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Esperando la resurrección

Nick Cave sospecha que el nuevo fanatismo moral podría ser la patada en el culo que necesita el rock

Nick Cave, el 26 de julio de 2017 en Los Ángeles.
Nick Cave, el 26 de julio de 2017 en Los Ángeles. FILM MAgic

Tal vez les haya llegado algún eco. Hablo de las reflexiones de Nick Cave sobre el estado del rock. Verán: desde el pasado año, el cantante australiano anda explorando vías atípicas de conectar con sus seguidores. Así, presenta lo que llama Conversations with Nick Cave, eventos en los que, de pie y micrófono en mano, responde a preguntas del público; se sienta al piano cuando la ocasión requiere que interprete una canción.

Mejor no hacerse ilusiones: estas Conversaciones… se celebran en teatros, tienen precios altos y las entradas vuelan. Más accesible es la otra iniciativa: se trata de The Red Hand Files, un blog donde atiende a interrogantes planteados por correo electrónico. A veces, replica a dos interpelaciones en una misma misiva. Sus contestaciones son extensas y meditadas. Así, en el más reciente intercambio, especulaba sobre el presente y el futuro del rock, a partir de la actual tendencia a, prácticamente, exigir certificados de buena conducta a los artistas.

Cartel de 'Conversations with Nick Cave'.
Cartel de 'Conversations with Nick Cave'.

Una idea desdichada, piensa Nick. "La transgresión es fundamental para la imaginación artística, ya que esta trata de lo prohibido. Vayan a su colección de discos y prescindan mentalmente de los que han llevado vidas discutibles y verán cuántos discos le quedan. Es el artista que va más allá de los límites sociales aceptados el que puede volver con ideas que arrojen nueva luz sobre lo que significa estar vivo. De hecho, esa es la obligación del artista; este viaje suele ir acompañado por un comportamiento inapropiado, especialmente en el rock ‘n’ roll. A veces, el comportamiento de algún individuo es pura maldad y debe ser denunciado como tal. Somos nosotros los que debemos decidir, de forma personal, si participamos o no de su trabajo".

Así que nuestro Nicholas Cave parece rechazar los juicios sumarios en las redes sociales, las condenas a la muerte civil, la equiparación entre biografía y discografía. Con todo, sospecha que "el nuevo fanatismo moral" podría ser la patada en el culo que necesita el rock. Su diagnóstico es crudo: "la moderna música de rock lleva enferma desde hace algún tiempo. Está afectada por una especie de cansancio y confusión y pusilanimidad; ya no tiene el vigor necesario para pelear las grandes batallas que la música de rock solía pelear. Me parece que hay poco nuevo o auténtico ya que se ha vuelto más previsible, más nostálgica, más cautelosa y más corporativa".

Ciertamente, aunque uno pueda aceptar este argumento, aquí se necesitarían ejemplos. No todo el rock necesita ser peleón o, como sugiere, transgresor. De hecho, uno podría argüir que buena parte del mejor rock, desde que su amado Elvis Presley fichó por RCA, ha sido corporativo, previsible, nostálgico y —cuando las cosas se ponen feas— extremadamente cauteloso.

De acuerdo: lo de Nick es una columna de opinión, no un ensayo. Atención a la conclusión: “el arte debe ser arrebatado de las manos de los beatos, vengan en la forma que sea (y siempre vienen, con cuchillos afilados, dispuestos a asesinar la creatividad)". En un tiempo tan deprimente, quizás tienen una función. "Tal vez el rock deba morir durante un tiempo, para que algo poderoso y subversivo y verdaderamente monumental pueda surgir de ahí". En un Lunes de Pascua, esas son palabras con resonancias poderosas, viniendo de alguien que a veces se ha identificado como cristiano.

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