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Una Europa que merece la pena entender

Los embajadores de Francia, Alemania, Irlanda y Polonia y un alto cargo de la Comisión Europea se ‘psicoanalizan’ en Madrid para reflexionar sobre el futuro de la UE

Decía Simon Freud, padre del psicoanálisis, que su principal hallazgo después de años explorando el inconsciente es que desde el nacimiento hasta la tumba estamos todos divididos. Divididos entre los que queremos crecer y los que no queremos crecer. Actualmente, Europa se encuentra en este dilema, herida ante el avance de la eurofobia dentro de su propio seno. Es por eso que ayer la sesión de psicoanálisis a la que se vio sometida la Unión Europea, como concepto, pero también como realidad e incluso como sueño, pareció más necesaria que nunca en el Instituto Francés de Madrid.

En un acto conducido por el periodista de EL PAÍS Joseba Elola, que ejerció de un Freud simpático y moderno, los embajadores de Francia, Alemania, Irlanda y Polonia se sentaron en el diván para reflexionar sobre el presente y el futuro de la UE. Los cuatro diplomáticos coincidieron en reivindicar más comunicación y diálogo entre los socios para combatir el fantasma del populismo y la eurofobia que amenaza con romper el proyecto europeo, pero cada uno de ellos aportó su propia receta para ello.

De esta forma, el embajador francés Yves Saint-Geours empezó por reconocer que en Francia existe la eurofobia. “Sería muy poco consecuente no verlo. Somos fundadores de la UE y sabemos captarla. Empezó hace ya tiempo por las decepciones del proyecto europeo y por el nacionalismo identitario”, explicó. Sin embargo, afirmó que el propósito europeo no puede verse tumbado por estos tiempos agitados tras el terremoto causado por el Brexit. “Alemania y Francia consideran que el camino es el contrario al que tomó Reino Unido. Y es importante que dos enemigos históricos como Alemania y Francia lo tengan tan claro y vayan juntos en esto”, dijo. “El método es construir un consenso. Si no se construye, se acabó Europa. No podemos construir disensiones”, añadió.

En la misma línea se manifestó el diplomático alemán Wolfgang Dold, tumbado también en el diván del salón de actos del Instituto Francés, aunque puntualizó que el desencanto tras la crisis económica ha llegado al corazón mismo de las sociedades: “Es una verdad que existe en la clase media europea una impresión de que la promesa de Europa no estaba a la altura. Esa sensación de que en Europa nuestros hijos vivirán peor que nosotros y que provoca malestar y desconfianza”.

Ante este malestar, Sile Maguire, embajadora de Irlanda, comentó que “los jóvenes quieren que Europa que les proteja” y habló sin tapujos de la “responsabilidad colectiva” para salir de este trance y volver a revivir el gran proyecto europeo. “Lo importante es luchar contra la cultura de la indiferencia”, sentenció. “Una buena terapia sería no verse como enemigos. Y, sobre todo, verse como personas con las que merece la pena hablar”, señaló Marzenna Adamczy, embajadora de Polonia.

Adamczy, que aportó muchas dosis de humor a su intervención en el diván, no se achantó cuando el entrevistador le comentó los problemas de convivencia de Polonia con algunos socios europeos. “Los polacos somos pro europeos. Si cualquier partido quisiese iniciar la salida de Europa, sería su suicidio político en Polonia”, dijo. “Pero hay dos problemas a resolver. Por un lado, hay muchas personas en Europa Central y Oriental que han pasado muchos años comunistas y eso marca desde el punto de vista de la mentalidad. Existía un Estado padre que pensaba por ti y actuaba por ti. No te dejaba responsabilizarte de nada. Y eso nos afecta a muchas sociedades de esa zona. No queremos que nos quiten la soberanía a veces porque vivimos demasiado tiempo sin ella por esos estados comunistas. Y por otro lado hay grupos sociales que se sienten abandonados y se han quedado fuera de los avances europeos. Tienen que estar convencidos de que ellos también pueden aportar algo y que no van a estar dejados de la mano de dios”.

El ejemplo que más salió como modelo para volver a recuperar la ilusión por Europa fue el de Erasmus. Su mayor defensor fue el diplomático francés, quien fue el primer supervisor de Erasmus en Francia. Pero también lo defendió y ensalzó otro invitado a esta sesión de psicoanálisis político como Francisco Fonseca, director de la Representación de la Comisión Europea en Madrid. “Erasmus representa algo muy importante para Europa. Su modo de integración es un motor para todos. Se desechó en su primer borrador por falta de ambición y hasta que no tuvo esa ambición integradora no se aprobó. Debemos volver a tener esa misma ambición para la Unión”, dijo.

La ambición de crecer, que diría Freud. Más ahora que la UE se encuentra en el diván.

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