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Se busca dueño para un ‘stradivarius’

La Guardia Civil almacena desde 2007 en la comandancia de Córdoba un violín del siglo XVIII que nadie reclama y que podría estar valorado en tres millones. Fue aprehendido en una operación en Sevilla

Violín de Antonio Stradivari de 1729, construido dos años antes que el instrumento depositado en la comandancia de Córdoba.
Violín de Antonio Stradivari de 1729, construido dos años antes que el instrumento depositado en la comandancia de Córdoba. Getty Images

El control que la Guardia Civil había establecido aquella tarde de noviembre de 2007 en una de las carreteras que rodean Carmona (Sevilla) apenas revisaba unos segundos los vehículos que lo atravesaban. Hasta que los agentes vieron acercarse la furgoneta Renault Traffic blanca que esperaban. Una cadena con pinchos fue extendida de lado a lado de la vía. Dieron el alto al vehículo. Los dos ocupantes bajaron y abrieron a regañadientes la puerta trasera. Y allí estaba, semiescondida entre múltiples cachivaches, la funda de violín. Al abrirla, pudieron leer: “Antonius Stradivarius Cremona Fecit Anno 1731”. La misión había resultado un éxito.

Once años después, la pieza aún figura en los registros policiales de obras de arte incautadas, en un listado en el que se da por auténtico. Algunos expertos lo valoran hasta en tres millones de euros; otros afirman que es una falsificación. El violín aguarda a ser reclamado por su dueño. El juez no ha tomado una decisión todavía y la pieza se atesora en la comandancia de Córdoba.

Esta historia comienza el 5 de noviembre de 2007, cuando saltan las alarmas en el Grupo de Patrimonio de la Unidad Técnica de Inteligencia Criminal de la Guardia Civil: unos individuos de origen rumano habían puesto a la venta un stradivarius en Andalucía. El instrumento, del que solo existen unos 600 ejemplares en el mundo, puede alcanzar un valor de mercado cercano a los tres o cuatro millones de euros. Sin embargo, no había constancia de que ninguno hubiera sido robado o de que sus propietarios legales intentasen venderlo.

La primera reunión entre un agente encubierto y el vendedor se llevó a cabo en un centro comercial a las afueras de Córdoba. En el exterior e interior del establecimiento, guardias civiles y coches camuflados. El encuentro fue breve. El hombre que ofrecía el stradivarius parecía nervioso. Miraba a todos los lados y no llevaba encima el valioso objeto, solo unas fotografías que mostró. El agente exigió examinar personalmente la pieza. El vendedor le indicó que habría una nueva cita, que le llamaría, y desapareció. Los agentes le perdieron.

Pocos días después, con un dispositivo de vigilancia ampliado, se celebró una segunda cita en una gasolinera de los alrededores de Écija (Sevilla). El vendedor volvió a presentarse solo y sin el violín. El agente le exigió, de nuevo, examinarlo o rompía el trato. El individuo hizo entonces una llamada con su móvil. Minutos después, aparecieron dos hombres con el violín en su funda. Pidieron 400.000 euros. El guardia civil inspeccionó el instrumento y aceptó el acuerdo. En unos días, reuniría la cantidad reclamada, dijo. El vendedor se marchó en un turismo y los portadores del violín en una furgoneta. No fueron detenidos ante la posibilidad de que en la persecución pudiesen dañar la joya del siglo XVIII.

La Guardia Civil estableció a toda prisa un falso control en la carretera que habían tomado los vendedores. Nada debía ponerlos nerviosos ni podían descubrir los coches camuflados que los seguían. Sería necesario esperar a que llegasen al control de carretera a las afueras de Carmona (Sevilla) con el que se iban a topar.

Stradivarius que se guarda en la Comandancia de Córdoba.
Stradivarius que se guarda en la Comandancia de Córdoba.

Ya en la comandancia, los detenidos negaron saber nada del stradivarius. Argumentaron que alguien lo había introducido en la furgoneta y rechazaron declarar. El objeto fue examinado posteriormente por dos expertos que determinaron que era una falsificación de los siglos XVIII o XIX dadas las características de la inscripción grabada en él y la madera empleada en su fabricación. Otros especialistas, sin embargo, calcularon que su precio rondaría los tres millones. El stradivarius aparece actualmente como auténtico en la página web donde la Guardia Civil hace públicas las incautaciones de obras de arte. En ella se lee: “Incautado el 11 de noviembre de 2007. Autor: Antoniu Stradivariu. 1731”.

De todas formas, el único organismo que podría certificar la autenticidad del objeto era Patrimonio Nacional, que debería enviarlo a técnicos de Alemania, algo que no se ha llevado a cabo, ya que el juez que investiga el caso no lo ha ordenado.

“Aunque pueda parecer lo contrario, la sustracción de vehículos de lujo y el robo de joyas artísticas están muy relacionados. Las bandas que organizan ambos delitos funcionan de una manera muy semejante, por eso esta unidad se ha especializado en campos tan distintos”, señalan fuentes del Grupo de Patrimonio de la Unidad Técnica de Inteligencia Criminal de la Guardia Civil, un cuerpo que junto a la Unidad contra el Crimen Organizado (UCO) lucha contra el expolio y la destrucción de la riqueza patrimonial.

En 2013 estos grupos policiales desarticularon en Almería una banda que intentaba introducir en el mercado negro la réplica de un stradivarius. Se realizaron 19 detenciones. “Hay grandes falsificaciones en el mercado”, recuerdan.

Actualmente el stradivarius incautado en el control policial se encuentra en las dependencias de la Guardia Civil en Córdoba. Es el juez el que —11 años después de su aprehensión— debe dar una respuesta sobre qué hacer con él: enviarlo a Alemania, destruirlo si es falso o, incluso, devolvérselo a los que lo intentaron vender: tener un stradivarius que nadie reclama, réplica o no, no es delito. Aunque no se tengan papeles.

Una extraña reclamación rechazada

En marzo de 2011, un ciudadano español aseguró ser el dueño legal del stradivarius incautado, además de un objeto artístico que procedía de un robo en Valencia. Sin embargo, no presentó pruebas de su propiedad. La Guardia Civil rechazó su petición y se extrañó de que alguien pudiese reclamar este tipo de obras sin aportar ninguna documentación. “El supuesto dueño era una persona con un nivel cultural muy bajo y que se arriesgaba a ser detenida”, dicen.
La Unidad contra el Crimen Organizado (UCO) le investigó, pero no pudo conectarlo con el grupo que intentaba venderlo, uno de cuyos miembros está relacionado con un homicidio.
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