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Dierk Schmidt, el arte de la restitución

El Reina Sofía indaga en la pintura del artista alemán como instrumento para revisar la historia

Detalle de la obra 'Restos humanos en Berlín' (2014-2015), de Dierk Schmidt.
Detalle de la obra 'Restos humanos en Berlín' (2014-2015), de Dierk Schmidt.

Vitrinas de cristal vacías, estalladas, como la culpa les estalló en las manos a los países que se repartieron África en la Conferencia de Berlín a finales del XIX y después encerraron su cultura en museos de Europa, aparecen junto a diagramas y códigos cromáticos que ocupan 14 grandes piezas  en las que el artista alemán Dierk Schmidt ha traducido a símbolos abstractos el resultado de esa gran cumbre en la que 13 Gobiernos europeos y Estados Unidos legitimaron el colonialismo en eses continente.

La obra de Schmidt, que por primera vez se ha revisado en una exposición retrospectiva organizada por el Museo Reina Sofía y que se inauguró este martes en el Palacio de Velázquez de Madrid, gira en torno a la crítica social, a la necesidad que los Estados tienen de pedir perdón ante los desmanes colonialistas, a la restitución de objetos y restos humanos que los museos occidentales han descontextualizado incorporándolos a un discurso que justifica las acciones de los colonizadores. Y todo eso lo hace a través de la pintura.

'Fantasmas del Palacio de Berlín 2' (2003-2004), de Schmidt, en el Palacio de Velázquez.
'Fantasmas del Palacio de Berlín 2' (2003-2004), de Schmidt, en el Palacio de Velázquez.

"La pintura historicista tuvo una gran importancia en el XIX, cuando nacieron los grandes imperios. Entonces sirvió para construir un pasado heroico, un papel que en el XX han desarrollado los medios de comunicación y que, actualmente, se continúa divulgando a través de imágenes digitales en Internet. Lo que hace Schmidt es también pintura historicista, pero replanteada desde los parámetros del siglo XXI con materiales distintos, pinta sobre transparencias, utiliza cristal, plásticos... elementos frágiles que confieren a su obra una apariencia fantasmagórica", explicó Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía.

"Es un artista que nos interesa porque es capaz de replantearse la historia a través de la pintura, un género que muchos consideran anacrónico. De replantearla desde un punto de vista actual y en un momento donde parece que el arte no tiene ni pasado ni futuro", precisa Borja-Villel.

"En sus manos la pintura es el resultado de una investigación, un proceso de deliberación y autorreflexión. Digamos que es pintura histórica contemporánea", añade Lars Bang Larsen, comisario de la exposición titulada Culpa y deudas —en un guiño al clásico de Dostoievski Crimen y castigo que en la primera traducción al alemán en 1866 se publicó como Culpa y expiación— que podrá verse en el Palacio de Velázquez hasta el 10 de marzo. La muestra, que reúne lo más significativo de su producción entre 1995 y 2018, incluye una obra realizada específicamente para el pabellón que la acoge que se construyó en 1883 y un lustro después albergó la Exposición General de Filipinas y que también está relacionado con la historia colonial española.

Dierk Schmidt (Unna, 1965) ha partido de la colección que el arqueólogo franquista Martínez Santa-Olalla realizó tras sus expediciones al Sáhara español en la década de los cuarenta y que se integró en el Museo Arqueológico Nacional (MAN) para crear su pieza Foco sobre una vitrina relativa al arqueólogo Julio Martínez Santa-Olalla, en la que se cuestiona la necesidad de que los museos restituyan determinadas piezas a sus propietarios. "Formo parte de un colectivo, Artefakte//anti-Humboldt desde el que hemos hecho posible el regreso de una veintena de cráneos a Namibia que estaban en Berlín y son fruto del exterminio que el Estado alemán realizó a principios del XX contra los pueblos nama y herero. Esos restos eran sujetos, con nombres, se convirtieron en objetos al entrar en un museo y ahora han recuperado su condición de sujetos al ser devueltos a su tierra", explica Schmidt ante el díptico Restos humanos en Berlín (2014-2015), óleos sobre cristal con aspecto de vanitas del barroco pero repletos de referencias a hechos concretos.

Y como antes hicieron algunos de sus referentes —el francés Théodore Géricault a principios del XIX, el brasileño Öyvind Fahlström a principios del XX, el artista pop inglés Richard Hamilton o ya en el XXI el fotógrafo y cineasta estadounidense Allan Sekula—, Schmidt deja bien claro que la pintura historicista no está pasada de moda.

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