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Condenadas a (no) entenderse

El filme arranca de un modo algo farragoso en cuanto a información, y la cámara de Rourke nunca llega a conformar un estilo sólido e identificable

Maria, Reina de Escocia
Fotograma de 'María, reina de Escocia', de Josie Rourke.

Ya se decía en el primer minuto de la versión de sus vidas filmada por John Ford en 1936: María Estuardo, reina de Escocia, e Isabel I de Inglaterra, enemigas implacables, ejecutada la primera por orden de la segunda, estaban condenadas a entenderse, aunque fuera después de muertas, y hoy ambas yacen una junta a la otra en la Abadía de Westminster. Un entendimiento en forma de, al menos, comprensión mutua, a la que se llega en la última visión de sus existencias: María, reina de Escocia, debut en el cine de la reputada directora teatral Josie Rourke, que incluso llega a elucubrar con una cita secreta conjunta entre dos personalidades que con toda probabilidad nunca se vieron cara a cara en vida.

MARÍA, REINA DE ESCOCIA

Dirección: Josie Rourke.

Intérpretes: Saoirse Ronan, Margot Robbie, Jack Lowden, Martin Compston.

Género: drama. R U, 2018.

Duración: 124 minutos.

La película de Rourke, quizá desequilibrada en sus formas pero siempre interesante por la magnitud de su historia y de los vigentes conflictos que plantea alrededor de la crueldad del poder, se configura como un innegable producto de un tiempo de necesaria reivindicación feminista y de revisionismo histórico. Y no tanto porque por primera vez sea una directora la que dirija esa mirada hacia dos mujeres fundamentales en el devenir del Reino Unido y su orden político y religioso hasta nuestros días, sino sobre todo porque ahora hay más libertad para abordar determinadas materias, básicamente el sexo, su condición y su esencialidad en las relaciones de poder, que cuando hace 80 años el maestro Ford dirigió su María Estuardo.

Así, como ya apuntó la versión de 1971 dirigida por Charles Jarrott, de título homónimo a esta de 2018, se presenta a Lord Darnley, marido de la reina escocesa, como un personaje abiertamente homosexual, que se acuesta con otro de los esenciales personajes del relato, David Rizzio, secretario y confidente de la monarca. Dos roles que en la versión de Ford eran representados como estereotipos gais nunca verbalizados (pendiente, maquillaje, grandilocuencia), y que aquí adquieren una entidad que, en tiempos de hijos ilegítimos y subterfugios varios, no resultan en modo alguno forzados.Y más dentro de ese volcán de intrigas palaciegas en el que su guionista, el experimentado en el tema Beau Billimon (Los idus de marzo, House of Cards), parece sentirse tan a gusto, demostrando que las traiciones políticas del siglo XVI pueden estar muy cerca de las contemporáneas, aunque ya no se acuchille físicamente sino metafóricamente.

María, reina de Escocia arranca de un modo algo farragoso en cuanto a información, y la cámara de Rourke nunca llega a conformar un estilo sólido e identificable, aspecto en el que igual parece valer una toma con dron de acercamiento a la protagonista en la almena de un castillo que unas secuencias de batalla abiertamente mejorables en supuesta en escena y montaje. Pero en lo fundamental, las magníficas interpretaciones de Saoirse Ronan y Margot Robbie, y las concomitancias entre ambas reinas, la película acaba haciéndose fuerte. En el enfrentamiento entre dos mujeres que parecen condenadas a (no) entenderse frente al desalmado imperio de los hombres que pretendieron manejarlas.

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