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Tamames rastrea el más allá entre científicos y filósofos

El economista publica el ensayo ‘Buscando a Dios en el universo’

Ramón Tamames, en su casa de Madrid, el 13 de febrero.
Ramón Tamames, en su casa de Madrid, el 13 de febrero.

Ramón Tamames, el economista que con solo 27 años publicó, en 1960, un grueso libro sobre la estructura económica de España (con ese título) y se hizo sospechoso para la dictadura franquista porque no paraban de comprarlo incluso universitarios a los que no les importaba apenas la economía, publica ahora, cumplidos los 85, Buscando a Dios en el universo. Una cosmovisión sobre el sentido de la vida (Editorial Erasmus). Es su libro 76, “quizás el 77, he perdido la cuenta”. Activista estudiantil y comunista temprano (desde 1956); dirigente y diputado del PCE en las primeras Cortes tras la muerte de Franco, primer teniente de alcalde con Enrique Tierno Galván, miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, consejero muchos años de PRISA, la empresa editora de EL PAIS, y profesor siempre, Tamames (Madrid, 1 de noviembre de 1933) nunca fue tan descreído como se ha dicho porque, como todo muchacho de su tiempo, se educó católicamente cristiano en unos años en que las demás religiones estaban severamente prohibidas. Lo deja claro en este libro, citando al teólogo Manuel Fraijó cuando, en Avatares de la creencia en Dios, se recuerda cómo el gran Karl Rahner, preguntado por qué aceptaba la promesa de que hay un más allá, dijo pausadamente: “Porque no conozco nada mejor y porque me lo dijo mi madre de pequeño”.

Todas las religiones, y hay unas 10.000, el doble que lenguas sobre la tierra, creen a su manera en un más allá. El problema, muy personal, es la fe, que se tiene por gracia, no por voluntad. No vale querer tener fe, y mucho menos buscarla. Por eso, muchas veces, como dijo una vez Camilo J. Cela, “solo Dios sabe si creemos en Dios”. Tamames reflexiona sobre el tema citando a dos de los más grandes teólogos cristianos del siglo pasado, el protestante Karl Barth y el católico Rahner. ¿Eran creyentes, sin más? “Sí, pero no a tiempo completo”, confesó el primero. “Sí, pero ser cristiano no es un estado, sino una meta, un ideal”. Sostiene Tamames que es la actitud de una creciente proporción de cristianizados.

Hay que responder a muchas preguntas antes de hablar de Dios. Hace dos siglos y medio, el mejor de los ilustrados, Immanuel Kant, se hizo cuatro: ¿Qué debo hacer?, ¿qué puedo saber?, ¿qué me está permitido esperar?, y, en resumen, ¿qué es el hombre? Tamames resume su pensamiento contestando a tres en 384 páginas:¿De dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿qué somos? En diez capítulos intenta desvelar por qué una serie de eventos cosmológicos están a favor, o no, de la idea de una Inteligencia Superior, o sea, el Dios posible, cuando se reflexiona sobre el cosmos, el espacio/tiempo, la teoría del Big Bang, etc.

Parecería que Tamames ha buscado a Dios sin cansancio, como un niño grande, a través de ciencias de todo tipo o, como la mística Teresa de Ávila, entre los pucheros. La grandeza de Buscando a Dios en el universo, y tiene varias, es cómo va desgranando una larga relación de escritores que han hecho lo mismo. A los que más parece indagar es a los críticos, consciente de que, como dice Ernst Bloch en El ateísmo en el cristianismo, lo mejor de las religiones es que producen herejes. Es el caso del barón Holbach, el abate Meslier, Voltaire, Marx, Feuerbach, Russell, Dawkins, Onfray, Hichens y tantos. Lo del “niño grande” lo toma de Holbach, uno de los primeros ateos radicales de la historia, y su idea, nada desdeñable, de que los hombres confían en un Dios que se ha dado a conocer únicamente por los tragedias, estragos, disputas y locuras que ha causado sobre la Tierra.

Sobre Marx, el culto dirigente comunista se detiene en la frase más manipulada por los antimarxistas desleídos. “La religión es el opio del pueblo”, se dice que pensaba Marx. Lo que escribió cuando todavía era creyente (eso sugiere Tamames) fue: “La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo despiadado, en el cual la religión aparece como un alcaloide para mitigar el dolor”. Después de estudiar más a fondo las estructuras económicas y a partir de su teoría de la lucha de clases Marx se matizó: “La religión es el sentimiento de un mundo sin corazón, es el opio del pueblo”.

Delicioso es también el apartado titulado Muerte y resurrección de Dios. Tamames se hace una pregunta lógica: ¿Qué hacía Dios previamente a la creación? La Biblia lo presenta trabajando seis días y descansado el séptimo, y todo eso hace unos pocos miles de años. El libro, profundamente científico, va más allá: “Dónde estaba Dios antes del Big Bang? Misterio para teólogos, pregunta para perplejos. Tamames, por si acaso, concluye con una ironía: “Dios estaba preparando el infierno para gente que hace preguntas como esa”.

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