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Descalabro de los ‘adolfos’

Curro Díaz, López Chaves y Escribano destacan ante una descastada y deslucida corrida de Adolfo Martín

El diestro Manuel Escribano da un pase con el capote al primero de su lote, durante el sexto y último festejo de la Feria de Otoño.rn
El diestro Manuel Escribano da un pase con el capote al primero de su lote, durante el sexto y último festejo de la Feria de Otoño. EFE

A los triunfadores se les notan más los fracasos y eso le ha ocurrido al prestigioso ganadero Adolfo Martín, que ha cerrado la exitosa Feria de Otoño con un serio descalabro merced a unos toros que, si bien cumplieron en el tercio de varas, decepcionaron y mucho en el resto de la lidia. Por encima de su característica estampa sobresalió su vociferante falta de casta, su parálisis y su manifiesta incapacidad para la lidia. Y la decepción fue gorda, porque siempre se espera lo mejor de este hierro, tantas tardes exitoso por su derroche de bravura y fiereza. Pero está claro que en el campo no quedaba lo más granado de la camada.

El campo es lo que esperaba encontrar tras la puerta de chiqueros el quinto de la tarde y se llevó el chasco de su vida. Salió a la luz con paso quedo, anduvo no más de un metro, miró a su alrededor, no identificó la añorada dehesa y volvió a los corrales; y así hasta tres veces, sin hacer caso alguno de gorras y capotes; tal fue su desencanto. Al final, acudió a socorrerlo López Chaves al hilo de las tablas y lo convenció de que ahí, en el ruedo, estaba su destino. Molesto el animal, plantó cara al torero, quien en un alarde de habilidad, técnica y profesionalidad consiguió sacarlo hasta el centro del anillo entre el alborozo general y el gesto adusto del toro, que se sintió engañado.

Engañado, sí, pero mentirosos él y sus hermanos, pues, en realidad, ninguno de ellos permitió el lucimiento de su propia estirpe ni de sus lidiadores. Ese quinto, por ejemplo, llegó a la muleta sin vida, amuermado y parado, y López Chaves solo pudo mostrar su conocida suficiencia.

Fuerzas muy limitadas tenía su primero, segundo de la tarde; escurrido de carnes, protestado de salida, dobló las manos en ocasiones varias y sin casta en sus entrañas, circunstancias todas ellas que deslucieron la actitud de toreo cabal de López Chaves, bien colocado siempre, que corrió la mano con mando y dibujó muletazos de alto voltaje.

Mentirosos, especialmente el toro que abrió plaza, abierto de cara, que humilló en el capote de Curro Díaz, alardeó de bravura en el caballo y galopó en banderillas. Llegado el tercio final, se paró y se comportó como un moribundo. No obstante, el de luces insistió erróneamente una y otra vez, de tal modo que molestó más su pesadez que la ausencia de vida del toro.

Se lució el de Linares con más estética que contenido ante el cuarto, el único que embistió con cierta calidad por el pitón izquierdo. Antes había destacado López Chaves en un quite por templados delantales; y Curro se vino arriba e inició la faena de muleta con un cambio de manos primoroso. El toro, aunque corto de recorrido y escasa alegría, le ofreció embestidas agraciadas para que el torero luciera más elegancia que profundidad, y todo se redujo a una ovación lo que hubiera podido merecer algo más.

Y Escribano se jugó el tipo, recibió a sus dos toros de rodillas en los medios, se llevó un susto en el primero, (se le paró en el encuentro y lo volteó sin consecuencias), muy complicado, y pasó un mal trago en un deslucido tercio de banderillas. Con tres rehiletes en el lomo del animal, el presidente le obligó a pasar de nuevo y, por fortuna, salió airoso de la imposición del palco. Incierto y con muy mal estilo, el animal no admitió amistad de ningún tipo.

Otra vez de rodillas ante el sexto, y el runrún de lógica preocupación en los tendidos. No pasó nada, y el torero mejoró sensiblemente con los rehiletes, especialmente con el tercer par, al violín y al quiebro, pegado a tablas, ante otro toro mentiroso, que acudió con alegría en el segundo tercio, y cuando lo citaron con la muleta, dijo que nones.

En fin, que los afamados toros de Adolfo Martín dejaron en muy mal lugar al nombre que los trajo al mundo. Nadie es perfecto…

 

MARTÍN/DÍAZ, L. CHAVES, ESCRIBANO

Toros de Adolfo Martín, bien presentados, a excepción del escurrido segundo, que cumplieron en varas, descastados, broncos y deslucidos.

Curro Díaz: estocada baja y un descabello (silencio); pinchazo y estocada (ovación).

López Chaves: tres pinchazos _aviso_ pinchazo y casi entera (silencio); pinchazo y bajonazo (silencio).

Manuel Escribano: estocada trasera y tendida (silencio); estocada baja (silencio).

Plaza de Las Ventas. 6 de octubre. Sexta y última corrida de la Feria de Otoño. Casi lleno (19.130 espectadores, según la empresa).

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