Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

La primavera altera la sangre de Los 40

Docenas de estrellas juveniles, nacionales y foráneas, alborotan a 12.000 almas en Madrid, con el estreno absoluto en España de Liam Payne

Sofia Rey y Liam Payne, durante el concierto Los 40 Primavera Pop en Madrid.
Sofia Rey y Liam Payne, durante el concierto Los 40 Primavera Pop en Madrid.GTRES
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La juventud baila: ya se lo inculcaban Uribarri y Fradejas a nuestros hermanos mayores. Han transcurrido cuatro décadas de aquello, pero la chavalería sigue agitando la osamenta con tanto brío como cada cual puede. Solo ha variado el cuerpo de baile, que por definición ha de ser joven y saleroso, pero Los 40 Primavera Pop se encargaron de avalar este viernes que sigue habiendo mucho músculo y curvatura para conservar el gusto por la expresión corporal y el alborozo. Tres horas invirtieron los locutores de la radiofórmula por antonomasia y sus docenas de artistas invitados en avalar que hoy solo no menea el esqueleto quien padece de timidez atroz o apoplejía. El resto de la humanidad, queridas y queridos, encontró argumentos en abundancia para desmelenarse. Y eran más de 12.000 las almas en el WiZink demostrándolo.

Cumplía esta fiesta de las sonrisas y los días radiantes 12 ediciones, y si alguien puede presumir de haber asistido a todas es un eterno joven de sudadera con capucha que, para más inri, anoche celebraba su cumpleaños número 45. Responde al nombre de Tony Aguilar y ejerció una vez más como maestro de ceremonias, exprimiendo esa capacidad suya para alborotar de manera espontánea a todo hijo de vecino.

Tony fue dando paso a los primeros artífices de la fiesta, Sofía Reyes o Blas Cantó (desligado ahora de Auryn), mientras otros compañeros de micrófono compartían responsabilidades para ir presentando a sucesivos ídolos de nuevo cuño, desde Reyko a C. Tangana con Dellafuente (muy altos, admitámoslo, en la clasificación del aplausómetro), Ana Mena o Ruth Lorenzo, apoteosis del poderío y volcánico ejemplo de “heroína sin capa”. Si a usted no le suenan estos nombres, no dramaticemos: admita simplemente que transita al menos por la cuarta década de vida y busque en algún vástago o sobrino piadoso su próximo asesor particular en trap y nuevos ritmos.

Además de la retahíla de nombres ilustres, la jornada sirvió como homenaje para Aspadir, una asociación de Rivas-Vaciamadrid que respalda a las personas con discapacidad intelectual. De sus filas han salido muchos de los actores de Campeones, el más sorprendente de los éxitos cinematográficos de la temporada, con más de diez millones de euros recaudados ya en taquilla. “He tenido la suerte de rodar una película de superhéroes. Ellos no vuelan, pero son capaces de todo”, resumió su director, Javier Fesser. Que se lo pregunten a los docenas de chavales con síndrome de Down que poblaban el sector 25 de las gradas: nadie se divirtió tanto ni repartió abrazos tan achuchados.

La presentadora Cristina Bosca, embarazadísima y orgullosa de lucir barriga oronda, dio paso a Álvaro Soler, su nutrida comparsa de bailarines y una encendida oda a las cinturas. Willy Bárcenas, líder de Taburete, estrenaba single (Belerofonte) y bigotillo aznarita. Y, en lo que se refiere a emergentes estrellas internacionales, el canadiense Scott Helman, desafecto de Toronto, avisó: “Como vuelva a Madrid, acabó comprándome piso aquí”. Clean Bandit aderezó con cuerdas su apuesta por la música de baile mientras We Don’t We, cinco angelinos jovencísimos y querúbicos, entregaban dos piezas para su candidatura a los nuevos Backstreet Boys. Y las tres chicas de Sweet California se rodearon de seis mocetones guaperas para estrenar Ay, Dios mío, invitación fulminante a la danza desmelenada.

La brasileña Anitta constituyó el primer salvoconducto claro para acortar distancias en la pista e interiorizar (o, más bien, exteriorizar) el concepto de perreo. Y aún quedaban los platos fuertes, esos que en los carteles apuran las posibilidades de las negritas: los chavales de la academia de baile televisiva Fama, el desparpajo de Melendi (que acabó enfundándose una camiseta del Club Deportivo Fabero) o el empoderamiento femenino que han sabido encarnar como pocas Aitana y Ana Guerra, que hacen bien en dedicarles una sonora cuchufleta a los chicos malos.

Juan Magán demostró que se puede actuar con sudadera amarilla, contraviniendo la superstición de los actores, y bermudas deportivas. Y Liam Payne, antes en One Direction, echó el cierre con sus tres primeras canciones en suelo español. Sexy, de rojo pasión, tatuado por doquier y con barbita de una semana, dejó la impresión de que al menos Bedroom floor tiene madera de exitazo.

La fiesta prosigue este sábado en Rubí (Barcelona) y el domingo en Málaga, pero la resaca de esta noche en Madrid será en más de un caso duradera. Porque la sangre se alteró en clave musical, que es lo procedente en una genuina primavera sonora. Al final, el bueno de Uribarri estaba en lo cierto.

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