GENTE CON LUZ

Marwan: “Soy un pornógrafo emocional”

El escritor y cantautor, que logró audiencias masivas en las redes sociales antes de fichar por Planeta y Sony, publica ‘Una mujer en la garganta’, un poemario en el que se muestra en cueros vivos

Marwan, poeta y cantautor. Foto: B. P. / VÍDEO: PAULA CASADO

Pocos poetas, ni vivos ni muertos, venden 200.000 ejemplares de sus poemarios. Marwan Abu-Thaun Recio es uno de ellos. Un superventas en tiempos de tiradas cortas. Y como tal lo tratan en su editorial, que ha puesto a su disposición una suite de lujo en un hotel con espectaculares vistas a la Gran Vía para que vayan pasando los señores y señoras periodistas a entrevistarlo con motivo del lanzamiento de su último libro. El agasajado, por su parte, agasaja a la visita como disculpándose por tanto lujo con esa especie de extrañeza de clase que comparten quienes saben lo que debe de costar la broma. Puede que Marwan haya salido del humilde barrio de Aluche, en Madrid, donde creció con su padre refugiado palestino y su madre soriana, pero apuesto a que Aluche no ha salido de Marwan.

¿Poeta, cantante, artista? ¿Cómo le gusta que lo llamen?

Si tuviera que decir lo que soy diría que soy músico, comunicador y emocionador. Lo de poeta... no tengo un gran dominio de la técnica ni del vocabulario ni de los recursos estilísticos. Lo que sí creo es que hago una poesía muy cercana, con capacidad de emocionar. La potencia emocional de mis poemas es lo que creo que me hace destacar.

¿Tiene un ‘potenciómetro’ encima?

No, pero soy así de intenso. Me sale de natural. Siempre he sido muy emocional. Vivía las emociones con virulencia.

Soy un poquito drama queen, sí. ¿Sabes qué pasa? Soy una persona feliz, pero a veces me torturo y me maltrato por incapacidad de gestionar mis emociones

¿Virulencia de virus?

Sí, de vivirlas con mucha fiebre y mucha angustia. Se me llevaban por delante. Alguna vez me han noqueado. Por suerte, aparecieron las canciones y los poemas para mitigarlas un poquito.

Ya estamos con el mito del poeta maldito y torturado.

Soy un poquito drama queen, sí. ¿Sabes qué pasa? Soy una persona feliz, pero a veces me torturo y me maltrato por incapacidad de gestionar mis emociones. Con la edad y las terapias te tratas mucho mejor, porque conoces tus resortes, pero eso también me sirve para escribir. Las canciones y los poemas no dejan de ser una petición de explicaciones. Cuando estás bien, vives. Cuando estás triste, te peleas con la vida, y de ese cogerla de las solapas y de hacerte preguntas nace la poesía.

¿No le da pudor quedarse en cueros vivos en sus poemas?

Poco, soy un pornógrafo emocional y creo que es necesario para el arte. Muestro muchísimo mis emociones, incluso cosas que pueden resultar vergonzantes para otras personas yo las enseño.

¿Por ejemplo?

Decir en un poema que he sufrido gatillazos.

Uf, eso para algunos señores es peor que confesar un asesinato.

Pues yo lo he escrito, y no pasa nada. Incluso una vez, en un directo, mi hermano y yo lo recitamos juntos muertos de risa y le echamos una bronquita a los tíos del público: no pasa nada por confesar algo que nos pasa a todos.

Eso está en las antípodas de ciertos colegas suyos escritores.

Pues sí, la verdad. Y seguro que yo también tengo una parte arrogante. Seguro, no: sé que la tengo, y seguro que hay cosas en las que la gente me ve prepotente o soberbio, pero no soy un escritor cipotudo, eso te lo garantizo.

¿Pero reconoce la ‘cipotudez’ en otros cuando la lee?

Perfectamente, y te diré que en ciertas columnas de ciertos periódicos hay demasiada.

Alguna vez me he visto flipándome mucho a mí mismo.

No me diga. ¿Y en la música?

