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COLUMNA

Las (no) series de Movistar

Vaya por delante el aplauso a su apuesta por la producción propia de ficción, pero la sensación que han dado muchos de sus productos es que sus autores han hecho películas largas cortadas en trozos

Gonzalo de Castro, en 'Matar al padre'.
Gonzalo de Castro, en 'Matar al padre'.

Vaya por delante el aplauso a la gran apuesta de Movistar por la producción propia de ficción. Aun reconociendo el inmenso mérito de los canales en abierto en este sentido, la industria televisiva española necesitaba el impulso y la sacudida que las plataformas le han dado. Y mientras que la producción de Netflix aún es casi simbólica y la de HBO sigue haciéndose esperar, la plataforma de televisión de Telefónica sí ha dado un paso al frente.

La apuesta ha sido, al menos inicialmente, por historias de autor y con gente procedente del cine detrás. Alberto Rodríguez y Rafael Cobos y La peste. Juan Cavestany y Álvaro Fernández-Armero y Vergüenza. Cesc Gay y Félix. Mar Coll y Matar al padre. Ya calienta motores Enrique Urbizu y Gigantes. También gente de la tele, por supuesto, como Berto Romero con Mira lo que has hecho, los hermanos Sánchez-Cabezudo con La zona o la factoría Bambú y Velvet colección. Pero en su mayoría se trata de cineastas que han trasladado a sus creaciones televisivas su propio universo y su sello particular.

Más allá de los aciertos y fallos de cada una de ellas, la sensación que dan muchos de estos productos es que sus autores han hecho películas largas que, para convertirlas en series, las cortan en fragmentos de unos 50 minutos cada uno. Uno de los principales problemas de Matar al padre, la última en llegar a su catálogo, es precisamente esa sensación de que estamos ante una película alargada hasta las cuatro horas. Son productos que, en muchas ocasiones, no logran enganchar al espectador con su primer capítulo y que solo son comprensibles en su totalidad cuando se ven completas. El problema es que a veces hay que esperar demasiado para que el tiempo invertido compense. Y eso solo se lo podemos permitir a The Wire o Los Soprano, pocas más.

Son problemas, sobre todo, de guion y de concepción. Casi todos sus autores explican (y presumen de ello) que sus creaciones son más películas que series. El problema es que se suponía que eran series y como tales nos las venden. A ello se suma el exceso de carga masculina presente en esta primera tanda de ficciones. El tráiler de Gigantes, una historia centrada en el mundo del crimen protagonizada por cuatro hombres, fue acogida en las redes sociales con algunas quejas por la alta dosis de testosterona que transpira. Las protestas vienen más por el camino anterior hasta aquí que por la nueva serie, que aún no hemos visto.

Entre los próximos proyectos algunos parece que quieren apuntar a un cambio de sentido. El embarcadero, producida por Atresmedia Studios y con los responsables de La casa de papel; la policíaca Hierro, con Candela Peña como protagonista; Instinto, thriller erótico con Mario y Óscar Casas creada por los autores de Velvet. ¿Será, por fin, la hora de las series-series de Movistar?

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