La construcción de un mito de la literatura policial

Con 'Los casos del comisario Croce' Piglia completa la mitología de un personaje que pasará a los anales del género negro

Ricardo Piglia en Cartagena de Indias (Colombia) en 2013.
Ricardo Piglia en Cartagena de Indias (Colombia) en 2013.DANIEL MORDZINSKI / EL PAÍS

En 2014, cuando al escritor argentino Ricardo Piglia (1941-2017) le diagnosticaron ELA, su espíritu vital siguió intacto, según cuentan quienes lo trataron. Tenía la literatura, nada podía pasar. Diseñó entonces un plan para dejar un puñado de obras póstumas que cerraran un currículum breve y a la vez esencial para la historia reciente de la literatura en español. Con su lema de siempre como bandera –escribir mucho, publicar poco– y gracias a un equipo de cinco colaboradores y el sostén de su compañera Beba Eguía, Piglia dejó seis obras concluidas, de las que este conjunto de relatos policiales forma parte. No fue fácil. Con la movilidad de su cuerpo reducida al mínimo, Piglia dictaba sus textos y luego usaba Tobii, un programa que permite escribir con la mirada. ¿Queda marca en la literatura de los instrumentos técnicos con los que se escribe? El autor deja abierta la cuestión.

Los casos del comisario Croce (Anagrama) desarrollan la figura del que fuera uno de los protagonistas de Blanco Nocturno, un policía muy particular, un “loco” que se guía por la intuición poética y la exactitud matemática. “Estos comisarios de género son un poco ingenuos y fantasmales porque, como decía con razón Borges, en la vida los delitos se resuelven -o se ocultan- usando la tortura y la delación, mientras que la literatura policial aspira -sin éxito- a un mundo donde la justicia se acerque a la verdad”, aseguraba el autor de Respiración artificial en 2013.

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En última instancia, Croce es diferente. Convencido de que “el horror y la idiotez reinan en el mundo” analiza las consecuencias del crimen antes que sus causas, trata de explicar la realidad a través del hecho delictivo, narrarlo. La resolución, a la que llega en la mayoría de las ocasiones, surge casi sola.

Como lector, editor y divulgador, Piglia siempre estuvo cerca de un género que respetaba y amaba. Por las páginas de Los casos del comisario Croce se cruzan referencias y homenajes a Conan Doyle- en La resolución, relato que EL PAÍS adelanta en exclusiva-, Allan Poe, Chesterton y más; lúcidas reflexiones sobre la profesión de investigador y, de regalo, una luminosa conversación de Croce con Borges sobre el crimen perfecto que hace de La conferencia un relato especial. Croce cree que “en la senda de la investigación criminal gana el que puede correr más despacio” y esa es la guía que sigue cada relato, lejos del cansino “ritmo trepidante” impuesto por doquier.

Piglia creía en su obra como un mundo interrelacionado. Sus lectores encontrarán aquí referencias a su Adrogué natal, a su alter ego Emilio Renzi como interlocutor en El tigre, a una de las hermosas hermanas Belladona, al almacén de los Madariaga, al desdichado Luca. El libro empieza con La música, un relato en que encontramos a Croce jubilado, para transitar luego por la vida del policía, su trabajo en provincias en el oscuro El impenetrable, asediado por el fascismo pujante a finales de los sesenta, joven pesquisa (detective sin uniforme) en Mar del Plata... Así, en menos de 180 páginas, Piglia construye la mitología de un personaje complejo, lejos de cualquier arquetipo, que quedará en los anales del policial antes y mejor que otros cuyo nombre ha habitado miles de páginas.

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