Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Museos en busca de una “perspectiva moderna”, para un público nuevo

Los directores de los grandes museos decimonónicos se preguntan qué hacer para modernizar sus narrativas y atraer a los visitantes más jóvenes

Mikhail Piotrovsky, ayer, en el Museo del Prado.
Mikhail Piotrovsky, ayer, en el Museo del Prado.

“¿Mujeres en sala? No nos planteamos estos exámenes en el museo. No dividimos hombres de mujeres, no creemos que sea bueno dividir a las personas”. Con estas palabras, Mikhail Piotrovsky, director del Museo del Hermitage de San Petersburgo (Rusia), se mostró ajeno de un debate muy presente, y cada vez más, en la sociedad. En la segunda jornada de las conferencias organizadas por el Museo del Prado, para desvelar el futuro de los museos creados en el siglo XIX pasa por la creación de narrativas con “perspectivas modernas” sobre sus colecciones.

Que Piotrovsky desconozca el número concreto de mujeres artistas que se muestran en su colección —así lo admitió en respuesta a una pregunta del público—, da muestra del lugar desde el que afrontan el futuro algunos de los grandes centros creados hace dos siglos. A lo largo del día, los directores convocados se hacían la misma pregunta: ¿cómo convertirse en un museo de referencia para el público del siglo XXI? El más claro y atrevido en su exposición fue Philipp Demandt, director de tres museos de Fráncfort (Städel Museum, Liebieghaus Skulpturensammlung y Schirn Kunsthalle), que cree que “siempre será posible tener público si se le da una perspectiva moderna a las colecciones”.

Demandt, historiador del arte y licenciado en Derecho, Administración y Empresas, apuntó que en las colecciones históricas pueden plantear cuestiones muy de actualidad, como cuestiones de género. Insistió en que los museos deben preguntarse cómo se habla de las mujeres en la historia del arte. Él sí es partidario de rescatar a las artistas invisibilizadas a lo largo de dos siglos de existencia de museos públicos. Y concretó aspectos de “absoluta actualidad” en los siglos XIX y XX, que apelan al público actual: “Con una visión moderna puedes atraer a gente más joven, de entre 18 y 25 años”, aseguró Demandt junto a Miguel Falomir, director del Museo del Prado.

Sacar el museo a la calle

El director de estos tres museos de Fráncfort contó que el Städel Museum es una fundación privada, con apenas un 15% de financiación pública. El 85% del presupuesto deben cosecharlo en el propio museo, con la venta de entradas (el 40%) y de patrocinadores y aportaciones y donativos de ciudadanos (el 45%). “Los directores pasan el 180% de su tiempo buscando dinero”, declaró Demandt, tal y como un día antes había declarado Miguel Falomir.

Todos los convocados coincidieron en al menos otras dos cuestiones más: una foto del pintor inglés David Hockney de visita en sus museos y en la ruptura de las paredes de sus edificios decimonónicos, para atrapar la atención del público indiferente a sus asuntos artísticos. Sabine Haag, directora general del Kunsthistorisches de Viena, explicó que la misión de los museos del XIX no solo es conservar el patrimonio del pasado, sino “analizar y difundir las obras de arte de las siguientes generaciones, para un público nuevo”.

Tienen precio reducido para jóvenes, un chill out con café, música y visitas guiadas más ligeras, para atraer a los jóvenes. También invitan a autores, compositores o artistas a que interpreten alguno de sus cuadros. “Las barreras pueden derribarse”, apuntó. Cree que la accesibilidad de las colecciones no acaba en la web, “hay que mostrarlas vinculadas a otras disciplinas, para crear nuevas experiencias”. En ese sentido organizan exposiciones de tamaño pequeño, con temas más ligeros y vinculados a la actualidad, con comisarios más jóvenes, y sensibilidades más actuales.

En Fráncfort persiguen lo mismo. Pero con las mujeres por delante. “Tenemos miles de metros cuadrados y gracias a esto he puesto en marcha un programa de descubrimientos y redescubrimientos”, cuenta Demandt. Entre sus hallazgos se encuentra Lotte Laserstein (1898-1993), una exposición de la que esperaban 20.000 visitantes y fueron 132.000. “La artista tocó la fibra sensible del público, un siglo después de su carrera. Su trabajo tuvo que ver con la era de la nueva mujer”, comenta. Anuncia para el otoño nuevos rescates “de mujeres fantásticas”: Lee Krasner y Hannah Ryggen.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >