‘La próxima vez que te vea, te mato’, de Paulina Flores: cuando el poliamor te da ganas de asesinar
La novela sobre una chilena en Barcelona que jamás alcanzará la vida ‘expat’ es una crónica elocuente y despierta sobre las contradicciones materiales y afectivas del presente
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Javiera es una joven chilena que jamás subiría un reel a redes enseñando cómo es su día como ‘expat’ instalada en Barcelona. Esa etiqueta que destila privilegio habitacional, cafés de especialidad y restaurantes sobrevalorados por culpa de Instagram no puede estar más alejada de su realidad. Javiera, que se apuntó a un máster literario en el “pedacito más al sur del hemisferio del Bienestar” huyendo del complejo de clase (baja) de su madre, comparte piso en el Raval y solo pisa el barrio de Sarrià los martes porque esas son las noches en las que los pijos, “tan tacaños como en Chile”, tiran sus muebles usados. Ella ya ha entendido que en Europa “es más difícil encontrar trabajo que el amor” y su progreso académico poco importa. En lo que anda obsesa perdida, y no necesariamente en este orden de importancia, es en convertirse en una escritora huesuda como Louise Glück y ser la única para Manuel, su compañero de piso. Con ese peruano de bronceado fascinante, poliamoroso por convicción política y cuya tesis se tituló Boleros en el melodrama de Almódovar, mantendrá una relación abierta con dos mujeres más, Armonía y Laura. Dos figuras en las que se espejará, comparándose hasta el delirio y las ganas de matar.
“No estaba deconstruida, sino desfalcada”, piensa Javiera, la voz protagonista de La próxima vez que te vea, te mato (Anagrama), la segunda novela de Paulina Flores (Santiago de Chile, 1988) tras el premiado compendio de relatos Qué vergüenza (Seix Barral, 2016) y su aplaudido debut en novela Isla Decepción (Seix Barral, 2021). Cuatro años después de ser elegida como una de las voces narrativas en español menores de 35 años a las que seguir la pista por la revista Granta, Flores sigue en forma tras superar esa edad maldita que encierra a las autoras en el limbo de las “escritoras jóvenes”, una burbuja perversa que les exige ser las más frescas, honestas y auténticas de la escena. Liberada de casillas pringosas, la chilena afincada en Barcelona se afianza con una elocuente ficción sobre las contradicciones e hipocresías de clase y género en el universo de posibilidades afectivas del presente. O lo que es lo mismo: qué pasa cuando una mujer migrada y precaria que se identifica con el insulto que le imponen los demás (“sudaca”) juega a hacerse la abierta por la atención de un hombre, pero en realidad no sabe cómo curarse unos celos que siente como un cáncer que le come el cuerpo.
Con una prosa perspicaz y ágil, Flores trae a Barcelona la trama poliamorosa que capitaliza la ficción contemporánea. Raven Leilani exploró en Brillo (Blackie Books, 2022) la historia de una veinteañera afroamericana en paro inmersa en una relación abierta con un hombre blanco, casado y que casi le doblaba la edad. Sally Rooney filosofó sobre el sentido de la monogamia a través de un triángulo amoroso con otra veinteañera con cuenta en Only Fans, pero más sumisa de lo que ella creía, en el Dublín de Intermezzo (Random House, 2024). En Los favores (Reservoir Books, 2022), Lillian Fishman actualizó la subyugación de Pura pasión de Annie Ernaux con una neoyorquina queer arrastrada por el ansia de posesión hacia un tipo tan despreciable como rico en otro triángulo descompensado. Como sus antecesoras, Flores sabe que el deseo en la trama poliamorosa está atravesado por los estragos del capitalismo: ni puede ni debe ignorar la clase o el origen del dinero. Donde sí crece su novela es al exponer su relación con la quinta en discordia, Barcelona. Aunque su protagonista sabe “que ya no existen ciudades, sino franquicias” y le irritan esos chilenos que romantizan su vida en la ciudad, a pesar de detestar a quienes hablan de Barcelona como si fuera su pareja romántica, qué interesante mirada ofrece esa recién llegada que ya ha captado que no hay peor terror que te tomen por turista y que ama incondicialmente a esa ciudad gentrificada pese a saber que, como muchos autóctonos, jamás será correspondida en afecto.
Pero ni el poliamor ni la precariedad ni la identidad. Puede que lo más transgresor de esta novela sea el conato de ruptura con las narraciones de la “mujer posherida”. Hace unos años, la ensayista Leslie Jamison etiquetó así a aquellas mujeres que recelaban del melodrama y que, alérgicas a etiquetarse como víctimas, combatían su dolor a través de la indiferencia, el hastío y el ingenio. Javiera, su protagonista, no solo se agarra a su astucia para hacer chistes sobre su condición amorosa y material. También es capaz de alcanzar un nuevo estadio: la posibilidad de que esa chispa no solo se instale en el cinismo y la claustrofobia, sino que transite a la ternura para intentar comprender a quienes, de tanto desearlos y observarlos, hasta acabará queriendo matar.
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La próxima vez que te vea, te mato
Anagrama, 2025
200 páginas. 17,90 euros
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