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Una desaparición

Las señas de identidad de la nueva ola rumana se ponen aquí al servicio de una pesadilla de desintegración familiar

Fotograma de la película 'Pororoca'.
Fotograma de la película 'Pororoca'.

Liberado de su funcionalidad primigenia para ubicar la situación de una escena, un plano general puede reciclarse para usos sumamente inquietantes. Así lo entendió el Michael Haneke de Caché (2005), cuyo último plano era toda una incitación a que el espectador se dejase llevar por su mirada paranoica, detectando signos donde quizá no los había. En Pororoca del rumano Constantin Popescu –uno de los participantes en la colectiva Historia de la edad de oro (2009)-, un plano general muta para convertirse en un plano secuencia de quince minutos, progresivamente angustioso, finalmente irrespirable, que culmina en el rostro de un padre llamando a la policía para avisar de la desaparición de su hija. La gradación ha sido, realmente, portentosa: durante buena parte del tiempo, la cámara se ha mantenido fija, con la niña entrando y saliendo del plano y el padre, sentado en un banco, hablando por teléfono, mientras, al fondo, un tipo discute con un par de ancianas que le recriminan que esté paseando a su perro por la zona infantil.

POROROCA

Dirección: Constantin Popescu.

Intérpretes: Bogdan Dumitrache, Iulia Lumãnare, Constantin Dogioiu, Stefan Raus.

Género: drama.

Rumanía, 2017

Duración: 152 minutos.

Las señas de identidad de la nueva ola rumana se ponen aquí al servicio de una pesadilla de desintegración familiar, activada por esa azarosa desaparición que convierte al padre en una suerte de investigador privado cegado por la obsesión. Pororoca levanta acta de la frágil naturaleza de una subjetividad cuando una ausencia empieza a infectarlo todo. El protagonista Bogdan Dumitrache, que ya estuvo admirable en Madre e hijo (2013), afronta su papel como un Orfeo sin billete de vuelta.