Pues, fíjate, no tanta. Pero, sí, el éxito multiplica la arrogancia de base. Nadie nace siendo famoso, saber sobrellevarlo es difícil y a veces uno se reconoce tanto en su éxito que lo convierte en su propia identidad. Eso hace que el ego se dispare y salte el cipotudismo.

¿Se ha visto en esa tesitura?

Sí, alguna vez me he visto flipándome mucho a mí mismo.

¿Y qué ha hecho al respecto?

Pararme. A veces ves el poder que tienes en escena, esa capacidad de meterte en el bolsillo a la gente, y te dices tengo que cuidarme de esto porque si te lo crees se te va la olla seguro.

¿Ha llegado a írsele?

No, pero la edad también ayuda. Si en lugar de ahora, hubiera vendido 200.000 libros y discos con 20 años me hubieran tenido que bajar con cazamariposas.

Soy bueno en mis cosas y un aprendiz en otras. Pero creo que cumplo mi papel perfectamente

Le veo fenomenal de autoestima.

¿Sí? Será la edad, pero no te creas. Dejémoslo en notable, no me quejo. Ojalá tuviera un tapón para ponerle al agujero por donde se me va la confianza. Soy bueno en mis cosas y un aprendiz en otras. Pero creo que cumplo mi papel perfectamente.

¿Vive de escribir?

Sí, y desde hace mucho. Podría vivir tanto de la música como de la poesía, y de las dos cosas juntas. Tengo mucha suerte. Pero también hay detrás mucho trabajo. He tirado muchas paredes a fuerza de empujarlas antes de que me fuera bien en esto.

¿Qué les da a lectores adolescentes un señor de 42 años?

La sencillez y la cercanía a la hora de abordar emociones complejas. Tengo obsesión por la claridad, porque me gusta que me entiendan, me gusta el contacto íntimo, y creo que si retuerzo las cosas me va a entender mucha menos gente. Puedo hablar sobre el perdón, sobre el rencor, sobre las relaciones tormentosas de un modo muy sencillo porque he hecho mucha terapia y porque las he vivido, las he sufrido y a veces, también, he hecho sufrir a otros.

¿La cursilería es una de sus líneas rojas?

Bueno, seguro que he hecho poemas y canciones cursis, y tampoco pasa nada, creo que forma parte de la carrera de todo poeta caer ahí en algún momento.

Habla de “amor de consumo”, como si Tinder fuera un Glovo de personas. ¿Sabe de lo que habla?

Describo la realidad, no hago juicios morales. Pero también creo que hoy hay demasiadas relaciones de quita y pon, demasiado consumismo emocional y demasiada instrumentalización del otro para nuestro propio placer. Creo que abusamos un poco de usar a las personas

Creo que hoy hay demasiadas relaciones de quita y pon, demasiado consumismo emocional y demasiada instrumentalización del otro para nuestro propio placer

¿Usted se ha sentido usado?

Sí, y seguro que algunas personas se han sentido usadas por mí.

¿Y cuándo se cayó del caballo?

Cuando te das cuenta de que tu ego está al mando y que, a veces, por querer saciar tus urgencias, puedes ser poco empático con los demás.

¿Eso es más de hombres o de mujeres? ¿Ve sesgo de género?

Creo que los hombres estamos desorientados y las mujeres también, que aún somos siervos de una sociedad y de una educación patriarcal y que, también, estamos usando el término “deconstrucción” por encima de nuestras posibilidades. Esto va a ser un proceso de varias generaciones, pero es bueno que haya empezado.

¿Por qué cuesta tanto decir ‘te quiero’?

A mí no me cuesta nada. En casa, con mis padres, nos lo decíamos constantemente, pero entiendo que hay quien piensa que eso le puede hacer parecer vulnerable, y eso no vende mucho hoy.

Ha dicho que no tiene pudor, pero ¿qué le da vergüenza?

Cómo se trata a los inmigrantes en este país, cómo se les criminaliza, cómo permitimos que continúe la desigualdad y que en la agenda de los políticos no estén los verdaderos problemas. Eso me revuelve porque lo he vivido en casa y no se olvida. Mi padre es mi héroe.


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