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‘Crónicas de los Cazalet’: comedia humana de la cotidianeidad

‘Todo cambia’, de Elizabeth Jane Howard, completa la pentalogía, una de las más seductoras series de novelas de la literatura inglesa

La escritora Elizabeth Jane Howard, en Londres en 1962. 
La escritora Elizabeth Jane Howard, en Londres en 1962.  Evening Standard / Getty Images

Con la publicación este año del último volumen de las Crónicas de los Cazalet, Todo cambia, queda completa la publicación en castellano de una de las más poderosas y seductoras series de novelas concebidas en el seno de la literatura inglesa contemporánea. Su autora, Elizabeth Jane Howard (1923-2014), se inició en la literatura en 1947, tras unos primeros intentos de ser actriz y modelo. De su amplia obra, esta pentalogía es sin duda su obra maestra, que obtuvo un éxito extraordinario de público y cuyos dos primeros volúmenes fueron adaptados a la pequeña pantalla por la BBC.

Los Cazalet son una familia que se extiende a lo largo de tres generaciones. Los conocemos en 1937, cuando comienza el primer volumen, y se despiden en la Navidad de 1958. Lo que sucede entre esas fechas es una prodigiosa exposición del desarrollo de la sociedad inglesa a través del extenso vínculo familiar iniciado por una pareja, el Brigada y la Duquesita. La historia empieza significativamente en Home Place, la residencia de verano de la pareja fundadora con sus cuatro hijos, esposas y nietos: un reducto de intimidad y afecto donde se han empezado a superar las dolorosas consecuencias de la I Guerra Mundial en los adultos y donde comienza inocente y alegremente a vivir la primera generación de nietos. A lo largo de la serie iremos conociendo los cambios de mentalidad, sociales, personales y económicos, de todos los integrantes del clan y sus servidores, la dificultad de afrontar y entender las nuevas formas de vida y, sobre todo, el paso de un clan familiar a la búsqueda de la vida por parte de todos ellos, unidos por el afecto y disgregados por sus vidas personales y el signo de los tiempos.

La escritura de esa serie es una verdadera proeza en lo que tiene de reunir y construir tantas personas y vidas singulares, tantas relaciones; una verdadera comedia humana que extrae del relato de la cotidianeidad un mundo complejo de valor universal. Y los saltos en el tiempo se asumen con la misma naturalidad con que asumimos las distancias temporales en la vida real y recuperamos la intensidad de trato con los seres que nos importan. En la recreación del grupo es decisivo el clima sentimental y emocional que la autora consigue plasmar, así como el entrecruzamiento de las conciencias de todos en el camino de sus esperanzas, engaños, fracasos y logros. Una lectura inolvidable.

Elizabeth Jane Howard pertenece a la admirable tradición narrativa inglesa procedente del siglo XX. Es el último eslabón de un conjunto de escritoras particularmente dotadas de una calidad literaria y una tenacidad a prueba de vocación. Se sitúan en una formidable segunda línea tras los nombres excelsos de Virginia Woolf, Iris Murdoch o Edna O’Brien, y me parece obligatorio homenajearlas.

La primera en importancia y originalidad, Ivy Compton-Burnett, pertenece a una generación anterior. De aspecto severo y estética victoriana en lo personal, sus novelas, todas dialogadas, se caracterizan por sus abrasivas frases, agudas y cortantes, y un sentido del humor casi negro con las que emprende un retrato de la alta burguesía británica y su corrupción centrada en dos aspectos: la familia y el poder. En España, Lumen publicó Una herencia y su historia y Criados y doncellas. Todos sus títulos, como su vestimenta, estaban cortados por el mismo patrón.

La menos conocida es Elizabeth Taylor, nacida Elizabeth Coles, que al adoptar el apellido de su marido añadió a su habitual discreción el opacamiento a que la redujo su coincidencia con la famosa actriz norteamericana. Sus principales cualidades eran la fluidez narrativa y la mirada crítica que acompañaba a su entendimiento de la clase social burguesa británica de posguerra. Provienen, y se le nota en lo mejor, de Jane Austen. Su novela Angel la descubrió a los lectores. Tiene una obra aún no valorada suficientemente y es una retratista excepcional de personajes y ambientes ingleses.

‘Crónicas de los Cazalet’: comedia humana de la cotidianeidad

Barbara Pym, cercana al mundo narrativo de la Taylor y, por esa vía, de Austen, se diferencia de Taylor por su especialidad de mostrar hábilmente la sordidez que se escondía tras la apacible y autosatisfecha clase media de su época. También es excepcional la irlandesa Elizabeth Bowen, maravillosa descriptora de ambientes y personas, de una precisión admirable, que estuvo relacionada con el grupo de Bloomsbury; su obra maestra es La muerte del corazón. Tanto ésta como las novelas de la Pym están traducidas a nuestro idioma, lo mismo que las de la clarividente Muriel Spark (Las señoritas de escasos medios, La plenitud de la señorita Brodie), prolífica y mordaz narradora que acabó por convertirse al catolicismo como su amigo Graham Greene.

Jean Rhys tuvo una vida loca y dura en el París de entreguerras y escribió con extrema lucidez sobre la vida sórdida de las mujeres solitarias en busca de amor, asunto al que pertenecen dos piezas excelentes: Después de dejar al señor Mackenzie y Que usted la duerma bien, señora. Tras muchos años olvidada, reapareció como un meteoro con Ancho mar de los Sargazos, una novela sobre la mujer encerrada en el castillo del señor Rochester en Jane Eyre: una asombrosa experiencia literaria que ya siempre impedirá que leamos la novela de Charlotte Brönte con inocencia.

Crónicas de los Cazalet (1-5). Elizabeth Jane Howard.
Traducción de Celia Montolío (1-4) y Raquel García Rojas (5). Siruela, 2017-1019.
Los años ligeros.
436 páginas. 24,95 euros.
Tiempo de espera. 468 páginas. 24,95 euros.
Confusión. 402 páginas. 24,95 euros.
Un tiempo nuevo.
560 páginas. 26 euros.
Todo cambia. 472 páginas. 24,95 euros.