Louise Glück: traición, mortalidad y amor

En los 12 poemarios que ha publicado desde 1968 emplea un lenguaje directo con el que construye su hechizo engañosamente sencillo

Louise Glück, este jueves en su casa de Cambridge.
Louise Glück, este jueves en su casa de Cambridge.Michael Dwyer / AP

En uno de sus ensayos sobre poesía titulado La idea de valentía, Louise Glück apunta: “La necesidad de escribir es el deseo de quedar enredado en una idea. Para un escritor pensar y escribir, como pensar y sentir, son sinónimos”. No queda un resquicio de duda sobre la verdad de esta frase al leer los versos de la flamante premio Nobel estadounidense. Su poesía es cerebral y viva, tiene algo de monólogo interior, de conversación, de asombro y pregunta ante el mundo, de mirar las cosas que duelen desde fuera con una distancia irónica, afilada, analítica y, por ello, quizá aún más conmovedora. En La amapola roja expone, “Lo mejor / es no tener mente. Sentimientos: /oh, tengo de esos; / me gobiernan”. Termina el poema: “Hablo ahora / como lo haces tú. Hablo/ porque estoy destrozada”.

Los versos de Glück no son confesionales, aunque su vida y su biografía latan ahí mismo. Nacida y criada en un suburbio de Long Island, su padre, —una presencia velada y recurrente en sus poemas a quien define como “plomo” atado a los tobillos de su madre—, inventó un cuchillo, un detalle que como han apuntado varios críticos parece tener un sentido especial tratándose de una poeta que tan bien disecciona el mundo. Estudió en Sarah Lawrence y en Columbia, pero no se graduó en ninguna de las dos prestigiosas universidades. Padeció anorexia nerviosa y tiene un poema titulado Dedicación al hambre.

El mundo clásico y los mitos —como ocurre con otra de las grandes poetas norteamericanas Anne Carson— han sido uno de sus grandes temas. Al tratar Troya se cuestiona si la guerra es un pasatiempo masculino, “un juego pensado para eludir cuestiones profundas espirituales”. Glück es capaz de narrar la historia, de acercarla y alejarla e introducir crítica, reflexión y sentimiento.

Ante el mito de Perséfone se pregunta, en uno de los poemas que le dedica, si colaboró en el abuso o si acaso Hades la drogó antes de violarla “como a las chicas modernas”, si “la tierra es casa”. Nos recuerda que “los personajes no son personas” sino “aspectos del dilema o del conflicto”; “la hija es carnaza” en la pelea entre madre y amante, pero concluye contundente, interpelándose a sí misma y al lector, “¿Qué harás, / cuando te llegue tu turno en un campo con un dios?”

Con su primer libro de poesía en 1968 exhibió su prodigioso control del verso y mostró esas historias aisladas, desafectas. En sus siguientes poemarios, la parca y cruda Glück de alguna manera ha invitado a los lectores a llenar y colorear ese espacio en el que flota su poesía. Su lenguaje directo nos habla como si estuviéramos junto a ella conversando, analizando la frase, el problema, el mito, el dolor del corazón o el paisaje. Así, la poeta crea un hechizo complejo, de apariencia engañosamente sencilla. Y no falta el humor. Medianoche arranca: “Háblame, corazón doliente: qué/ ridículo recado estás tratando de inventar para estar/ llorando en el oscuro garaje/ con tu saco de basura: tu trabajo no es / sacar la basura afuera / tu trabajo es vaciar el lavaplatos…” Y prosigue más adelante: “¿dónde está tu distancia irónica?”

Su editor Jonathan Galassi, presidente del sello Farrar, Straus & Giraux, contestó, tras conocerse el fallo del Nobel, por correo electrónico que Glück es “una de esas raras poetas contemporáneas cuyo trabajo tiene el poder de hablar directamente a los demás por medio de su arte, sutil y enorme”. El respetado editor, y también poeta, se hacía eco de las palabras del jurado del Nobel que destacó la belleza austera de sus versos, y concluía: “Es maravilloso que su voz astringente, ingeniosa y profundamente humana sea tan ampliamente reconocida; una voz que refleja nuestros sentimientos íntimos y reacciones de una forma tan rica”.

Se dice que los temas de Glück, (pronúnciese glick) son la traición, la mortalidad, el amor y el sentimiento de pérdida que acarrea. Ella es, según el crítico Don Bogen, una poeta “en el corazón de un mundo caído”. Pero lo cierto es que Glück se ha inventado y reinventado libro a libro. Los 11 que publicó hasta 2012 (el poemario más reciente salió en 2014 en EE UU y luego ha publicado una brillante colección de ensayos) quedaron reunidos en un único volumen, en el que avanza desde los versos cortos y oscuros, hasta los que componen casi microrrelatos en su libro La vida de pueblo, pasando por el divorcio de Vita Nova y los mitos de Averno.

A propósito de esa antología de 2012 el crítico Adam Plankett describió el portentoso milagro de Glück como ese talento que muy pocos autores tienen y que consiste en lograr "convertir agua en sangre”. Amén.