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Muere Mariss Jansons, director de orquesta letón, a los 76 años

Dirigió las más importantes filarmónicas del mundo y estaba prevista su presencia en el centenario del Festival de Salzburgo

Mariss Jansons
Mariss Jansons, en 2012, durante el Concierto de Año Nuevo en Viena.

El director de orquesta Mariss Jansons falleció el sábado, 30 de noviembre, en su casa de San Petersburgo, tal como anunció la radio pública de Letonia. Tenía 76 años y seguía en activo. Arrastraba graves problemas coronarios, que se habían agravado en los últimos meses y le habían obligado a intermitentes cancelaciones para guardar reposo. Pero se esperaba su próxima gira española con Ibermúsica, en enero, al frente de la Sinfónica de la Radio de Baviera. Y también su presencia, en agosto, al frente de una nueva producción de Boris Godunov, de Músorgski, en el Festival de Salzburgo, dentro de la edición de su centenario.

A pesar de ser un director vinculado a la música sinfónica, la ópera fue para Jansons su pasión y su drama. Sufrió un ataque al corazón, en 1996, durante una función de La bohème, de Puccini, en la Ópera de Oslo, que estuvo a punto de costarle la vida. En adelante, tan sólo dirigió ópera en contadas ocasiones. Y concentró su labor en el podio sinfónico donde su huella ha sido gigantesca.

Jansons era la cuadratura del círculo de la dirección orquestal. Un músico exigente y riguroso, pero también un artista sencillo y risueño. Pocos directores han cosechado tanto afecto de sus orquestas o han suscitado semejante admiración de público y crítica en sus conciertos y grabaciones. Su secreto artístico residía en una personal aleación de la influencia de Yevgueni Mravinski y de Herbert von Karajan, con quienes trabajó como asistente y alumno. El rigor e intensidad del ruso no excluía nunca el énfasis y efervescencia del germano. Y sus interpretaciones equilibraban idealmente lo dionisíaco y lo apolíneo.

Nació en Riga en tiempos difíciles. Su madre, la cantante Iraida Jansone, lo trajo al mundo en la clandestinidad del gueto judío de la capital letona, en enero de 1943. Su padre, el destacado director de orquesta Arvid Jansons, fue su principal influencia. Creció asistiendo a sus ensayos, conciertos y representaciones en la Ópera de Riga, y solía jugar en casa imitándole. La familia se mudó a San Petersburgo, en 1957, donde estudió dirección con Nikolai Rabinovich en el Conservatorio. Karajan lo descubrió, en 1968, durante una clase magistral en la antigua Leningrado. Y culminó sus estudios entre Viena y Salzburgo. Pero su padre fue siempre el principal apoyo de su carrera hasta su repentino fallecimiento, en 1984, de un ataque al corazón, mientras dirigía en Manchester.

Un maestro reflexivo y dialogante

No le gustaba a Mariss Jansons encasillar a los músicos por su nacionalidad. Destacaba sus raíces letonas y su vínculo natural con la cultura alemana, pero tampoco renegaba del privilegio de su formación musical rusa. La disciplina letona y la espontaneidad rusa eran fundamentales para él, tal como reconoció durante una entrevista en 2010. Pero opinaba que los músicos debían ser universales. Era un hombre modesto y afable en las distancias cortas. La antítesis del dictador sobre el podio: un maestro siempre reflexivo y dialogante. No tuvo discípulos, pero alentó carreras, como la de su compatriota Andris Nelsons. Y fue decisivo para el español Gustavo Gimeno, que debutó cubriendo una de sus ausencias por enfermedad.

Jansons inició su carrera, en 1973, con la entonces Filarmónica de Leningrado (hoy San Petersburgo), la misma orquesta con la que hizo su primera gira por España, en 1986; había debutado en nuestro país ocho años antes con la Simfònica de Barcelona. Durante los años ochenta y noventa otorgó a la Sinfónica de Oslo una talla internacional y fue también titular de la Sinfónica de Pittsburgh. Desde 2003 había centrado su actividad como director principal de la Sinfónica de la Radio de Baviera, aunque la compaginó con la Royal Concertgebouw Orchestra, entre 2004 y 2015. Como invitado ha colaborado estrechamente con varias orquestas londinenses, pero especialmente con las Filarmónicas de Berlín y Viena. Entre sus colaboraciones más mediáticas, destacan las tres ediciones que dirigió del popular Concierto de Año Nuevo, en 2006, 2012 y 2016, que siempre situó entre sus mejores experiencias musicales.

Contaba con un inmenso repertorio que abarcaba desde Haydn a la música contemporánea, aunque destacó en la música rusa y, en especial, en las sinfonías de Chaikovski y Shostakóvich, tal como atestiguan los ciclos que grabó para Chandos y Warner Classics. También ha cultivado con éxito obras sinfónicas de otros rusos, como Músorgski, Rajmáninov, Prokófiev y Stravinski. Y no han faltado hitos centroeuropeos en su discografía, como sus destacadas integrales de Beethoven en Múnich y Brahms en Oslo, junto a obras de Berlioz, Dvorak, Mahler y Richard Strauss.

Grabó para Warner Classics (la antigua EMI) desde finales de los ochenta, aunque en las últimas décadas evitó el sistema de artistas y repertorio (A&R) de las grandes compañías. Y limitó sus discos a grabaciones en vivo con postproducción de los sellos orquestales del Concertgebouw (RCO Live) y la Radio de Baviera (BR-Klassik). Entre sus reconocimientos destaca el Premio Ernst von Siemens, en 2013.

Cuatro discos para el recuerdo

Muere Mariss Jansons, director de orquesta letón, a los 76 años

Chaikovski: Sinfonía nº 5. Oslo Philharmonic Orchestra (Chandos). Con esta interpretación inició Mariss Jansons en 1984 su famoso ciclo sinfónico de Chaikovski para Chandos Records. La grabación ayudó a colocar a la orquesta noruega en el mapa internacional. Y llamó la atención general sobre el trabajo del director letón.

Shostakóvich: Sinfonía nº 7, Leningrado. Royal Concertgebouw Orchestra (RCO Live). Jansons grabó un ciclo completo de las sinfonías de Shostakovich para Warner Classics (EMI) con varias orquestas entre 1992 y 2005. Después revisitó alguna de las sinfonías en directo, pues Shostakóvich era el compositor de quien se sentía más afín. Esta Séptima publicada en 2006 es uno de sus mejores registros con la Royal Concertgebouw.

Concierto de Año Nuevo de 2016. Wiener Philharmoniker (Sony Classical). Las tres grabaciones de Jansons del Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena —2006, 2012 y 2016— son especialmente felices. Exhibió una comprensión ideal de la música de la familia Strauss, también popular en Rusia, y una relación admirable con la orquesta austríaca. Pocos directores no vieneses han sabido decir mejor el vals, con ese autóctono enunciado asimétrico, aquí admirable en el famoso Vals del emperador, de Johann Strauss, hijo.

Mahler: Sinfonía nº 5. Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks (BR-Klassik). Esta grabación de 2016 es uno de los últimos registros importantes que realizó Jansons. Muestra la exquisitez de su Mahler muniqués, superior al que registró en 2009 con la Concertgebouw. La grabación refleja idealmente su capacidad narrativa y ese difícil equilibrio entre lo dionisíaco y lo apolíneo.

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