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Rulo: “Hago el disco que me sale del corazón”

El cantante presenta su último trabajo, ‘5’, a un grupo de suscriptores de EL PAÍS

La numerología busca el simbolismo de los números. Para Rulo (Raúl Gutiérrez, Reinosa, 44 años), líder de Rulo y la Contrabanda, el número cinco significa su grupo, su familia y ahora su quinto disco, 5, que presentó hace unos días a un grupo de suscriptores de EL PAÍS en los Teatros Luchana de Madrid. El evento, moderado por la periodista Laura Piñero, forma parte del programa de actividades exclusivas EL PAÍS+.

El artista abrió el encuentro interpretando en acústico Confeti, una canción dedicada a su hijo Oliver, de 7 años. Al compositor le gusta que el público lleve las canciones a su terreno para darles una nueva interpretación. En este caso, él mismo admitió que no se dio cuenta de a quién se la había escrito hasta que ya la tenía terminada.

Rulo se confesó una persona “muy del norte”. De un padre amante de las guitarras y de una madre que trabajaba en el mundo de la radio, heredó pronto la vocación de músico. En un concierto de Los Suaves descubrió lo que quería ser. Como en su familia no se hablaba de sentimientos, usaba las canciones para hablar de ellos.

Tras 13 años con La Fuga, banda con la que alcanzó un gran éxito, en 2009 abandonó el grupo para emprender su propia carrera. Cuatro discos después, 5 es un álbum con contrastes en el que, además de en la composición, ha participado en la producción de algunas canciones, como Cuestión de fe, junto al productor Paco Salazar.

Lo que pretende en cada trabajo es “sonar siempre a Rulo, pero distinto”. No se enreda en cuestiones técnicas, sino en lo emocional, en entregar el alma. Distingue dos tipos de estilos en sus composiciones: las canciones “caricia” y las canciones “arañazo”. En algunos temas ambos estilos se mezclan, como en Persiguiendo sombras, A lo bonzo o De parranda. Esta última, Rulo la define como “un llanto bonito”. Una canción dedicada a un amigo que falleció, pero que provoca sonrisa y homenajea todo lo que vivió con él para quedarse con lo mejor.

Las caricias y los arañazos cohabitan y se complementan, al igual que las dos versiones de Rulo, la del cantante de rock y la del cantautor. Al preguntarle cuál prefiere de sí mismo, el artista se queda con ambas: “Las dos se van de copas, a veces se llevan bien y otras se pelean”. Y ambas han dado como resultado un disco del que Rulo está “muy orgulloso” porque siente que ha sido él mismo: “Hago el disco que me sale de la entrepierna”. Recula y cambia la “entrepierna” por “corazón”, porque queda “más romántico”.

Defiende que su oficio es “el más bonito del mundo”, aunque es consciente que implica muchas renuncias y que se ha perdido momentos irrecuperables con seres queridos, sobre todo durante su etapa en La Fuga, a la que dedica Dentro de una canción. Dentro de ella, Rulo rememora desde sus inicios hasta el agrio final. Aunque recuerda la ruptura “peor que una sentimental” y considera que ese año fue el peor de su vida, al final prevalece lo positivo. “Tuve una banda, tuve un sueño, tuve un amor”, raza la canción.

Los asistentes al encuentro preguntaron al cantante sobre sus fuentes de inspiración y el ritual que hace antes de los conciertos: “Brindar mientras decimos que nunca es una noche más”. Muchos de ellos tienen ya sus entradas para la gira y alguno aprovechó para darle un regalo. El artista se despidió interpretando Tu mejor versión y la que considera que es su canción predilecta, Heridas del rock&roll.

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