La segunda vida de Miguel Strogoff

El personaje de Verne vivió una segunda aventura en Uzbekistán y protagonizó una película erótica

Miguel Strogoff (Curd Jürgens) y Pierre Massini (Sergio de Bachenberg) ante la corte del emir de Khiva en 'El triunfo de Miguel Strogoff' (1961).
Miguel Strogoff (Curd Jürgens) y Pierre Massini (Sergio de Bachenberg) ante la corte del emir de Khiva en 'El triunfo de Miguel Strogoff' (1961).

En ningún sitio es tan apreciado como en esta columna Miguel Strogoff (el verdadero correo del zar, efectivamente). La extensa novela de Julio Verne nos cuenta, es sabido, las aventuras del personaje del título, enviado con un mensaje de vital importancia desde San Petersburgo a la asediada Irkutsk, durante una invasión de los tártaros. La historia empieza con la orden del zar, al enterarse del ataque, de que lleven a su presencia un mensajero. Este será el capitán Strogoff, del afamado cuerpo de correos imperiales, que llega precedido de fama de hombre decidido: ha cumplido muchas veces, con éxito, otras misiones difíciles. Treinta años, sangre fría, constitución de hierro, corazón de oro, inteligencia, coraje… Vamos que lo tiene todo y además conoce el territorio en el que ha de desarrollarse su cometido, pues es siberiano, de Omsk.

Al final de la historia (no creo que sea mucho spoiler explicar una novela de 1876 que ha tenido una docena de adaptaciones cinematográficas y televisivas, sin contar las teatrales y una zarzuela) Miguel Strogoff sale victorioso a pesar de contratiempos como que le golpean con una fusta, se le echa encima un oso, lo alancean y le queman los ojos. En suma, Irkutsk se salva, los tártaros fracasan, el malo (la otra estrella de la función, el traidor coronel Ivan Ogareff) muere en duelo bajo el cuchillo del protagonista, y Strogoff se casa con la chica, Nadia Fédor y recibe la cruz de la Orden de San Jorge. Vale, pero estos días, en los que todos nos preguntamos cómo continuarán nuestras vidas, cabe interrogarse más que nunca ¿y qué pasó después?, ¿tuvo segunda vida Miguel Strogoff? ¿Fue feliz con Nadia? ¿Llegó a luchar en la guerra ruso-japonesa? (difícilmente: según mis cálculos tendría 74 años) ¿Vivió la revolución y conoció a Yuri Zhivago?

Progreso en el imperio

El propio Verne , al final de su novela, no nos dice más que el correo del zar progresó, llegando “a una alta situación en el imperio”, seguramente abandonando el arriesgado cargo de correo. En las películas sobre el libro, la primera de 1908, apenas tres años tras la muerte de Verne, se producen algunas variaciones del relato canónico. Así, en alguna se nos dice que Strogoff es viudo al inicio de la historia (ha perdido a su mujer y a un hijo nonato por culpa de Ogareff). En otra, la ceguera causada por la espada (yatagán) al rojo vivo del verdugo tártaro -un método tradicional de esa ruda gente- no es fingida (en el original al héroe le salvan la vista las lágrimas vertidas al ver sufrir a su madre), y recupera la visión muy afortunadamente durante su lucha con Ogareff. En la miniserie de Fabrizio Costa de 1998, Strogoff ha de rescatar al zarevich Boris, Nadia es la hija de un conde y no de un deportado y la gitana Sangarre, amante oficial de Ogareff, ayuda a Miguel. En la de Jean-Pierre Decourt de 1975 hay que señalar que interpretaba a Nadia la actriz Lorenza Guerrieri, portada de Interviu en 1978 como “la rubia de Strogoff”, aunque queda claro que iba teñida. Poco más.

Sin embargo, contamos con una continuación, no de Verne, que no la escribió -estaría muy atareado alumbrando Hector Servadac, Las Indias negras, Un capitán de 15 años, etcétera-, sino de su nieto Jean Jules- Verne, El triunfo de Miguel Strogoff (1967). En la novela, Strogoff, ya con el rango de coronel, es llamado una vez más, ahora no por el zar sino por la zarina, para una nueva misión peligrosa. En realidad -se ve que el nieto no tenía mucha imaginación-, la novela no es sino la adaptación del guión de la versión cinematográfica de 1961 del mismo título, en la que al protagonista lo volvía a encarnar Curd Jürgens, el actor del filme canónico de 1956. Sinceramente, yo como Miguel Strogoff prefiero al del filme de 1970 de Eriprando Visconti: John Philip Law, nada menos, que, por cierto, se enfrentó al Ogareff más atractivo jamás visto en pantalla: Hiram Keller, ¡casi deseabas que venciera él! A mí Jürgens siempre me ha parecido que tenía un aspecto demasiado mayor y poca cintura para hacer de Strogoff, aunque es cierto que presencia no le falta con su más de metro noventa: era más alto que el oso. Encuentro que tiene gracia que sea Strogoff un actor germano que ha encarnado a Udet, Blumentritt y Von Braun, por no hablar de Bismarck…

