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Muere el académico y poeta Gonzalo Sobejano a los 91 años

En su obra siempre mantuvo un admirable espíritu comparatista y abierto, especializándose en la narrativa del siglo XX

Gonzalo Sobejano (derecha), con Miguel Delibes, en 1981 en Madrid.
Gonzalo Sobejano (derecha), con Miguel Delibes, en 1981 en Madrid.

Gonzalo Sobejano forma parte del grupo de valiosos académicos que en los años cuarenta y cincuenta, ante la falta de expectativas profesionales que ofrecía la universidad española, decidieron explorar otras alternativas en universidades extranjeras, en lugar de seguir el camino habitual, y casi único entonces, opositar a cátedra de instituto y de allí dar el salto a la Universidad. Fue el caso también de otro profesor, y murciano ilustre, Javier Herrero, conocido sobre todo por su ensayo sobre la génesis del pensamiento fascista.

Un día habría que hacer un estudio en profundidad sobre la influencia de aquella generación académica que se desarrolló fuera de nuestras fronteras, pero que fue decisiva en el desarrollo del hispanismo internacional, y muy especialmente del estadounidense, en la estela de Américo Castro y otros más. Pienso en Juan Luis Alborg, Francisco Márquez Villanueva, Ricardo Gullón, Francisco Ayala, Pere Corominas, Concha Zardoya, José Ferrater Mora…

Sobejano pues pertenece a la generación universitaria que puso algo más que las bases de los estudios llamados ahora peninsulares, aportando su entusiasmo y vocación, pero también la necesidad de hacerse con un nuevo espacio profesional que requería amplitud de miras. Nació en Murcia en 1928 y allí vivió y se formó hasta los dieciocho años, cuando se trasladó a Madrid para seguir sus estudios, iniciados en la Universidad de Murcia con el represaliado don Ángel Valbuena Prat. En Madrid estudiaría con Rafael Lapesa y Dámaso Alonso, dos referentes de la escuela estilística española. Estilística, gramática histórica y dialectología eran las tres disciplinas sobre las que seguía inercialmente apoyada la filología española durante el franquismo.

A Sobejano le surgió la oportunidad de ir a Heidelberg como lector. Allí conoció a su esposa, la alemana Helga (ignoro su apellido), un apoyo imprescindible a su carrera. En torno a 1955 regresó a España para cumplir tardíamente con el servicio militar. Trabajaría como traductor del Ministerio de Información, aprovechando su conocimiento del alemán. Pero pronto daría el salto a la Universidad de Colonia, como profesor asociado.

Este fue el verdadero comienzo de su carrera académica, hasta entonces en conflicto con su vocación poética y su puesto de traductor. Diez años en Colonia donde trabaría una gran amistad con el colombiano Rafael Gutiérrez Girardot, influencia decisiva en la escritura de su libro de referencia: Nietzsche en España (1967, 204), ultimado ya en Estados Unidos, país al que llegaría para quedarse en 1963, de la mano del galdosiano Joaquín Casalduero. En su estudio Sobejano analizaba el alcance del pesimismo filosófico en la literatura finisecular española.

En su obra siempre mantuvo un admirable espíritu comparatista y abierto, especializándose en la narrativa del siglo XX: del 98 hasta los autores que más le interesaron del presente —Javier Marías, Enrique Vila Matas, Juan José Millás o Antonio Muñoz Molina, sin olvidar a sus amados Miguel Espinosa y Juan Benet—. Fue una generación de académicos eminentemente masculina, erudita, poco dada a teorizar y, en cierto modo, su forma de concebir el estudio y la docencia se vería arrasada por los Cultural Studies. Pero su huella es duradera y el viento del tiempo no va a apagarla.

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