Muere a los 83 años António Lobo Antunes, el coloso de las letras portuguesas que mejor indagó en los traumas de la historia
Eterno candidato al Nobel de Literatura, el autor deja un legado de más de cuarenta libros donde diseccionó las contradicciones del Portugal posterior a la Revolución de los Claveles

Todo en la biografía de António Lobo Antunes fue mayúsculo, ciclópeo, colosal. También lo es su muerte. El hueco que deja uno de los más grandes escritores de la literatura contemporánea en portugués es uno de esos agujeros negros del espacio que ya había comenzado a dibujarse cuando su enfermedad le fue retirando de la escritura y de la memoria. Su fallecimiento, ocurrido este jueves en Lisboa, fue confirmado por la editorial Dom Quixote. Deja un legado de más de cuarenta libros, que se sucedieron casi de forma compulsiva mientras su autor fue dueño de las palabras. Lobo Antunes tenía 83 años y llevaba varios retirado en su domicilio tras el avance de una de esas dolencias que arrebatan los recuerdos.
Su última novela publicada en portugués fue, en 2022, O Tamanho do Mundo. En España, traducido por António Sáez Delgado, Random House Literatura editó el año pasado La última puerta antes de la noche, una suerte de thriller engañoso, iniciado a partir de un crimen real y convertido en otra de esas piezas de orfebrería psicológica y literaria. Lobo Antunes, psiquiatra de profesión, tenía una combinación perfecta para adentrarse en los tormentos humanos: la experiencia de la clínica y el don de las palabras. Y ha muerto sin recibir el Nobel de Literatura en cuyas quinielas figuró una y otra vez. El olvido de Lobo Antunes es otro de esos pecados capitales de la Academia sueca, que en una historia de más de un siglo ha ignorado la riqueza y heterogeneidad de la literatura en portugués, con un único galardón a sus autores, concedido en 1998 a José Saramago. Desde ahora, el autor de Tratado de las pasiones del alma está en el panteón de los injustamente olvidados como los brasileños Jorge Amado y Clarice Lispector o la portuguesa Agustina Bessa-Luís, entre otros.
La rivalidad entre Lobo Antunes y Saramago, los autores portugueses más celebrados a nivel internacional de entre los representantes de la literatura posterior a la Revolución de los Claveles, se convirtió en los cenáculos lisboetas en una suerte de duelo similar al que viven los aficionados del Benfica y del Sporting, como si la admiración hacia uno de ellos impidiese la del otro. Una de esas polarizaciones forzadas anterior a la era de la polarización universal.
Desde que publicó su primer libro, Memoria de elefante, en 1979, António Lobo Antunes escribía cada obra como si fuese la última. Quizás porque encontró en la literatura la tabla salvadora para refugiarse de los dos caos que enfrentó: el interno y el externo. Su biografía es propia de un superviviente: resistió a dos años en Angola donde morían y mataban soldados forzados a despedirse de la adolescencia y superó tres cánceres, incluidos dos de pulmón que no le hicieron dejar de fumar. Como psiquiatra viajó por los traumas ajenos y, ya cerca de los ochenta años, dejó claro a quien quisiera escuchar lo que merecía la pena: “Amor y amistad es lo único bueno en la vida. El resto es una mierda”.
António Lobo Antunes nació en Lisboa en 1942 en una casa burguesa marcada por la figura del padre, un médico con carácter tiránico y conciencia social. La relación entre el escritor y aquella figura que “nació con la razón”, según uno de sus hijos, fue tempestuosa. Una de las muchas relaciones tormentosas que tendría el autor a lo largo de su vida. Pero el hecho biográfico que tal vez más determinaría su personalidad y su literatura fue su paso por la guerra colonial como alférez del ejército portugués en Angola entre 1971 y 1973, los años finales de la larga dictadura que sufrió el país. “Allí aprendí que yo no era el centro del mundo y que existían los otros”, le confesaría a la periodista española María Luisa Blanco. El alférez Lobo Antunes fue uno de los miles de portugueses forzados a pelear en África contra los vientos de la historia y aquel empeño de la dictadura portuguesa de trabar las independencias de sus antiguas colonias africanas.
Aquellos días de dolor y camaradería pueden rastrearse tanto en la novela Os Cus de Judas, publicada poco después del triunfo de la revolución, como en Cartas de la guerra, una antología con las misivas que envió desde Angola a su primera esposa y que fueron recopiladas y publicadas por sus hijas en 2005. Escribía desde niño, pero solo comenzó a publicar tras la caída de la dictadura, después del golpe de estado de los capitanes de abril. Uno de los líderes del movimiento rebelde, Ernesto Melo Antunes, había sido subordinado y amigo de lecturas de Lobo Antunes en Angola.
En sus cuatro decenas de libros de novelas y crónicas, dibujó como nadie el Portugal contemporáneo con todas las contradicciones y traumas que la dictadura y la guerra colonial habían dejado en su generación. No hay mejor tratado para entender las heridas causadas por 13 años de conflictos armados en Mozambique, Guinea-Bissau y Angola que la novela Fado alejandrino, publicada en Portugal en 1983 y una década después en España. El libro fue una respuesta al desafío del padre, que le había dicho que solo sería un escritor cuando publicase un libro a lo Balzac. El resultado fue una obra de 700 páginas escrita con una prosa descarnada y protagonizada por cuatro antiguos combatientes de la guerra en Mozambique, que se reencuentran en un burdel 10 años después de retornar a Portugal. En sus páginas están la misoginia, la fraternidad y el clasismo de la sociedad poscolonial.
Su obra fue distinguida con numerosos premios y honores como ingresar en la Biblioteca de la Pléyade, además de ser traducido a numerosas lenguas y ser elogiado por colegas como George Steiner o J. M. Coetzee. Solo le faltó la llamada de Estocolmo, pero hacía tiempo que a Lobo Antunes le dejó de importar. En una entrevista en 2018 confesaba que ya había superado la fase de la furia, aunque seguía hablando con desdén de José Saramago, al que atacaba tanto en lo literario como en lo político. Afirmaba que su compromiso político contra la dictadura se había desarrollado sin correr riesgos extremo. Por lo demás, zanjó: “Que se joda el Nobel”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.





























































