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David de Miranda: “Toda la vida he luchado por esto. Me siento único”

El torero onubense, el gran triunfador en su confirmación en Las Ventas, superó una lesión cervical tras ser volteado en 2017

David de Miranda, el sábado en Madrid.rn
David de Miranda, el sábado en Madrid.

Las Ventas es así de caprichosa. Hay días que parece que nada puede salir mal. Ni el viento podía dar al traste con una tarde de triunfo como la de este viernes. Y allí, entre los tres toreros, resaltó la figura del novel David de Miranda (Trigueros, Huelva, 25 años). Era su confirmación de alternativa, pero nada consiguió empequeñecer su figura. “Todavía no soy consciente de lo que ha pasado. Me hacía falta en mi carrera un triunfo rotundo como este. Ahora hay que tener paciencia y los pies en el suelo”, reconocía ayer con una sonrisa perenne en su rostro.

Un triunfo que se fraguó, en parte, en un año interminable sin torear a causa de una lesión cervical sufrida en Toro (Zamora) en agosto de 2017 tras una cogida de Desencanto. Cuatro meses postrado en la cama y otros cuatro de una dura rehabilitación que revivió durante el viernes. “El recuerdo de la lesión estuvo presente antes y durante la corrida. Quizá eso me hizo disfrutar más. Este tipo de lesiones te hacen madurar”, recuerda con emoción De Miranda. El accidente fue grave. Tanto que casi corta de raíz su carrera. “Tuve cuatro fracturas de vértebras, afectadas las cervicales C1 y C2 y rotas las dorsales D6 y D7. La desviación la fijaron con un tornillo. Los médicos siempre se ponen en lo peor, pero yo tuve claro que iba a volver a torear, tenía fe y confianza”, explica el diestro onubense.

Y el toro, igual que aquel día estuvo a punto de quitárselo todo, fue justo y le ofreció 20 embestidas de las que te pueden encumbrar. Un regalo de la ganadería de Juan Pedro Domecq. “Fue muy bravo y exigía estar firme, torearlo por abajo, que no tocara la muleta…”, analiza De Miranda. El animal fue bueno, pero no fácil. De esos que piden el carnet y son capaces de abrir las puertas del triunfo o las del infierno. “Un toro así, si se va con las orejas puestas, te puede hacer mucho daño”, añade el matador.

Camino por andar

Tan bueno y bravo fue el astado que hasta esa parte de los tendidos del coso madrileño que repudia la ganadería sevillana se vio obligada a levantarse y aplaudirlo al arrastre. En realidad se merecía la vuelta al ruedo, pero el presidente prefirió evitar la posible bronca. Pese a todo, lo mejor es que esa unión entre toro y torero ocurrió en Las Ventas. Y la plaza rugió como en sus mejores días. “Toda la vida he luchado por esto. Vivir esos olés de Madrid, el runrún entre tanda y tanda… Me siento único. Un privilegiado". Y todo ello con el peor enemigo de los toreros presente: el viento. Fue un vendaval lo que hubo en Las Ventas toda la tarde, pero en el sexto toro todo cambió. “El viento pasó a un segundo lugar durante la faena”. ¿Se paró? “Para mí, más que el viento, lo que se paró fue el tiempo. Fue todo muy intenso y emotivo”, rememora De Miranda, al que la espera entre su primer toro y su segundo, el del triunfo, sí se le hizo eterna. “La presión era mayor porque solo me quedaba un toro y era consciente de que necesitaba aprovecharlo”, comenta horas después de su faena.

Una vez superado el reto de Madrid, el diestro reconoce que queda mucho camino por andar. “Esta no es la meta, es el inicio. Un punto de inflexión en mi carrera y tengo que aprovechar las oportunidades que vengan”, asegura, cargado de responsabilidad. Mientras, Jorge Buendía, su apoderado, no para de atender el teléfono. El móvil echa humo. “Son muchas llamadas de felicitación y también de interés de empresarios. El primero, Simón Casas [empresario de Las Ventas], que ha incluido a David el 8 de junio en la corrida de Nimes”, cuenta Buendía. El primer reconocimiento a una obra para el recuerdo.

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