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Eminem en busca de la redención

'Kamikaze' tiene toda la pinta de parche apresurado y sobreexcitado para dejar atrás el recuerdo de 'Revival' y, de paso, cobrarse algunas facturas

Eminem durante un concierto en Londres en 2017.
Eminem durante un concierto en Londres en 2017. GETTY

El pasado viernes Eminem publicó un tuit que decía: “he intentado no darle muchas vueltas a esto… Disfrútalo” y lo acompañaba de un enlace a un nuevo disco, Kamikaze, del que nadie sabía absolutamente nada hasta entonces. Es un nuevo capítulo de la serie de lanzamientos sorpresa que está cambiando la dinámica de la industria musical del momento, especialmente en el ámbito del hip-hop y el R&B: mega estrellas del firmamento que de la noche a la mañana tienen nuevo material en la calle sin haberlo publicitado ni avanzado previamente. Aunque se diría que pese al enfoque espontáneo que quiere darle el rapero al álbum, Kamikaze es cualquier cosa menos una grabación improvisada que surge de la nada. 

En realidad, no parece descabellado pensar que Eminem llevaba dándole vueltas a algunas de estas canciones desde la aparición de Revival, su último álbum hasta hoy y posiblemente el peor de su carrera. Entre las pésimas críticas que recibió y el tono de desdén y menosprecio con que fue recibido por las nuevas generaciones de público y artistas, la sensación generalizada que transmite el proyecto es que Slim Shady ha perdido por completo el aura de respeto que le había acompañado a lo largo de su carrera. Ni Eminem se libra del pim pam pum, y eso duele cuando has estado tantos años en la cima del hip-hop.

Como un matrimonio a la deriva que, a la desesperada, intenta reflotar el barco a base de buenas intenciones y gestos cómplices, Kamikaze tiene toda la pinta de parche apresurado y sobreexcitado para dejar atrás el recuerdo de Revival y, de paso, cobrarse algunas facturas acumuladas en los últimos meses. Aires de venganza redentora sobrevuelan en unas canciones que tienen como objetivo primordial y urgente reivindicar al rapero, aunque finalmente sirvan más para confirmar el descalabro de Revival y su autor que para correr un tupido velo. El ejemplo más claro lo encontramos en Fall, una de las piezas estrella del listado: lo que pretende ser un ajuste de cuentas con los nuevos raperos que mandan en las listas de los más descargados y con la escena SoundCloud acaba convirtiéndose, a la postre, en una pataleta de abuelo cascarrabias necesitado de atención.

Eminem quiere que le hagamos casito, y con toda probabilidad aquí reside la única idea interesante del nuevo álbum: para admitir que se ha equivocado y que, en efecto, su penúltima obra es un fiasco, el MC de Detroit apuesta por volver a la lírica de batalla, a un rap más esencialista y a una puesta en escena rotundamente más austera y directa que, así de entrada, suena y luce mejor que Revival y su magnánima parafernalia de superproducción fuera de onda. En cierto modo le está dando la razón a los que habían puesto en duda sus últimas andanzas sonoras y líricas. Musicalmente no es nada del otro jueves, pero mejora sensiblemente las prestaciones a las que nos había acostumbrado últimamente. Producciones más serias y minimalistas, lejos de los samples facilones de rock o pop y de los acercamientos de brocha gorda a los sonidos de moda, pocas colaboraciones y bien elegidas –Jessie Reyez, Royce Da 5’9”, Joyner Lucas y Bon Iver, sorprendentemente crítico con el tratamiento que se ha hecho de su aportación– y un estilo vocal más convencional y reconocible, más fiel al universo del propio protagonista, componen la fórmula sencilla pero cumplidora de un disco que no pretende cambiar la historia, tan solo corregirla y matizarla.