En fin, en El triunfo de Miguel Strogoff, que dirigió Victor Tourjansky, que ya había filmado la adaptación de 1926, vemos al protagonista con la cruz de San Jorge al cuello (la más alta condecoración de la Rusia zarista, instituida por Pedro el Grande en 1698 y que incluye automáticamente todas las demás, como la Orden de Santa Ana y el Águila Blanca), y demostrando una familiaridad con la zarina que hace pensar que nos hemos perdido algo. La emperatriz le pide a Strogoff, retirado y viudo, no que haga de correo sino que se sume a la expedición que se prepara contra Khiva, en Corasmia, Uzbekistán -aquí Rusia invade en vez de ser invadida- para cuidar de su quizá demasiado querido sobrino el capitán Sergio de Bachenberg, un chico altivo, antipático y sin experiencia militar más allá de lucir uniforme bien cortado, al que, así están las cosas en la decadente Rusia zarista, se le ha confiado el mando de un regimiento en la campaña.

Strogoff y Burnaby, un posible encuentro

Unas palabras sobre Khiva: reducto turcomano y capital del kanato del mismo nombre, la ciudad era una espina en el área de expansión de Rusia en Asia Central. Así como la revuelta tártara de la novela original se la inventó Julio Verne, la conquista de Khiva por las tropas rusas es un hecho histórico sucedido en 1873. A la luz de esta fecha, si calculamos -véase la absolutamente indispensable edición anotada de Miguel Strogoff (Michel Strogoff, Presses Pocket, 1992)- que la aventura original sucedió en 1860, bajo Alejandro II, han pasado 13 años (aunque de la película al estreno de su continuación van solo 5). El hecho de que salga Khiva a mí ya me produce una emoción especial, pues significa que se juntan dos grandes aventuras de dos de mis personajes favoritos: la de ficción de Miguel y la real del coronel británico Frederick Burnaby que realizó una arriesgadísima y aplaudida cabalgada hasta la ciudad en 1875 (luego moriría en Abu Klea luchando contra los derviches en la campaña de rescate de Gordon de Jartum). Por las fechas, Strogoff y Burnaby ¡casi se cruzan!

Volviendo a la continuación de las aventuras de nuestro héroe ruso, en la nueva peripecia se produce una doble tensión entre la campaña militar y sus peligros y la rivalidad del joven aristócrata celoso de la fama de Strogoff, a la que se suma -toujours cherchez la femme- que ambos cortejan a una misteriosa cantante de gira, Tatiana Volskaya (Capucine), que se cruza en el camino y tiene todos los visos de ser una Mata Hari de los turcomanos. Stogoff / Jürgen puede con todo incluso con que se les mueran los camellos y finalmente redime al tontorrón del chico y propicia con su arrojo la conquista de Khiva, arrebatándole ese honor al histórico general Konstatin Kaufman.

Como ven, Miguel Strogoff tiene segunda vida -la despedida de Capucine no parece muy definitiva-, aunque a Jürgens se le ve toda la película un poco desganado: hay un momento incluso en que parecería más lógico que se lo montara con el joven Sergio. En todo caso, existe una novela que no continúa las aventuras de Strogoff pero nos informa de que tuvo descendencia. Se trata de La nieta de Miguel Strogoff, de Octave Béliard, publicada en 1927 y protagonizada por una familiar directa del correo del zar, Sonia Strogoff. En la novela la joven salva a la gran duquesa Tatiana, hija del último zar… Siento no poseer información en cambio de uno de los más curiosos avatares de Miguel Strogoff, la versión erótica de sus aventuras, una adaptación cinematográfica italiana de 1979 en la que ves a saber qué hacían con el knut (el látigo ruso), y que daría un nuevo sentido a la misión de esos abnegados hombres del zar, los correos….

Sobre la firma

Jacinto Antón

Redactor de Cultura, colabora con la Cadena Ser y es autor de dos libros que reúnen sus crónicas. Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona y en Interpretación por el Institut del Teatre, trabajó en el Teatre Lliure. Primer Premio Nacional de Periodismo Cultural, protagonizó la serie de documentales de TVE 'El reportero de la historia'.

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