Shuarma: “Sufrimiento también es estar vivo”

El músico de la banda Elefantes está de gira con su último disco y va a publicar un libro de poesía

El músico Shuarma, en Madrid el 22 de octubre.
El músico Shuarma, en Madrid el 22 de octubre.Olmo Calvo

Unas muchachas jalean a Shuarma desde un coche en la Gran Vía madrileña. Parece un ejecutivo moderno, pero es un músico famoso (hace casi 30 años formó Elefantes, ahora saca disco y está de gira). Y es también un poeta que se acerca a los 50 y se interroga, al igual que hace en las canciones, sobre las certezas que ha ido perdiendo. Nació en Barcelona y está lleno de preguntas.

Pregunta. ¿Qué preguntas le han sido cambiadas a lo largo del tiempo?

Respuesta. Todas, al final. Hace muy poco [el día 13] he cumplido 49 años y miro atrás. Todo se transforma. Intento practicar la flexibilidad mental para poder adaptarme y disfrutar de ir cumpliendo años.

P. ¿Qué certeza perdida le ha supuesto más dolor?

R. La misma que me produce felicidad: que todo va a terminar. Hay cosas que se sufren muchísimo. Pero el sufrimiento también es estar vivo, entregarme completamente a todo lo que me va sucediendo.

P. Una certeza que cambió fue su nombre propio.

R. Desde pequeñito dibujaba; mi abuelo era pintor. Me parecía algo mágico; era jugar. Mi nombre, Juan Manuel Álvarez, no me parecía muy artístico. Veía a Mattise, por ejemplo; me sonaba un nombre increíble. O Picasso. Qué maravilla. Me inventé un nombre, Shuarma. Mis padres me llaman Shuarma. Se fue quedando ese mundo de ensoñación, de bohemia, y ha ido poblando mi realidad. A ese mundo me entrego con lo que tengo.

P. ¿Qué tiene?

R. Muchas ganas. Ganas de sentirme querido. Inseguridades, miedos, la necesidad de crear un mundo propio. El miedo es un motor.

P. ¿Y cuándo ha tenido miedo de verdad?

R. Desde que descubrí que las personas nos moríamos. La muerte de mis padres me da miedo. Tengo dos hijos y tengo miedo de lo que les pueda pasar. A lo que no le tengo miedo es a tener miedo. El escenario me da miedo, pero eso te mantiene despierto. Miedo tengo a mis propios límites artísticamente hablando. Valoro la opinión del público, pero es muy importante tener tu criterio también. Como decía Camarón: “Yo escucho todo, pero luego hago lo que me da la gana”. Que la opinión ajena no me convierta en un esclavo.

P. ¿Este mundo en el que vive es de afecto o se acaba de noche?

R. Creo que no es de afecto. La seguridad me la da otra cosa. Es algo que uno debe amasar internamente. No entro ni salgo tanto de ese mundo. La creatividad es una forma de vida o lo entiendo así. Voy a publicar un libro de poesía, Etcétera. Me hace ilusión contribuir a la poesía. Intangible, sutil, nos mantiene vivos. Mi gran poeta es Lorca. Nicanor Parra. Trabajo con Benjamín Prado y siempre me gusta nombrarlo.

P. ¿Un verso que lo saque de la incertidumbre?

R. De Cicerón: “Qué felices serían los campesinos si supieran que son felices”. Muchas veces no nos damos cuenta de las cosas que tenemos alrededor.

P. Hace una gira. ¿Qué significa ese viaje con otros?

R. Me fascina poder compartir nuestra música con otra gente. Me encanta sentirme un trovador. ¿Bajar del escenario? Siempre hay una emoción, la crítica sobre lo que pasó allá arriba. Llevamos una temporada muy larga con la gira de Esto es lo que somos [12 de noviembre en Huesca, 27 en Alicante, 29 en Madrid, 2 de diciembre en Valencia]. Tras 27 años de carrera es lo más importante al final… Igual llevamos ya 13 o 14 discos y siempre pienso: “Un día no podré escribir más”. Y de pronto me emociono y, ostras, sale otra canción.

P. Shuarma significa en la India refugio, seguridad... Parece un nombre y a la vez un protector humano.

R. Cuando lo adopté no sabía qué significaba… Mi banda se llama Elefantes, no porque el elefante sea sagrado en la India, sino porque nos gustó. Las cosas encuentran su forma de entrar. No sé si me siento identificado con la palabra “refugio”, pero ahí está, en el significado de Shuarma.

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