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Del tirador a la ciudad
Coordinado por Anatxu Zabalbeascoa
Del tirador a la ciudad
Columna
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Morir bajo la riqueza

En su último libro traducido al castellano, ‘La sabiduría del jardinero’, Gilles Clément extiende su cruzada por dejar en paz a los jardines para dejarnos en paz a nosotros mismos

Gilles Clément, retratado en su vivienda de París.
Gilles Clément, retratado en su vivienda de París.Julie Glassberg

Uno de los grandes maestros de Gilles Clément fue Jean-Baptiste Lamark, que adelantó a Darwin en la idea de la evolución con el transformismo que constató observando la vida de los árboles y las plantas. Ya en 1820 escribió que “el ser humano parece empeñado en la destrucción de sus medios de conservación e incluso de su propia especie. Es como si estuviera destinado a exterminarse después de hacer inhabitable el globo”. El paisajista, jardinero, profesor y ensayista Gilles Clément recuerda ese aviso y resume así el proyecto humano (consciente o inconscientemente): morir bajo las riquezas.

La manera de Clément de relacionarse con la naturaleza busca escapar a esa deriva. En La sabiduría del jardinero (Gustavo Gili), anota claves para cambiar lo que ya no es suficiente hacer en un jardín.

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El jardín en movimiento

No existe mejor forma para definir el jardín que indagar en su origen: recinto destinado a proteger lo mejor. Lo mejor de las frutas y las hortalizas, la flora nutritiva y la diversidad, lo mejor de los árboles y las flores es el arte de colocarlos. Precisamente esa colocación ha adquirido importancia con el paso del tiempo hasta convertirse en un arte. El arte de los jardines ha manifestado su excelencia tradicionalmente a través de la arquitectura, la planificación, el paisajismo y el ornamento. Pero para Clément, estos criterios ya no bastan. He aquí algunas de las propuestas que incluye su nuevo libro para retomar el cuidado y el diseño del jardín y, con ello, el cuidado de nuestra vida y de la de quienes llegarán después.

Vista del jardín ideado por Clément para el Museo Quai de Brainly en París.
Vista del jardín ideado por Clément para el Museo Quai de Brainly en París.A.Z.

—En adelante hay que ocuparse de lo vivo. Considerarlo, conocerlo. Hacerse su amigo. Por eso mirar podría ser perfectamente la forma más justa de hacer jardinería en el futuro.

—La vida que se desarrolla en los jardines, al estar amenazada, se convierte en el argumento principal de las disposiciones cuya carga borra sin prohibir las prioridades de antaño: manipular la perspectiva, disponer los paisajes como cuadros, componer los macizos, organizar fiestas y pasatiempos.

—En un jardín, en ningún momento es posible describir una situación como algo estable o definitivo. Las enseñanzas borran las certezas y cuando la arquitectura se expresa físicamente como algo fijo resulta un estorbo para el jardín. En cambio, cuando la arquitectura representa una idea hace del jardín un lugar sublime.

—En un jardín corriente, digamos hortícola, la suma de los estorbos no alcanza la décima parte del territorio. Los estorbos de la vegetación son una cabaña de aperos, las herramientas, emparrados, bordillos, enrejados, un invernadero o un semillero en el jardín.

—El porvenir de la humanidad está directamente validado por nuestra manera de vivir. Se puede trabajar en el jardín respetando las tradiciones. También de manera distinta.

—Es importante descubrir la naturaleza antes de esclavizarla.

—Así las cosas: ¿cómo encontrar una solución para hacer compatibles el hecho biológico y la escenografía? A un animal no se le ocurriría agotar para siempre el alimento que necesita todos los días. Su vida depende de él. “Cada edificio lleva consigo su propia ruina, incluso cada persona; nunca la naturaleza”.

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