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Que no te toque un toro encastado…

Luis David cortó una oreja en cada toro tras una actuación gris y muy deficiente

'Florista', tercer toro de la tarde, embiste humillado a la muleta de Luis David.
'Florista', tercer toro de la tarde, embiste humillado a la muleta de Luis David.

Torrestrella /Román, Lorenzo, Luis David

Toros de Torrestrella, bien presentados, mansos, sosos, correosos y dificultosos; destacó el tercero, no picado y muy encastado en el tercio final. Todos de interesante comportamiento.
Román: estocada trasera y tendida (ovación); estocada trasera y contraria (petición y vuelta al ruedo).
Álvaro Lorenzo: estocada baja (silencio); media estocada (silencio).
Luis David: pinchazo y estocada (oreja); estocada trasera y baja (oreja).
Plaza de Bilbao. 19 de agosto. Tercera corrida de feria. Menos de un tercio de entrada.

Que no te toque un toro encastado… porque te puede desbordar, ridiculizar y acabar con tu carrera.

Pues va y le tocó al joven mexicano Luis David, y lo desbordó, lo ridiculizó, y ojalá que no acabe con su sueño porque cualquiera echa un borrón.

El de hoy, no obstante, ha sido gordo y negro. No hubo torero para un toro que exigía mando, poderío, técnica y hondura. Pero es que tampoco hubo afición. Otra tarde de escasísimo público en los tendidos, que pidió y consiguió la oreja para el torero, cuando, en realidad, tenían que haberlo abroncado con fuerza por su más que deficiente actuación. Pero la afición bilbaína está desaparecida o es tan sumamente escasa que pinta poco.

Y allá que paseó Luis David el inmerecido trofeo del tercer toro y otra oreja más del sexto tras otra actuación olvidable y superficial. Pero no fue eso lo más grave: aún pidieron la segunda oreja y solo la cordura de la presidencia evitó lo que hubiera sido un ridículo verdaderamente histórico.

Mal, rematadamente mal estuvo Luis David, pero tampoco destacaron en demasía sus compañeros. Triste como un funeral Álvaro Lorenzo, insulso, mantazo va, mantazo viene, toda la tarde; y aún en periodo de rehabilitación anímica Román, que si bien estuvo por encima de su lote, se le notó que su recuperación todavía no es completa.

Claro que la corrida de Torrestrella no fue fácil; por eso, no la quieren las figuras, porque son toros complicados y no tontos; mansos fueron los seis, correosos, con intrínseca dificultad, de esos que no admiten errores y humillan poco, nada propicios, pues, para la faena de un artista. Toros, en fin, exigentes durante toda la lidia y de comportamiento, a veces, inesperado y complicado.

Pero salió el tercero de la tarde, Florista de nombre y 543 kilos de peso y, al contrario que los dos anteriores, acudió al capote con humillación y largo recorrido. Hizo una fea pelea en varas, donde no lo picaron, y salió del caballo con la sangre justa para un análisis. Pero hete aquí que se vino arriba en banderillas y llegó a la muleta fresco como una lechuga. Pronto le cogió gusto a seguir el engaño y su pelea fue a más, con movilidad y fiereza, y al momento se hizo el amo de la pista, mientras su oponente humano daba pases y más pases anodinos, siempre mal colocado, en una faena interminable de nada menos que ocho tandas, en la búsqueda incansable e infructuosa de una lidia mínimamente interesante.

Se perfiló para matar, citó al encuentro, obedeció el toro como una bala, el estoque encontró hueso y Luis David se hirió el labio en un topetazo con la empuñadura. Pero el animal, que iba a lo suyo, lo persiguió con saña hasta las tablas y, por fortuna, no lo alcanzó.

Pidieron la vuelta para el toro y el presidente no la concedió. Acertó, pues el toro manseó en el primer tercio y eso es otro borrón.

Luis David aún tuvo suerte con el sexto de la tarde, que no es que fuera una hermana de la caridad, pero embistió repetidamente. Otra vez, el mexicano estuvo a la altura de sí mismo, es decir, muy por debajo de las condiciones del animal. Lo verdaderamente extraño es que tras una estocada baja, la mayoría de los pocos espectadores presentes sacó su pañuelo blanco y pidió los trofeos como si acabara de emocionarse con una faena de época. Ver para creer.

Firme, seguro, serio y confiado se le vio a Román ante un lote bronco que exigía los cinco sentidos para no volar por los aires y salir maltrecho del envite. Aún no está recuperado anímicamente de la cornada de Madrid, lo que se le notó a la hora de matar, aunque no fallara con la espada. Dio muchos pases, mandó poco y lució menos de lo que su voluntad esperaba. Pero no desentonó y dijo estar en el camino correcto para alcanzar su meta.

Y a Álvaro Lorenzo es que no se le vio. No dijo nada, entristecido toda la tarde, aburrido, insípido… Tan invisible como la otrora prestigiosa afición de Bilbao.

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