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CRÍTICA | ARAÑA CRÍTICA i

Revolucionarios de whisky y caviar

El chileno Andrés Wood regresa con una nueva incursión en la historia reciente de su país

araña
María Valverde y Gabriel Urzúa, en 'Araña'.

Araña, séptima película del chileno Andrés Woods, pone sobre la mesa un asunto que por desgracia no afecta solo a Chile: el resurgimiento del nacionalismo de extrema derecha. El director de Machuca, estupenda película que recogía a través de la mirada de dos niños de diferentes clases sociales el Chile previo al golpe del 73, regresa con una nueva incursión en la historia reciente de su país ocho años después de Violeta se fue a los cielos, interesante retrato de la genial cantautora y folclorista que salvaguardó con su fuerza chamánica la voz de todo un pueblo.

ARAÑA

Dirección: Andrés Wood.

Intérpretes: María Valverde, Mercedes Morán, Marcelo Alonso, Pedro Fontaine, Felipe Armas, Gabriel Urzúa.

Género: drama. Chile, 2019.

Duración: 105 minutos.

La historia de tres militantes del grupo terrorista Patria y Libertad, formado por hijos de la burguesía durante el gobierno de la Unidad Popular y disuelto por su propios miembros pocos días después de que el ejercito comandado por Augusto Pinochet tomase La Moneda y ejecutase al presidente Salvador Allende, le sirve a Woods para formalizar una radiografía del presente desde las sombras del pasado. Le basta al director un arranque cruento para ponernos en guardia: en un inmaculado lugar de Santiago una mujer de la alta sociedad recrimina con gesto despótico a un profesor de educación física que ha dejado a su nieto en el banquillo. Lejos del colegio privado, en las sucias calles de la ciudad, un delincuente que ha robado el bolso a una mujer cae reventado por el coche de un hombre de aire mesiánico que, testigo del robo, decide tomarse la justicia de su mano. A la elegante mujer (encarnada de joven por la española María Valverde y en la madurez por la argentina Mercedes Morán) y al loco (al que dan vida los chilenos Marcelo Alonso y Pedro Fontaine) les une el pasado. Fueron amantes, “revolucionarios de whisky y caviar” frente a los de "empanada y vino tinto”.

Woods se acerca con esmerada frialdad a unos personajes que le incomodan. Una falta de empatía que encaja mejor en la puesta en escena del Chile actual y menos en las pasiones de juventud. En el fondo, a Woods le interesan sus personajes como excusa para diagnosticar la podredumbre moral de un presente marcado por la misma cantinela que recorre el mundo: “Chile volverá a ser Chile”.

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