Teresa Solar, el nombre propio y español de la Bienal de Venecia

La ascendente artista madrileña, de 36 años, será junto a June Crespo la única creadora contemporánea española presente en la exposición principal de la próxima Bienal de Venecia

La artista Teresa Solar, en su estudio del distrito de Usera (Madrid).
La artista Teresa Solar, en su estudio del distrito de Usera (Madrid).KIKE PARA

Teresa Solar (Madrid, 36 años) y June Crespo (Pamplona, 40 años) serán las únicas artistas contemporáneas españolas que participarán en la exposición central de la 59ª Bienal de Venecia, según ha confirmado la organización del encuentro artístico más prestigioso del mundo, que se desarrollará, tras dos años de pausa provocados por la covid-19, del 23 de abril al 27 de noviembre. El resto de los nombres españoles seleccionados son de creadoras fallecidas, todas ellas mujeres: las pintoras surrealistas Maruja Mallo (1902-1995) y Remedios Varo (1908-1963) y la médium y dibujante Josefa Tolrá (1880-1959), además de la británica nacida en Las Palmas de Gran Canaria Georgiana Houghton (1814-1884).

Fue en marzo de 2020, durante los primeros días del confinamiento, cuando la comisaria italiana Cecilia Alemani, directora artística de esta edición de la Bienal, contactó con Solar. “Entonces no me dijo cómo había llegado hasta mí, ni lo hemos hablado después, pero empezamos a mantener reuniones por videollamada, sin plantearnos ningún compromiso”, recuerda la artista desde su estudio en el barrio madrileño de Usera. Hasta que en septiembre del año pasado obtuvo una invitación formal. “La recibí con mucha alegría porque me llegaba cuando tenía que hacerlo en mi carrera, ni demasiado pronto ni demasiado tarde”, expresa.

Pocos días antes del anuncio oficial de la Bienal, Solar y sus colaboradores trabajaban en una de las piezas que presentará en Venecia. Será una serie de esculturas, pero no está autorizada a mostrar públicamente el trabajo en curso. Ni siquiera a describirlo, en beneficio del factor sorpresa. Lo que sí puede avanzar es que está muy satisfecha con él: “Fue una propuesta mía que Cecilia aceptó. Yo estaba convencida de lo que quería llevar, porque me parece un buen trabajo y porque sintetiza varios de los deseos, intereses y líneas de mi última obra. Eso me da cierta tranquilidad”.

Con su selección se recobra la presencia española en la muestra central, que faltó en la edición en 2019 (la pandemia impuso un año de retardo en el ritmo habitual de las bienales artísticas), mientras que el pabellón español, que exhibía el trabajo de los artistas Itziar Okariz y Sergio Prego, acometió un proyecto distinto al previsto inicialmente debido a impedimentos de orden arquitectónico. Pese a las críticas que esto suscitó en su momento, Teresa Solar encuentra que el resultado fue excelente: “Admiro mucho a Okariz y Prego”. También se siente cercana a los nombres nacionales que han estado en su lugar en ediciones recientes, Bestué & Vives, Sara Ramo y Jorge Otero-Pailos (2009), Asier Mendizabal (2011), Paloma Polo (2013), Dora García (2015) o Teresa Lanceta y el colectivo de Miralda, Rabascall y Xifra, junto a la francesa Dorothée Selz (2017). Sobre el hecho de que este año no haya otros artistas españoles acompañando a Solar y Crespo, aparte de Ignasi Aballí en el pabellón de España comisariado por Bea Espejo (colaboradora de EL PAÍS), afirma: “Solo puedo decir que deberíamos ser más. Porque el trabajo que se hace es muy bueno, y lo que necesitamos son más y mejores estructuras de visibilidad”.

'Cabalga, cabalga, cabalga',  de Teresa Solar, en Matadero Madrid en 2018.
'Cabalga, cabalga, cabalga', de Teresa Solar, en Matadero Madrid en 2018.Paco Gómez/Matadero Madrid
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Teresa Solar estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid. El primer trabajo con el que obtuvo un reconocimiento amplio fue Todas las cosas que no están (2014), vídeo planteado como una road movie por EE UU en cuya concepción y realización invirtió tres años. Un formato muy distinto de su trabajo posterior, centrado sobre todo en la escultura, aunque ella advierte un germen común. “Me parece que en realidad siempre he hablado de las mismas cosas. Desde aquella pieza ha habido un interés por el límite, por la frontera y los espacios vacíos. Así ocurre también con los decorados que se reactivan como ficción, pero que en realidad son vacantes”, señala.

Con esto alude a Cabalga, cabalga, cabalga, instalación escultórica que en 2018 puso en pie en Matadero Madrid, una escenografía multicolor en la que convivían caballos de feria, formas arquitectónicas y deidades egipcias. “Fue muy criticada, tanto públicamente como en privado. Lo que no es muy habitual, porque la gente suele cortarse bastante a la hora de decirnos a los artistas que algo que hemos hecho no les ha gustado. Ese trabajo desató muchas pasiones a favor y en contra, y para mí fue importante porque me despreocupé de la posibilidad de ser chillona o kitsch, un peligro del que era consciente al abordar lenguajes figurativos”. No sucedió lo mismo en sus siguientes esculturas y dibujos que, sin abandonar del todo la figuración, ha combinado con un lenguaje más abstracto con referencias biomorfas, de lo que son representativas sus últimas exposiciones en las galerías Travesía Cuatro (Madrid) y Joan Prats (Barcelona). Por similares caminos, pero en una escala muy distinta, transitó su obra monumental para la Bienal de arte de Liverpool de 2021, un grupo de esculturas de formas híbridas instaladas en el espacio público que trazaban paralelismos entre los huesos del esqueleto humano y las embarcaciones que permiten el viaje de los cuerpos, las mercancías y el conocimiento.

Criaturas mutantes

Las ideas de la hibridación, la transición y la metamorfosis son una constante de su producción que, de nuevo, estará en el proyecto para una Bienal que llevará el título de The Milk of Dreams (La leche de los sueños), como un libro escrito e ilustrado en los años cincuenta por la artista surrealista británico-mexicana Leonora Carrington, plagado de criaturas mutantes en un ambiente onírico. “Cuando leí ese texto yo misma sentí que participaba de esa línea”, afirma Solar. “Esta edición de la Bienal, como Carrington, será muy surrealista, y de un tiempo a esta parte mis mundos también tienden a eso”. Ella misma alberga una mezcla en su herencia cultural, al ser hija de español y egipcia. “Tener dos culturas siempre implica choques por la dificultad para articular distintos lenguajes. Por eso creo que el maravilloso legado de mi madre aparece de alguna forma en mi trabajo”, afirma.

Otras de sus experiencias internacionales incluyen la presencia en el Köln Skulptur Park #9 (2017-2019) y la VII Bienal Internacional de Arte Joven de Moscú (2020), y en exposiciones en la Haus der Kunst de Múnich, el Kunstverein Munich o el museo Maxxi de Roma. Recientemente fue finalista del Future Generation Prize 2021-2022, que otorga la Pinchuk Foundation de Kiev. Solar percibe que su carrera ha evolucionado manifiestamente en estos años, pasando de lo autorreferencial de sus primeros trabajos a lo más general y abstracto de sus esculturas recientes. “Pero sobre todo he conseguido liberarme de la necesidad que muchas veces tenemos los artistas de demostrar lo listos que somos, como si como creadores tuviéramos una inteligencia intrínseca. Con la escultura me siento muy desvergonzada, cuando en mi vida soy una persona bastante vergonzosa. Quizá por eso he tendido a estos lugares, porque me dan mucho placer”.

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