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Jordan Peele, el terror como caballo de Troya antirracista

El realizador estrena ‘Nosotros’ tras el éxito de ‘Déjame salir’ y se convierte como productor en una de las fuerzas de Hollywood

Lupita Nyong'o y Jordan Peele, en el rodaje de 'Nosotros'. En vídeo, tráiler de la película.

Entre los miedos de Jordan Peele, neoyorquino de 40 años, están las cucarachas, encontrarse con su clon y fracasar haciendo lo que más le gusta. Por suerte para él, el Oscar al mejor guion original que recibió con Déjame salir junto con las candidaturas a mejor dirección y película y los 225 millones de euros recaudados en todo el mundo con su debut como realizador borró cualquier temor sobre su labor. La fobia a las cucarachas está aún por superar, como su miedo a la muerte. Pero con Nosotros Peele libra su propia batalla contra otro de sus temores. Y la victoria es su única meta. “No sabes cuántas veces me han entrado sudores fríos en el metro mirando al otro lado del andén seguro de que estaba mi otro yo mirándome”, asegura a EL PAÍS sin perder su sonrisa aunque con los ojos abiertos por el pánico. Es el mismo sudor frío que espera sientan los espectadores al ver Nosotros. Como afirma el guionista, director y productor del thriller, antes conocido como actor de comedias, sus filmes le salen “del cerebro y de las tripas”. Y si sus entrañas se retuercen de miedo, su intelecto le pide otra lectura, más política y menos visceral: “En estos momentos que vivimos es imposible separarse de la política. De ahí que Nosotros sea una alegoría en la que utilizo Estados Unidos como ejemplo de país manejado por el miedo a los otros, a lo que viene de fuera. Y cuando nos mueve el miedo somos incapaces de hacer un análisis introspectivo del nosotros, de ese otro yo que se convierte en la verdadera amenaza".

Su preocupación política no evita que Nosotros sea sobre todo y ante todo una película de terror como las que le hacen apretar los puños de miedo hasta quedarse sin sangre en los nudillos. Como Alien, El resplandor, El exorcista, Tiburón y Pesadilla en Elm Street. “Y La semilla del diablo”, añade. Ama el género. “Pero fracasar haciendo lo que más quería me habría roto el corazón así que me metí en la comedia, un género que me acabó gustando y del que lo aprendí todo. En el fondo la comedia es el sosia del terror”, resume de sus años como actor en MADtv con su sketch Key y Peele o en películas como Keanu.

La decisión de seguir los pasos de sus ídolos cinematográficos la tomó hace una década. Y en Nosotros lo subraya con guiños como una camiseta de Tiburón, las gemelas que homenajean a Kubrick, o la sargento Ripley en la que se transforma Lupita Nyong’o. “Ese soy yo divirtiéndome. Es posible hacer algo completamente original rindiendo homenaje a los que admiro. Quentin Tarantino es muy bueno en esto”. El fenómeno Peele es algo más grande que su persona, gracias al credo que defiende desde su productora: hacer películas de género potenciando la diversidad. Peele admite que Déjame salir era un filme político donde la raza era el texto y el subtexto. En Nosotros solo el subtexto es social, el tema principal se centra en los doppelgängers. “Pero en este país no podemos ni debemos escapar de la dinámica racial”, afirma orgulloso de haber situado a una familia negra acomodada en el centro de una historia de horror que en manos de cualquier otro habría sido blanca: “Es el mejor caballo de Troya porque el público solo escucha cuando está entretenido”.

Hay más pesadillas alimentando sus próximos proyectos. Su versión de The Twilight Zone se estrena el 1 de abril en EE UU, con historias originales con guiños al aficionado, empezando por la presencia de Peele a lo Hitchcock narrando a cámara como Rod Serling hacía en la serie original. Y el nuevo filme stop-motion de Henry Selick, Wendell and Wild, también está en marcha con las voces de Peele y Keegan-Michael Key. No aclara su próximo largometraje como director, más allá de que será otra de terror. Y como actor se ha cortado la coleta: “Actuar no es tan glamoroso como lo pintan”.

Lo que no cuadra tanto dentro de la filmografía de Monkeypaw es su última candidatura al Oscar como productor de Infiltrado en el KKKlan, película que consiguió la primera estatuilla de Hollywood para Spike Lee. “Se me cayeron las lágrimas porque ya era hora. Puede que sea la película más atípica de nuestra productora pero es de Spike Lee, un verdadero provocador, alguien que ha cambiado la cultura. Y si hay algo que busco es romper barreras”.

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