril.

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