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Rayden: “Fui del estudio a la psicóloga”

El músico cuenta a los lectores de EL PAÍS cómo su último disco, ‘Sinónimo’, le produjo ataques de ansiedad

Imagen: Rayden canta para los lectores de EL PAÍS.

Después de casi 10 años creando discos, el rapero Rayden, David Martínez fuera del escenario, ha sufrido los primeros ataques de ansiedad de su vida por la grabación de un trabajo. Quería dar “el más difícil todavía” en Sinónimo, el segundo título de lo que será una trilogía. Eso le generó una descomposición emocional que lo llevó del estudio de grabación al psicólogo. “El primer día, que eran 45 minutos, estuve hora y veinticinco”, contó a los lectores de EL PAÍS que acudieron a un encuentro exclusivo con el artista, dentro del programa EL PAÍS+, en el Palacio de la Prensa de Madrid.

“He hurgado demasiado y cuando hurgas, pagas un peaje”, reveló Rayden a Raquel Elices, periodista de RNE, quien condujo el evento. Lloró en numerosas ocasiones, contagió a la banda y tuvo que tomar ansiolíticos. El porqué de tanta presión la achocó a la necesidad de crear una obra que le sobreviva: “Creo que somos una generación que, quitando algunas benditas excepciones, vamos a pasar sin pena ni gloria en la historia de la música y no quiero formar parte de la que pase sin pena ni gloria”. Así que la extenuación emocional le hizo pasar por el diván de una psicóloga, pero asegura que ha valido “la pena y la alegría” al ver los resultados de Sinónimo, ya que entró directamente en el número 1 de la lista de ventas en España. “Nunca he sido un boom o una flor de un día, pero este disco ha roto la vasija”, aseveró incidiendo en que “la gente ha notado mucha verdad" en el álbum y "lo ha hecho suyo”.

El madrileño ha reunido a Rufus T. Firefly, Andrés Suárez, Bely Basarte, Iván Ferreiro y Pablo López para realizar diferentes colaboraciones. Ha quedado fuera una intentona con Residente y Kase O, imposible de cerrar por temas de agendas. Rayden confesó que su favorita es Abrazos imparables, con Pablo López, por la complicidad que surgió entre ambos cuando parecían partir de puntos tan distantes. Contó que su técnica para lograr la participación de otros artistas es la misma que para ligar: “Entro a la gente, es como pedir rollo”. Solo que confesó ser “un paquete” y tener dificultades para lanzarse. También ha hecho protagonista a su hijo Diego, que aparece tarareando en una canción, y que ya había sido el centro de un tema anterior, Pequeño torbellino.

Martínez tenía claro ya en 2008 que Sinónimo iba a existir. Por aquel entonces había dado sus primeros conciertos con un grupo de amigos del Instituto y había ganado la Red Bull Batalla de los Gallos de 2006. También se había llevado su primer chasco ya que tras rechazar una oferta de una discográfica que lo quería en solitario uno de sus compañeros de grupo los abandonó. Así que empezó a fraguar la idea de hacer dos trilogías musicales: una para darse a conocer y otra para romper con lo establecido en la anterior. Su plan va hasta 2021, cuando Homónimo, el último trabajo, debe estar ya cerrado y en la calle. Después no sabe qué pasará.

Aunque no todo ha ido siempre in crescendo. “En 2010 tuve un golpe de realidad”, apuntó. Una de sus videoclips, Sastre de sonrisas, comenzó a sonar en la MTV. Pesó que había dado un gran salto, hasta que fue a dar un concierto y había “más moscas que personas”. Aun así, aseguró que no pensó en abandonar y que sigue teniendo las ansias de cuando empezó, sin nervios, pero con ganas de agarrar el micro continuamente. Ese ímpetu ha marcado también el contacto con sus personas cercanas: “Al estar en un escenarios vives una situación tan fuerte que cuando te bajas es difícil tener algo que te satisfaga tanto”.

El rapero se ha deshecho de las costuras del género para indagar en sus inquietudes musicales y crear así su propio sonido. Junto a su identidad, considera como uno de los triunfos de su carrera haber atraído al rap a quien a priori rehusaba escucharlo. Como en su día hizo su hermano con él.  “Empecé obligado”, dijo. Su hermano mayor, “vecino de litera”, le hacía escuchar grupos como 7 notas 7 colores o CPV y él, que no era amante de la música pero ya escribía poesía, pensó que aquel podría ser su género. "He perdido todo por el camino, pero he salido ganado", aseveró. 

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