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Manuel Lombardero, pasión por el libro

Se convirtió en una figura imprescindible de Lara en Planeta

Manuel Lombardero Suárez, librero.
Manuel Lombardero Suárez, librero.Miki López (La Nueva España)

El librero y escritor Manuel Lombardero falleció el jueves en Barcelona con 96 años. Nacido en Teverga, Asturias, se licenció en Letras por la universidad de Barcelona y fue el gran impulsor, desde 1956, de Crédito Internacional del Libro para la editorial Planeta de José Manuel Lara, quien lo tuvo siempre a su lado porque, entre otros éxitos editoriales, publicó la Enciclopedia Larousse que, según se decía entonces, era mejor que la francesa.

Su pasión por los libros comenzó en la librería Cervantes, a las órdenes del fundador, Alfredo Quirós (hoy mantiene la llama su hija Concha), y allí conoció a Paco Ignacio Taibo I: “Manolo era un muchachito pálido, con la nariz torcida y los colmillos un poco dados a draculizarse; sonreía de costado y sabía todo de libros de texto y de literatura para maestros”. Lo cuenta Taibo en Cervantes es una librería, uno de los capítulos de su emocionante libro de memorias Para parar las aguas del olvido. Taibo había llegado hasta la Cervantes recomendado por la madre de Ángel González.

Manolo, Paco y Angelín fueron tres amigos inseparables, incluso cuando cada uno de ellos tuvo que vivir en lugares tan alejados como México, Barcelona y Albuquerque. Se siguieron viendo cada año, organizando viajes juntos y aprovechando estancias en las diferentes ciudades para disfrutar de la hospitalidad de cada uno y de la “amistad a lo largo”.

Cuando Manuel Lombardero salió de la Cervantes abrió su propia librería, a la que llamó Colón. No le duró mucho aquel sueño de librero, aunque gracias al contacto con un amigo de Planeta en Barcelona pudo continuar allí su trabajo y convertirse en el hombre imprescindible de José Manuel Lara como un magnífico organizador de la venta de libros a plazos, que tanto contribuyó al desarrollo del emporio editorial.

Mantuvo siempre su vínculo con Asturias, como también hicieron sus dos amigos, Paco y Ángel. Verlos juntos era disfrutar de una amistad sin fisuras y de una generosidad que practicaban entre ellos y con quienes estuvieran a su lado. Eran amigos desde tiempos poco favorables que Lombardero recordó en el epílogo de las memorias de Taibo: “Si ahora pienso en la vida que soportaba aquel grupo de adolescentes, lo que más me sorprende es la limpieza espiritual que mantenían, su decidida admiración por la cultura y su rendido amor por la belleza”.

Este pésimo año 2020 no permite estar en los momentos más duros con las familias que pierden a sus seres esenciales. Por eso quiero recordar a su esposa, Charo González, a sus hijos Mowgli (María Rosario), Gustavo, Manuel y Anne; a sus nietos Mauro, Dima, Manuel y Anna.

Con 56 años Manuel Lombardero escribió en el epílogo a Para parar las aguas del olvido: “Por eso, en algunas noches de insomnio, cuando me da por rememorar el largo medio siglo de mi vida, pienso que aquellos años y los de mi noviazgo son las dos épocas que más me ilusionaría poder volver a vivir”.

El mejor homenaje a su figura empieza por el encabezamiento de su esquela: “Manuel Lombardero Suárez, librero”.

Miguel Munárriz es periodista y socio fundador de la agencia literaria Dos Passos.