Raperos

La vida del fugado Valtònyc en Bélgica

Amigo de Pablo Hasél, el rapero mallorquín huyó a la capital administrativa de Europa en 2018 tras ser condenado por las letras de sus canciones

Pablo Hasél (con micrófono) y Valtònyc actuando juntos en la sala Barlok, en Bruselas, en abril de 2019.
Pablo Hasél (con micrófono) y Valtònyc actuando juntos en la sala Barlok, en Bruselas, en abril de 2019.© Delmi Alvarez / @Delmi Alvarez

La vida de Josep Miquel Arenas (Sa Pobla, Mallorca, 27 años), alias Valtònyc, discurre de algún modo en paralelo a la de Pablo Hasél. Son amigos desde hace 11 años, ambos cantantes de rap, los dos condenados por sus letras. Si uno entonaba: “Pena de muerte ya a las infantas patéticas”, el otro replicaba: “Ocuparemos Marivent con un kalashnikov”. Pero mientras Arenas se encuentra desde 2018 huido en Bélgica, Hasél acaba de ingresar en prisión. En torno a las seis de la madrugada de este miércoles, a punto de ser detenido, Hasél le escribía desde la Universidad de Lleida a Valtònyc:

- Ey, Josep. Se me ha jodido el móvil. Ya están viniendo. Estoy esperando. Todo esto estaba pensado, pero no podía contártelo. Pero bueno, ha tenido mucho bombo.

El amigo respondió desde Bélgica:

- Todo el mundo te manda fuerza. Espero que puedas ver un buen pitote montado antes de ir para adentro.

Hasél no llegaría a leer el mensaje, que Arenas compartió con EL PAÍS por Skype el día de la detención de su amigo. “Hay una simbiosis, una retroalimentación entre nosotros”, dijo. “Estaba planeado. Siempre hemos compartido la estrategia de que él iría a la cárcel y yo a Europa para que alguien pudiera contar que hay un rapero en prisión por haber hecho canciones. Dos raperos en la cárcel no tiene sentido. Ver un dispositivo de unos 40 policías llevarse a un cantante da vergüenza, pero ver cómo se llevan a un amigo a la cárcel... Me afecta”.

Arenas fue condenado por la Audiencia Nacional en febrero de 2017 a tres años y medio de cárcel por enaltecimiento del terrorismo, injurias a la corona y amenazas incluidas en las rimas de temas compuestos en 2012 y 2013, cuando era un técnico informático que trabajaba en una frutería en Mallorca y a la vez un mc (vocalista de rap) conocido como Valtònyc: un “rapero payés con principios estalinistas”, se definió en alguna ocasión. En mayo de 2018, cuando la Audiencia Nacional reclamó su ingreso en prisión, se esfumó de España escondido en el maletero de un coche y apareció en Bélgica, que ya entonces albergaba al expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y otros huidos del procés. En Bélgica sigue, pendiente de que la Corte Constitucional del país determine si una ley del siglo XIX sobre injurias a la corona belga podría servir para activar la euroorden cursada por España contra él. En primera instancia, el tribunal de Gante encargado de revisar su caso consideró que sus creaciones quedaban amparadas por la libertad de expresión y rechazó su extradición.

En enero, Valtònyc sacó nuevo disco, titulado EPD, acrónimo de “en paz descanse”, que coincidió con el fallecimiento de su madre. También trabaja desde diciembre de 2018 en la autodenominada Casa de la República, en Waterloo, residencia de Puigdemont y cuartel general de los políticos independentistas, según recoge La lucha en el exilio, autobiografía del expresidente catalán.

Se ha convertido en parte de la familia de Waterloo. Durante uno de los mitines de de la reciente campaña electoral, a los que se conectaba Puigdemont desde la distancia, la candidata de Junts per Catalunya, Laura Borràs, le mandaba recuerdos por videoconferencia: ”Saludos a Valtònyc, que lo he visto por ahí”. Esa identificación con el independentismo acentúa la idea de que, salvando las distancias, los caminos de Valtònyc y Hasél recuerdan a los de Puigdemont y Oriol Junqueras, que sí fue juzgado y encarcelado. Arenas cree que su amigo “lo tiene muy difícil” en su travesía penitenciaria, a menos que lo indulten.

En abril de 2019, Hasél lo visitó en Bruselas y actuaron juntos en la sala de conciertos Barlok, un viejo hangar lleno de grafitis con el regusto de lo alternativo junto a uno de los canales de la ciudad. Valtònyc actuó vestido con la camiseta de un equipo de fútbol, en la que el patrocinador era: “Injurias a la corona”.

Entre los tatuajes de Valtònyc conviven un Ak47 y unos versos de Leopoldo María Panero. En Bélgica se le ve en forma, musculoso. En una entrevista concedida en 2019 al medio estadounidense Narratively confesó que su única adicción es el cross-fit, también dijo que a veces sueña con que regresa a una pastelería de Mallorca y come ensaimada, que durante su infancia sus padres entraban y salían de prisión por tráfico de drogas, y que le marcó la muerte de un hermano cuando tenía seis años. De su crianza se encargó su hermana, 10 años mayor. Comenzó a rapear a los 15. Y fue detenido por primera vez a los 18 por el contenido de sus canciones.

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