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Miró vuelve a la Costa Azul

La Fundación Maeght expone en Francia 240 litografías, maquetas y placas, muchas inéditas, que ilustran el proceso creativo del pintor

Dos de las series de Joan Miró, de 1969. En el centro, 'Mujer y pájaro' (1965)
Dos de las series de Joan Miró, de 1969. En el centro, 'Mujer y pájaro' (1965)

“Es el creador integral”, dijo el editor y galerista Aimé Maeght de su amigo Joan Miró. Se habían conocido en 1937, en el pabellón de la República Española de París, y comenzaron a trabajar juntos en 1947, cuando Maeght organizó una exposición sobre surrealismo y le pidió a Miró que hiciera el cartel y una obra, que fueron sus dos primeras litografías en color. Desde entonces, ya nunca se separaron. Compartieron su pasión por el arte y la creación. Aimé, y más tarde su hijo Adrien Maeght, desde que en 1964 creó en París la imprenta ARTE, donde Miró realizó casi toda la producción de su obra gráfica, posibilitaron que el artista fuera un gran creador: a cada reto técnico ellos le respondieron con una solución, estimulando su creatividad. El balance de esta relación tan fructífera son más de 1.800 litografías, 1.200 grabados y 240 libros ilustrados, pósteres y carteles.

Cuando Aimé Maeght vio en Palma de Mallorca el estudio que le había hecho en 1956 el arquitecto Josep Lluís Sert a Miró, el galerista quiso uno igual para su fundación en el pueblecito de la Provenza de Saint-Paul de Vence, junto a Niza, en la Costa Azul francesa. El resultado fue un edificio mediterráneo puro construido en 1964, el auténtico eslabón entre el estudio palmesano y la Fundación Joan Miró de Barcelona. En su interior se conservan (junto a obras de Léger, Calder, Kandinsky, Giacometti y Dubuffet, entre otros) un buen número de piezas de Miró: ocho pinturas, 140 esculturas (muchas en el Laberinto Miró, construido junto al ceramista Llorens Artigas), 75 dibujos, un centenar de collages y un millar de litografías y grabados con las pruebas previas y las planchas de cobre, zinc o piedra que los posibilitaron.

Cuatro planchas de cobre de Miró para realizar grabados con la técnica del carborundo.
Cuatro planchas de cobre de Miró para realizar grabados con la técnica del carborundo.

La obra gráfica y las piezas de taller, gracias a la donación de Adrien Maeght, son la base de la exposición Joan Miró. Más allá de la pintura, que abrió sus puertas ayer (hasta el 17 de noviembre). En ella se muestran más de 240 obras, muchas inéditas, en las que es posible ver la mano del artista, su método de trabajo y cómo Miró creó su obra gráfica con la ayuda de los Maeght, que posibilitaron que el artista transgrediera los límites que imponen las técnicas y superara los desafíos de la creación anterior.

Rosa Maria Malet, durante 34 años directora de la fundación barcelonesa del pintor, ha puesto orden en este extenso material, gauches, collages, maquetas, grabados, carteles, portadas, planchas de cobre, zinc y piedra, durante año y medio. “Es un material que podría haber desaparecido”, afirma, “porque forma parte de fases previas a la obra definitiva. Es algo extraordinario poderlas mostrar, porque ilustran la forma de crear de Miró”.

Grabados de Miró de 1973 de la serie 'Maja negra', que pueden verse en la exposición de la Fundación Maeght.
Grabados de Miró de 1973 de la serie 'Maja negra', que pueden verse en la exposición de la Fundación Maeght.

En cuanto al título, explica: “Parte de la expresión de Raymond Roussel, que en 1925, tras visitar la primera exposición individual de Miró en París, exclamó: ‘Esto va más allá de la pintura”. La experta, que sigue vinculada con la fundación barcelonesa, autentificando obra gráfica de Miró, ha establecido cuatro apartados: Relación de Miró con los poetas, “porque en 1927 realizó sus primeras ilustraciones para un libro de poemas de Lise Hirtz”. Collage, “por la importancia que tiene esta técnica de ensamblaje, incluso en sus esculturas”. Combinaciones, “porque Miró jugó con el color y la orientación para crear infinidad de imágenes”. Y Descubrimiento de técnicas, en la que pueden verse obras realizadas en aguafuerte, aguatinta, punta seca y su técnica más depurada: el carborundo, “obtenida aplicando una pasta sobre la plancha que al incidir sobre el papel le da un relieve que a Miró le parecía sorprendente por las texturas”.

Malet expone también el proyecto para una litografía de 50 metros y recrea una imprenta con planchas y pigmentos y una de las máquinas utilizadas para imprimir. No ha sido posible traer La Pilar, la enorme imprenta que los Maeght le instalaron a Miró en el propio Saint-Paul de Vence en 1969 para que el artista hiciera sus obras más grandes, y a la que el creador no dudó en ponerle el nombre de su mujer, Pilar Juncosa. El recorrido de la muestra termina en la sala principal, donde se muestran una docena de los 35 giacomettis, colocados como si fueran un ejército hoplita perfectamente formado, además de obras de Calder, Bonnard y Richier. Aquí ha instalado Malet ocho litografías y pruebas previas de Miró de casi dos metros.

Reencuentro de familias y amigos

Sert, Artigas, Miró y Chillida en la Fundación Maeght, en 1964.
Sert, Artigas, Miró y Chillida en la Fundación Maeght, en 1964.

La Fundación Maeght ha sido siempre un referente en el paisaje mironiano. En 1984 fue la primera en organizar una gran exposición tras el fallecimiento del artista el año anterior. En 1990 realizó una gran restropectiva (que contó con La Masía del MoMA) adelantándose a los fastos del centenario.

Durante la inauguración de la muestra se volvieron a reencontrar las familias de estos personajes que marcaron el arte del siglo XX. Estaban el propio Adrien Maeght y su hija Isabel, el nieto de Miró, Joan Punyet y sus hijos. También el hijo de Llorens Artigas y Sara Puig y Marko Daniel, presidenta y director de la Fundación Miró de Barcelona. “La exposición es un reencuentro de familias y amigos. El arte del siglo XX se ha hecho con amistades y colaboraciones”, aseguraba el nieto del pintor. “Sin la amistad de Aimé Maeght, Miró no podría haber conseguido lo que consiguió. Fueron unos vanguardistas. Picasso y mi abuelo eran como hermanos. Los dos fueron unos genios, pero Miró estaba más cerca de la libertad del gesto surrealista. Como decía mi abuelo, 'Picasso era un genio revolucionario, pero estaba preso de su virtuosismo diabólico”.

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