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La pasión entre el joven actor y la antigua estrella de cine

Una película recrea el último amor entre Gloria Grahame, la ganadora del Oscar por 'Cautivos del mal', y expulsada de Hollywood envuelta en escándalos, y un intérprete de Liverpool

Gloria Grahame, en una imagen de 'Naked Alibi' en 1954.
Gloria Grahame, en una imagen de 'Naked Alibi' en 1954. Getty Images

La historia podría resumirse en el tópico chico conoce chica, chica conoce chico y se enamoran. "En realidad, solo éramos eso", recuerda el chico de la pareja, despojando a aquella relación de todo lo que le rodeó, lo que hizo que aquel amor tan fascinante inspirara una película, Las estrellas de cine no mueren en Liverpool, que se estrena en España el 18 de mayo.

En 1978, Peter Turner, el chico, era un actor de Liverpool de 26 años que intentaba ganarse la vida en Londres con muy poco éxito. En la pensión en la que vivía llegó un día una actriz veterana estadounidense de 54 años, que había sido repudiada de Hollywood, y se había pasado al teatro. "Recuerdo la primera que la vi. Yo ocupaba una de las habitaciones superiores y ella el apartamento principal de abajo", rememora Turner en Madrid. "Un segundo que lo visualizo". Para un momento. "No era como yo me la esperaba. Me habían hablado de una estrella de Hollywood, y recuerdo que abrió la puerta como escondiéndose, con pinta de haber llegado cinco minutos antes". Ella necesitaba 4 libras y 75 peniques; él se los prestó. "Nunca supe para qué, pero me lo devolvió en un cheque que aún conservo". Un par de días después se pusieron a bailar juntos en la casa Saturday Night Fever, y semanas más tarde se hicieron amantes.

Aquella rubia era Gloria Grahame, la actriz de ¡Qué bello es vivir!, Oklahoma, Encrucijada de odios, En un lugar solitario -en la que se hizo amiga de Bogart-, y ganadora del Oscar por Cautivos del mal. "Era espontánea y muy directa, hasta parecer a veces maleducada. Irradiaba encanto. Tenía una cosa maravillosa y era que preguntaba mucho, haciéndote dejar claro que le importabas". Y recuerda algo especial: "Su cara reflejaba al instante lo que pensaba o sentía. Sus movimientos eran rítmicos, resbaladizos".

Annette Bening y Jamie Bell, en 'Las estrellas de cine no mueren en Liverpool'. ampliar foto
Annette Bening y Jamie Bell, en 'Las estrellas de cine no mueren en Liverpool'.

A Grahame el nuevo Hollywood y el triunfo del color en el cine la habían abandonado en un pie de página de la Historia. Además, corrían muchos rumores sobre ella. Se había casado cuatro veces -y tenido cuatro hijos-, el segundo matrimonio, con el director Nicholas Ray, se rompió cuando el cineasta aseguró habérsela encontrado con su hijastro Tony en la cama. "Algo completamente falso"; cuenta Turner. Pero sí es cierto que su cuarto esposo fue Tony, con el que llevaba cuatro años divorciada cuando conoció a Turner. "Otro detalle fascinante es que conocía a un montón de gente. Recuerdo que hablaba del presidente Nixon, decía de él que era un grano en el culo. ¡Y era cierto!".

Turner cayó enamorado. "Lo bonito es que era una relación de iguales, jamás de una estrella con un aspirante joven. Disfrutamos 18 meses de amor entre Reino Unido, California y Nueva York, donde poseía un apartamento en el Manhattan Plaza". Allí, en un altillo, guardaba el Oscar. "Se vino hasta de vacaciones a Gales con mi hermano, mi cuñada y mis sobrinas; te lo cuento para que te hagas una idea de cómo se acoplaba a lo que había". Un día se volvió huraña. Turner no sabía el porqué. Rompieron y él se volvió a Liverpool.

Peter Turner, en la librería Ocho y Medio en Madrid. ampliar foto
Peter Turner, en la librería Ocho y Medio en Madrid.

Pasó un año. Hasta que Grahame se desmayó en un hotel en Lancaster, y Turner la recogió y la llevó a su casa en Liverpool, con sus padres. Entonces comprendió qué había pasado: un cáncer devoraba el cuerpo de la actriz, que por ello se había alejado de él. Durante tres semanas estuvo bajo sus cuidados, hasta que uno de sus hijos se la llevó a Nueva York. A las tres horas de aterrizar en EE UU, el 5 de octubre de 1981, Gloria Grahame falleció.

Ahora empieza la segunda parte de la historia. En 1986 Turner escribió Las estrellas de cine no mueren en Hollywood, un libro a corazón abierto. "No fue fácil, desde luego, sino catártico y recordar algún momento me dolió". En 1990 Annette Bening actuó en Los timadores, de Stephen Frears, y el director le dijo: "Fíjate en Grahame en Los sobornados". Así es como Bening leyó el libro, copió en pantalla a Grahame, conoció a Turner y pensó en llevar aquel amor al cine. "Pero Annette era muy joven". Pasaron los años, y finalmente el proyecto cuajó. "Yo dejé aquello de lado, no podía obsesionarme con si me iba a encarnar Daniel Craig o Ewan McGregor, nombres que se barajaron. Cuando me dijeron Jamie Bell, me chocó, solo me acordaba de Billy Elliot". Hasta que se conocieron y descubrieron muchas cosas en común. "Estoy feliz con la película, no se ha eliminado ningún buen o mal momento, obviamente resume mucho el libro, pero no cae ni en el ternurismo ni en la mentira". ¿Se arrepiente de algo de aquella relación? "No haber viajado con ella en aquel avión. No esperábamos que muriera tan rápido. El resto lo recuerdo como un privilegio que me dio la vida".

Documentando el viejo Hollywood

En el año 2000, producido por Barbara Brocoli, Peter Turner entrevistó a una treintena de actores y actrices de la época del cine mudo, I Used to Be in Pictures. "Fue un encargo entre amigos, nada que ver con mi anterior relación con Gloria Grahame". Turner recuerda con cariño lo que aquellos intérpretes -"que vivían casi todos en un asilo de la Academia de Hollywood"- le contaron. Pero guarda un lugar especial para Anita Page. "Casi todos superaban los 90 años y habían sido estrellas del cine mudo. Sin embargo, Page las superaba. Fue más que una estrella en su momento, y a su lado me sentí como si charlara con el personaje de El crepúsculo de los dioses. Apareció en una limusina blanca y hablaba con los aspavientos que te puedes imaginar. Me lo pasé muy bien dirigiendo aquellas entrevistas".