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Urbizu: “¿Por qué nos gustan las series arriesgadas y luego no corremos el riesgo de hacerlas?”

El cineasta acaba de terminar de dirigir su parte de la serie 'Gigantes' y ya está en la sala de montaje

Enrique Urbizu, el pasado miércoles 16 de agosto, en Madrid.
Enrique Urbizu, el pasado miércoles 16 de agosto, en Madrid.

Enrique Urbizu (Bilbao, 1962) viste de oscuro, como siempre. Posa imponente y muy serio para EL PAÍS en el portal del edificio donde se encuentra la productora Lazona, pero ese semblante se suaviza cuando se sienta ante la mesa de montaje y habla de su pasión por el cine, "24 horas al día, ocho días a la semana", o muestra en la pantalla el "planaco" que rodaron en la antigua bajada de Despeñaperros para la serie en la que está trabajando ahora, Gigantes. La ficción de Movistar, a mitad de su producción este verano y que se estrenará en 2018, cuenta la historia de una familia de criminales compuesta por un padre autoritario (Jose Coronado) y tres hijos (Daniel Grao, Isak Férriz y Carlos Librado) que viven a su sombra.

Pregunta. ¿En qué punto está el rodaje de Gigantes?

Respuesta. Tenemos un 60 o 70% ya grabado. Yo he grabado mis correspondientes capítulos, los tres primeros de seis y ahora está Jorge Dorado con lo que falta. He hecho algunas escenas de los otros tres episodios, había personajes que estaba interesado en al menos arrancarlos. Ahora estoy entrando a montar y editar. La serie me pareció entender que quizás la estrenen en abril. Llevo trabajando en esto dos años. Recibí el encargo y un material original que, junto con Miguel Barros, vimos que había que ponerse a trabajar con él. Miguel comenzó a reescribir de manera bastante profunda. Y ahí hemos estado, con el desarrollo de los guiones y demás, y ahora 11 semanitas de rodaje que me he metido y muy contento.

P. Antes trabajó en otras series y en televisión como Carvalho, Películas para no dormir o Alatriste..

R. No tiene nada que ver. Alatriste fue una experiencia nefasta de la que siempre que puedo evito hablar. Películas para no dormir eran 90 minutos, un largometraje para tele. Se hizo en 16 mm, irrepetible. Luego no la programaron, todo fue muy frustrante, pero las películas quedaron muy bien.

P. Esta experiencia parece diferente...

R. Esto ya era hacer un serial. El material inicial nos obligó a hacer un primer capítulo que explicaba un poco el presente de los personajes, que es más mitológico. El segundo es un episodio más tenso, a la manera de un thriller de los años setenta. Es una saga criminal, pero un tanto sui géneris a la manera de abordar el tema, que no es original. La familia y el crimen, desde Shakespeare a El padrino. Esa es la materia prima, pero hemos intentado ir por un lado más arriesgado y más melodramático. No tiene nada que ver con el cine de acción, no es un policiaco, no es un thriller, no es solo un melodrama, no es de drogas ni de traficantes. Es de gente que está muy sola, que se está intentando destruir entre sí. Conforman un sistema de alguna manera contemporáneo, sobre todo moral, aparte de financiero. Es un cacharro bastante particular que estamos haciendo, y un tanto resbaladizo a la hora de ponerle etiqueta.

Jose Coronado y Enrique Urbizu en el rodaje de 'Gigantes'.
Jose Coronado y Enrique Urbizu en el rodaje de 'Gigantes'.

P. ¿Cuál ha sido entonces el mayor reto?

R. En un proceso creativo tan largo es que no se desvíe la nave, tener fe contra viento y marea. Y eso obliga muchas veces a tener posiciones enfrentadas y mantener reuniones tensas. Lógicamente, la empresa quiere saberlo todo de antemano, y nuestro trabajo consiste en aceptar riesgos. Si algo define a Gigantes es la capacidad que tienen sus personajes en la ficción, y los que lo estamos haciendo, de jugárnosla.

P. ¿A qué hace referencia los gigantes del título de la serie?

R. A sí mismos [los personajes], creo que se consideran intocables. Es un título bastante menos elogioso de lo que aparenta el material. Ellos tienen esa consistencia y de alguna manera siempre hacen lo que deben, que es inmoral, ilegal o realmente repugnante. Tienen esa capacidad de ser personajes míticos, de ficción. Si vas a hacer un serial, como personaje tienes que estar a punto de morir en cada capítulo, más o menos. Esa capacidad de riesgo la serie quiere tenerla. Por ejemplo, está pensada y rodada en 2:35, en panorámico. Y eso es muy excitante en televisión, con ese tratamiento espacial, esa elegancia y esa cinematografía, si me permites.

P. Y Madrid como telón de fondo. ¿Qué ciudad vamos a ver?

R. Madrid está retratada de manera muy reconocible, es un paisaje icónico, es el Rastro, las torres de Castellana, el barrio de Salamanca. Son muy reconocibles, pero Gigantes no es una serie realista. Esos paisajes albergan mitología propia. Con una gran familia de traficantes y anticuarios del Rastro, los gitanos... No es una serie realista, es muy de puesta en escena, pretende ser muy cinematográfica.

