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Poesía artesana en tiempos de vértigo

Nueve editoriales independientes retratan la labor oculta tras el fenómeno mediático de la poesía española actual

De izquierda a derecha: Antonio Cordero, Beatriz Ruibal, Gonzalo Cordero, Ángelo Néstore, Alberto García Teresa, Jaime Rodríguez y Francisco Jurado.
De izquierda a derecha: Antonio Cordero, Beatriz Ruibal, Gonzalo Cordero, Ángelo Néstore, Alberto García Teresa, Jaime Rodríguez y Francisco Jurado.

Una piedra cae sobre el agua y la gente centra su atención en las ondas que genera en su superficie. Lo que no se ve, sin embargo, es lo que hay debajo de ella: todo un océano que se sacude. La nueva corriente vinculada a la promoción por redes sociales ha sido la roca que ha removido las aguas de la poesía en el último lustro. La aparición de editoriales como Mueve tu lengua (antes Frida) o las filiales de Penguin Random House y el Grupo Planeta (Verso & Cuento, del sello Aguilar y Espasa EsPoesía, del sello Espasa) ha catapultado a un grupo reducido de autores de poesía que superan las cinco cifras en cuanto a ejemplares vendidos con cada libro que publican (Defreds, Marwan o Elvira Sastre son ejemplos representativos, aunque en estilos distintos).

Sin embargo, las cifras globales no reflejan ese crecimiento. Según datos facilitados por la Federación de Gremios de Editores de España, la facturación de poesía y teatro alcanzó un pico en 2012, cuando superó los nueve millones de euros, para caer en 2014 hasta los seis millones y medio. En 2016, fecha de los últimos datos disponibles, volvió a ascender ligeramente hasta quedarse cerca de los siete millones. El número de títulos editados sigue la misma parábola. Detrás de esta aparente estabilidad, este último lustro ha funcionado como un productivo taller de creación. Han aparecido numerosas editoriales independientes con vocación de discurso, que buscan poner en valor el poder del lenguaje poético y se reivindican contra la forma clásica de editarlo. Así se ha conformado una prolífica cara oculta de la producción de poesía en España.

El leitmotiv de Kriller71, la editorial que el poeta bonaerense Aníbal Cristobo sacó a la luz en 2012, es precisamente el de ser “un gruñido casi inaudible entre lo que las voces cantantes proponen para la época”. Su idea: “sacudir los consensos poéticos que hay en España, donde existe una cultura muy oficialista y poco espacio para el debate, además de traer voces latinoamericanas que aquí son desconocidas”. Respecto a las nuevas tendencias poéticas, se muestra firme: “es necesario democratizar los espacios de creación, pero si tú mismo dices que lo que estás haciendo no es demasiado bueno, a lo mejor deberías estar intentando ofrecer algo mejor a los demás, y también a ti mismo”.

La labor de rescate de voces procedentes de Latinoamérica es, precisamente, el sello de identidad de Ediciones Liliputienses, un proyecto unipersonal sin ánimo de lucro sostenido por José María Cumbreño desde 2011. “En España nos traiciona nuestro complejo de superioridad europeo: creemos que la mejor poesía en español es la que hacemos aquí, cuando ni de lejos es así”. “Existen demasiados autores que necesitan ser descubiertos, algunos incluso Premios Nacionales de Poesía en sus respectivos países. Si tuviese la capacidad para producir el doble, lo haría”, asevera Cumbreño.

Tengo que crear lo mejor. Porque todo el mundo compra lo mejor, ¿no?

Unai Velasco

La conjunción entre el canal de reproducción de voces latinoamericanas y la vía de acceso para nuevos autores está reflejada en el espíritu de Ultramarinos Editorial, un proyecto cofundado en 2016 por Unai Velasco, poeta barcelonés que actualmente ha asumido en solitario la dirección del mismo. Su objetivo inicial era “volver a pensar la edición de poesía, aunque pueda sonar algo desaforado”. Otro de sus objetivos es el de traducir voces de otras lenguas peninsulares, como ha hecho en el caso de Chus Pato o Blanca Llum. Afirma ser “idealista, pero con la voluntad de llevar esas ideas a un terreno práctico” en el que las herramientas fundamentales que se emplean son “el tiempo y el esfuerzo”. “Pensé: si no tengo dinero para producir lo mejor, tengo que crearlo. Tengo que crear lo mejor. Porque todo el mundo compra lo mejor, ¿no?”.

