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OBITUARIO

Juan Antonio Hormigón, la utopía práctica

El director, gestor e investigador teatral, fundador de la Asociación de Directores de Escena, ha muerto a los 75 años

Juan Antonio Hormigón, en 2008.
Juan Antonio Hormigón, en 2008.

Era un intelectual en el sentido pleno, pero un hombre práctico y resoluto. Entendía el teatro como un servicio cultural que las Administraciones públicas deben garantizar al ciudadano, igual que la educación. Su modelo, que conoció de primera mano a lo largo de numerosos viajes y encuentros profesionales, era el que lleva no menos de tres cuartos de siglo implantado en toda Europa, salvo excepciones contadas, como la española: teatros con actores en plantilla, con dramaturgistas residentes, con talleres de construcción escenográfica y con todo aquello que posibilita la prestación de un servicio de calidad.

Juan Antonio Hormigón, nacido en Zaragoza, falleció este lunes a los 75 años. A través de la revista de la Asociación de Directores de Escena (ADE), que dirigió desde su creación, ha venido dando cuenta de los grandes temas que aborda el teatro, de la evolución de sus géneros y de su puesta en escena, de las encrucijadas que atraviesa en muy diferentes países… Si la ADE, asociación que fundó en 1982, dio entidad colectiva y vía expresiva a una profesión disgregada hasta aquel entonces, su revista trimestral ha sido hasta hoy canal que da noticia de las políticas culturales y de las maneras de entender el teatro en los países socios del nuestro en la Unión Europea.

Mientras estudiaba medicina, Hormigón dirigió el Teatro Universitario de Zaragoza, donde firmó una puesta en escena de Las galas del difunto y La hija del capitán, que pasa por ser la primera. Con este grupo también escenificó obras de Ben Jonson, Schiller, Calderón, Maquiavelo… Su vocación le llevó a estudiar en Nancy con Bernard Dort, Denis Bablet y Antoine Vitez, y a abandonar la medicina en 1967, tras hacerse cargo del Teatro de Cámara de Zaragoza, con el que representó a Tirso, Moratín y Max Frisch.

Su carrera como director continuó al frente de la Compañía de Acción Teatral, con la que montó obras de Brecht, Moratín y Goldoni, dramaturgos sobre los que volverá luego como investigador y autor literario. Con la Compañía Nacional de Teatro de México escenifica en 2010 una adaptación propia de El trueno dorado, de Valle-Inclán.

Su vocación pedagógica se abre camino en el Aula de Teatro de la Universidad Complutense, al frente de la cual estuvo nueve años, pero sobre todo como profesor de Dramaturgia, primero, y luego como catedrático de Dirección de Escena de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, donde ejerció su influencia sobre varias hornadas de profesionales hoy en ejercicio.

Con la ADE, de la que era secretario general, puso en marcha y encabezó un servicio de publicaciones, palanca de una vasta labor investigadora. Además de la revista trimestral, Hormigón lanzó dos colecciones de literatura dramática –la una, iberoamericana; universal la otra–, que suman más de 200 títulos, en su mayoría de autores poco frecuentados en España. También editó varias colecciones de ensayos, entre los cuales se cuentan algunos escritos por el propio Hormigón (El legado de Brecht, La profesión del dramaturgista) o coordinados por él, como las monografías sobre José Luis Alonso y Fabià Puigserver, esta junto a Guillem Jordi Graells.

Editados en 2007, sus tres volúmenes sobre Valle-Inclán: Biografía, cronología y epistolario, vinieron a paliar la carencia de una biografía contrastada documentalmente de un autor que tejió mil leyendas en torno suyo, y a dar fe de la minuciosidad, perseverancia y rigor del trabajo de Hormigón, que ejerció también como perspicaz crítico de literatura dramática durante la primerísima etapa de EL PAÍS.

Parafraseando a su admirado Brecht: luchó toda su vida, luego fue imprescindible, además de próximo y asequible. Le vamos a echar de menos.

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