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Las editoriales de Barcelona aguantan la crisis argentina

La ciudad catalana, protagonista de la Feria del Libro de Buenos Aires, una capital azotada por alza de precios

Librerías en la Feria de Buenos Aires el pasado jueves.
Librerías en la Feria de Buenos Aires el pasado jueves. EFE

Barcelona es la ciudad de las editoriales. Buenos Aires es la ciudad de las librerías. Algún día tenían que encontrarse. Quizá la cita podría haberse dado en un momento de menos agobio, pero la campaña electoral barcelonesa y la crisis económica argentina apenas se perciben en la Feria del Libro, abierta desde el 23 de abril hasta el 13 de mayo, con cuatro hectáreas y media de exposición y, se calcula, más de un millón de visitantes. Barcelona es este año la invitada de honor y, de momento, la cosa parece ir bien.

¿Cómo se mide el éxito de una presencia cultural? Es difícil. Por supuesto, solo será posible hacer un primer balance cuando termine la feria. Luego habrá que esperar meses y años para averiguar si los autores barceloneses cuajaron. La feria mexicana de Guadalajara, en diciembre próximo, será un primer indicador de si ha aumentado o no el interés por los escritores barceloneses. 

En una situación tan apurada como la argentina, con una inflación que se come los salarios, cualquier dato que no suene a ruina resulta positivo

Pero en una situación tan apurada como la argentina, con una inflación que se come los salarios y una tremenda incertidumbre sobre qué ocurrirá en el futuro próximo, cualquier dato que no suene a ruina resulta positivo. En el recinto literario barcelonés, 200 metros cuadrados dentro del Pabellón Amarillo, se están vendiendo unos 200 libros al día. Más o menos lo mismo que se vendía el año pasado, cuando la ciudad invitada era Montevideo y el dólar se cambiaba a 20 pesos, no los 45 de hoy.

Aún falta. En los próximos días tienen que pasar por la feria autores como Carlos Zanón, Javier Pérez Andújar o Jordi Amat, entre otros. Julià Florit, del Institut Ramon Llull, y Marina Espasa, coordinadora de Barcelona, Ciudad de la Literatura y de la expedición a Buenos Aires, dicen que por ahora han funcionado especialmente bien, en cuanto a expectación y ventas, dos mujeres: la filósofa y ensayista Marina Garcés y la escritora y pintora Paula Bonet. Es posible que ninguna de ellas haya disfrutado tanto como Jordi Puntí, que traía su libro Todo Messi y participó en una mesa redonda (“Barca, cultura y deporte”) a las 18,30 del miércoles 1 de mayo, justo cuando Leo Messi, a 11.000 kilómetros de distancia, acababa de completar una actuación gloriosa frente al Liverpool.

Esta feria se enfrenta al problema de los precios. Los 20 euros que viene a costar un libro en Barcelona equivalen, a día de hoy, a mil pesos en Buenos Aires. Y un salario argentino normalito, descontados los impuestos, supera por poco los 20.000. Para entendernos, y de forma muy aproximada, es como venderle a un mileurista español un libro por 50 euros. Hay más de 450 librerías en Buenos Aires (pese a un ritmo de cierres bastante constante), pero las ventas de ejemplares cayeron un 23% en 2018 y 2019 será sin duda mucho peor. Además de los precios, concurren otras circunstancias negativas. El Primero de Mayo debía ser una jornada grande en la feria. Sin embargo, una masiva huelga de transportes hizo que la afluencia de público resultara inferior a la de un día laborable. No pregunten por qué se realizó una huelga en festivo: son complejidades locales.

El stand barcelonés acoge cotidianamente varias mesas redondas. El jueves, por ejemplo, bajo el encabezamiento “Cuando a un gran viajero le sumas un gran escritor”, Gabi Martínez contaba cómo siguió hasta Pakistán los pasos de un hombre que siguió los pasos del yeti, Federico Bianchini relataba su experiencia en la Antártida y Flavia Company hablaba del tránsito y el desapego. Luego, otro grupo debatió sobre la figura del “escritor-librero”. Cuesta imaginar una doble profesión intelectual menos remunerativa. Quizá solo la superaría la triple profesión escritor-librero-periodista. Los participantes, sin embargo, parecían contentos.

El público de esos debates va y viene. Abundan los pensionistas y los estudiantes. Los visitantes tienen dónde elegir: en La Rural, el recinto de la feria (donde en julio se celebrará la mítica exposición anual de ganadería), se celebran al mismo tiempo tres o cuatro mesas redondas y varios programas radiofónicos ante el público. Dentro de ese magma de libros y voces, Barcelona queda pequeñita. Bien, pero pequeñita.

El esfuerzo ha sido considerable. Entre el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Cataluña y el Institut Ramon Llull (financiado fundamentalmente por las dos primeras instituciones) se desembolsaron más de 600.000 euros para costear los viajes de los autores y algunos periodistas, más la logística física del asunto. Toneladas de libros (unos 7.000 títulos) han viajado dos meses en barco desde Barcelona y han superado la siempre difícil prueba de las aduanas argentinas. Florit admite que la preparación del evento tuvo su intríngulis: él empezó a ocuparse de la presencia barcelonesa en Buenos Aires hace más o menos un año, cuando estalló la crisis argentina, y su trabajo se ha desarrollado bajo la sombra de una evolución económica cada vez más oscura. “Preferí no pensar demasiado en eso”, dice.

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