La idea del plurilingüismo peninsular está abrazada con fuerza por Los libros de la marisma, una editorial fundada en el mes de enero de este mismo año por Miriam Reyes y Alberto García Teresa y que ya cuenta con cuatro libros en su catálogo, dos de ellos traducciones del catalán y el gallego, respectivamente. “Es importante aprovechar todas las voces con algo que contar que nazcan dentro de la Península”, asegura Reyes, otorgando una especial relevancia a la producción que se está llevando a cabo en Cataluña, donde “existen multitud de voces de mucha calidad que apenas se conocen en el exterior”.

El propio Unai Velasco ganó el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández con En este lugar, publicado en 2013 por Esto no es Berlín, un proyecto nacido de las entrañas del colectivo Tabacalera e impulsado, en un inicio, por los editores de origen peruano Jaime Rodríguez y Francisco Jurado, con el objetivo de rescatar voces extranjeras y descubrir otras en el panorama nacional. Pese al espíritu “contestatario y contracultural” de la editorial, en Esto no es Berlín afirman ser conscientes de que “trabajar en los márgenes del stablishment no es una cuestión ideológica: se hace así porque es el propio stablishment el que te impide la entrada”. Todo ello, a su propio ritmo: “yo siempre lo digo: nadie nos espera, así que, ¿por qué apurarnos?”.

No digo que tenga que ser así ni impongo nada. Mi única intención es hacer pensar sobre ello.

Ángelo Néstore

Otra editorial muy vinculada a la publicación de primeros libros es Ediciones En Huida, fundada en 2009 por el poeta sevillano Martín Lucía, quien acabó por convertirla en su trabajo alrededor de 2012. “Es increíble la juventud de algunas de las personas que nos envían manuscritos, y más lo es todavía la calidad de lo que mandan”, explica. En Huida, además, busca ahondar en la poesía feminista, pese a que Lucía afirma que no se mueven “por cuestiones de paridad”, sino que simplemente consideran que “las voces femeninas aportan una forma de ver las cosas distinta, una visión del mundo que rompe con la sensibilidad imperante”.

Si En Huida busca indagar en la visión feminista de la realidad, en La señora Dalloway esta cuestión se lleva hasta sus últimas consecuencias. Dirigida por Ángelo Néstore y Carmen G. de la Cueva, esta editorial se plantea este debate desde el propio lenguaje, referenciándose a sí misma siempre en femenino, además de reflexionar acerca de las teorías queer y repensar el concepto de masculinidad. “La nuestra es más una apuesta política e ideológica que editorial”, señala Néstore, quien argumenta: “no digo que tenga que ser así ni impongo nada, mi única intención es hacer pensar sobre ello”.

El propio Ángelo Néstore dirige el festival de poesía Irreconciliables, en colaboración con la editorial Bandaàparte, que nació en 2012 con la idea de “mezclar disciplinas, de acercar a la literatura a artistas que se dedicasen a otros campos como la música o el cine”, según explica Antonio de Egipto, uno de sus fundadores. Empezaron publicando a músicos, como fue el caso de Guille Galván (guitarrista de Vetusta Morla), cuyo libro Retrovisores alcanzó los 3.000 ejemplares vendidos. “En el ámbito de los cantautores siempre se ha hablado de poesía, pero no pasaba lo mismo en el pop y el rock, así que nos acercamos a una serie de músicos y resultó que la mayoría ya tenían poemas escritos, pero se sentían intrusos, como si estuviesen metiéndose en un mundo al que no pertenecían”, desarrolla.

Ese mismo espíritu rebelde y arraigado a la música (concretamente al rock y el movimiento beat) es el que se desprende de Varasek Ediciones, una editorial que acumula un lustro de trayectoria desde que fuese fundada por los hermanos Antonio y Gonzalo Cordero, la fotógrafa Beatriz Ruibal y el poeta Enrique Mercado. La editorial nació de la inquietud artística de sus cuatro fundadores, que se encontraron con que, en los 80 y los 90, “la manifestación poética en las calles era toda igual: poesía social de la experiencia contra el franquismo, parecía que no existía otra cosa”, explican Enrique Mercado y Antonio Cordero, que definen aquella situación como un “extraño conservadurismo de izquierdas”.

Su conclusión refleja con relativa nitidez qué es lo que está pasando ahora en un universo tan difícil de descifrar como el de la poesía: “No nos preocupa la aparición de este fenómeno tan relacionado con el individuo. No nos afecta. Siempre ha habido poesía mejor y poesía peor. Lo que importa es que ahora el mundo de la poesía deje de ser tan mojigato, tan lánguido. Que se abra y nadie se sorprenda al ver a un tipo con una chaqueta de cuero leyendo un poema”. Que la poesía no son solo las olas que se mueven, sino todo el océano.