P. Y con Jose Coronado al frente del reparto...

R. Su personaje es el que instituye el orden moral. La serie empieza quizá con lo más importante fuera de campo, que es lo que le sucede a ese padre y a sus tres niños, y Coronado instaura un régimen de ferocidad, con tres hijos condenados a devorarse entre sí. Ese es el nacimiento del mito, que no del contenido de la serie. La serie va, viene y se va otros sitios. Pero esa es la fundación. El primer capítulo se titula Devastación, que es la definición perfecta del personaje de Jose.

P. ¿Cómo son esos hijos?

R. Son tres devoradores también, tres pirañas, condenados a avanzar sin mirar ni a los lados. Están imbuidos de una abstracta necesidad de destrucción. El pequeño, Clemente, quiere huir, pero quizá es el que trata de escapar de manera más consciente de esta especie de condena. ¿Qué sucede? Que el árbol se abre en seguida. Aparte de esta familia hay muchas relaciones. Hay una mujer gitana, una niña con problemas por su mestizaje, hay agentes del CNI, hay una mujer policía con una vida privada también difícil que está obsesionada por trincar el sistema financiero de esta familia, que a su vez comparten testaferro con algunos políticos.

Enrique Urbizu.
Enrique Urbizu.

P. ¿Qué tipo de series ve?

R. Ahora no veo nada porque llevo ya muchos meses con el rodaje y no te cabe. Es como ser futbolista y el día libre irte a jugar al fútbol, no me jodas. He visto unas cuantas estos últimos años. No soy fan de las series, pero he visto cosas maravillosas y otras que ni discuto. De lo último que me fascinó y que volví a ver es Hannibal. También he visto The Wire, Breaking Bad o The Knick. Juego de tronos, en la tercera temporada, me parecía ya la serie más inmóvil de la historia, se pasaban diez capítulos en el mismo sitio diciendo que van a ir a otro sitio, ni salen los de la nieve, ni avanza la de los dragones, el enano está en una gruta. Que me parece muy bien, pero joder, la vida es muy corta.

P. Pues justo en esta temporada parece que todo va rápido...

R. Algo tendrán que hacer. La giganta y el otro están de viaje dos temporadas por el camino voy y por el camino vengo. Pero tengo pendiente Fargo y Homeland en el regreso a la vida civil. ¿Sabes qué pasa? Soy también un poco arqueólogo, veo mucho cine, hasta primitivo y mudo. Todas las series de las que hemos hablado, he intentado siempre verlas de una tacada. Por ejemplo, la tercera temporada de Twin Peaks estoy esperando a tener tiempo para verla seguida como si fuera un Dostoievski. Es cuestión de tiempo, no le hago ascos, pero no tengo ese afán de destrucción. Porque todo el material del que se nutre una serie además, no ya a nivel de lenguaje, sino a nivel de propuesta, está todo sacado del cinematógrafo, del cine, de su hermano mayor, al que se denosta. Pero no veo una propuesta que no venga del lenguaje cinematográfico y de hecho, de cierto lenguaje cinematográfico, quizá el más adocenado. No hay series a lo Paul Thomas o las hay menos. ¿De qué hablamos cuando hablamos de series? ¿Y qué series nos permitimos cuando nos permitimos hacer una serie? ¿Por qué nos gustan las series más arriesgadas pero luego no corremos el riesgo de hacerlas? Hay mucho tema ahí de que hablar...

P. ¿El cine le influye en esta serie?

R. Soy espectador y soy estudioso, si me lo permites. Doy clase también y me gusta mucho dirigir cine, pero también estudiarlo. Sé que suena pedante, pero me gusta ser consciente de los inicios y de los caminos que los inicios proponen más que de copiar los estilemas o rasgos de estilo de éxito de los productos que ahora parecen más interesantes. Eso me parece una mierda de ejercicio. Yo no he usado ningún referente en Gigantes más que la rabia emocional de sus personajes y el material del que nos hemos nutrido. Tengo un archivo duro de lenguaje cinematográfico infinito, desde que tengo uso de razón estoy consumiendo cine y preguntándome por qué eso es así o asá. Y una relación con la imagen cotidiana, de 24 horas al día, de ocho días a la semana. Son maneras de pensar que no incluyen casi lo racional, es instintivo, la frontalidad, juegos con el eje, me lo paso bomba, pero no debe haber copias.

Enrique Urbizu (centro) dirige un capítulo de 'Gigantes'.
Enrique Urbizu (centro) dirige un capítulo de 'Gigantes'.

P. ¿Y después de Gigantes?

R. Tengo dos largometrajes escritos y hay ideas para otro. Y hay una serie que escribí con Michel Gaztambide, fantástica, sobre la trata de blancas, colonia Marconi y todo ese mundo, que quizás se esté adelantando un poco a su tiempo porque debido a su, al parecer, dureza y falta de concesiones, pues no es fácil que trague nadie.

P. Esa mitología de Gigantes que comentaba antes, ¿da para más?

R. Estamos trabajando en la posible segunda parte de Gigantes, que serían otros seis capítulos, de los cuales hay escritos tres y como director de desarrollo voy a empezar ya a leer y a trabajar con Gaztambide y Miguel Barros, Serán otros seis, más cafres y más arriesgados todavía que los seis de ahora. Pero también convendría pararles en seco, porque son unos auténticos hijos de puta todos los habitantes de la serie.

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