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Campos de Bleda y Rosa

El dúo de fotógrafos, premio Nacional, expone en el Museo Universidad de Navarra trabajos de 25 años de trayectoria, centrada en el paso del tiempo y la historia

'Mendaza, invierno de 1834', díptico de la serie 'Campos de batalla. España' (1994-1999). Ver fotogalería
'Mendaza, invierno de 1834', díptico de la serie 'Campos de batalla. España' (1994-1999).

El paso del tiempo en lugares, a veces con un hito histórico a sus espaldas, otras con una carga emocional en la que puede reconocerse cualquiera, ha marcado, desde sus inicios en 1992, la línea creativa del dúo fotográfico formado por María Bleda (Castellón, 1969) y José María Rosa (Albacete, 1970). La única pareja de cámara premiada con el Nacional de Fotografía, en 1998, muestra el grueso de su trabajo, que acaba de cumplir un cuarto de siglo y se ha desarrollado en series, en el Museo Universidad de Navarra, en Pamplona, hasta el 30 de septiembre.

Con el título de Geografía del tiempo, han desplegado 240 fotografías en una exposición comisariada por Nuria Enguita, cuyo eje es la serie Campos de batalla. "Son 63 dípticos con imágenes abiertas, normalmente frontales, de horizontes muy marcados", dice Bleda. "Lugares donde se produjeron hechos trascendentes, pero que hoy no son nada”. Las tomas los desacralizan y llevan a la cotidianidad. "Empezamos esta serie en 1994 en Almansa, por donde habíamos pasado muchas veces pero del que apenas teníamos referencia”, apunta Rosa. "Fue como una plantilla que nos sirvió para hacer más de 20 fotos dobles en otros lugares de batallas en España hasta 1997, un mosaico de paisajes áridos…".

"La historia era la excusa para acercarse a la geografía de estos sitios", apostilla Rosa. Una constante en el paseo con ambos por la exposición es que se complementan en sus argumentos, a veces se contradicen, quizás porque hacer fotos entre dos, con su Mamiya de medio formato "obliga a negociar, es un tira y afloja en el que a veces vamos cambiando de opinión", dice ella.

El recorrido por la España (vacía) de las batallas continúa: Roncesvalles, Covadonga, Bailén… panorámicas en color y sin humanos que distraigan. En 2010, expandieron este proyecto a Europa. "Un paisaje más frondoso, usamos a veces el contraluz, son imágenes más románticas", subraya Rosa. Después saltaron a América y lo cerraron en 2017. La quietud de estos espacios donde hubo ríos de sangre quizás se compadece de su forma de trabajar, "lenta y en analógico, sin recortar el encuadre, tirando pocas fotos y sin saber si habrás acertado, claro", explica él.

Otras luchas imaginarias, mucho más livianas, componen las 18 imágenes de la serie Campos de fútbol (1992-1994), en blanco y negro, con la que se dieron a conocer. La sensación de desolación se contagia al contemplar los fragmentos de campos embarrados, presididos por porterías herrumbrosas, sin redes, paisajes solitarios que forman parte de la memoria sentimental de los que crecieron en ellos dando patadas a un balón. Hoy son descampados silenciosos en los que no hay niños, señal de "la despoblación del campo y la baja natalidad", subrayan.

En el borde

Con obra en el Reina Sofía, el Artium, de Vitoria, y el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, Rosa analiza los términos que han empleado los estudiosos de su obra: ¿documental, de paisaje? "Me siento cómodo estando en el borde de todo eso", con el gusto por el "juego entre el pasado y la fotografía contemporánea". Eso sí, siempre fotografían con luz natural, sin flas.

Esa declaración de intenciones se mantiene en su último proyecto, Origen, en proceso desde 2003. De él hay cinco fotos en gran formato de "lugares del planeta en los que se han descubierto restos paleoantropológicos que han cambiado las teorías sobre la evolución humana", agrega Rosa. En algunas se aprecian las huellas de los trabajos en los que los humanos buscaban de donde venimos. "Cuando se descubra otro lugar que se establezca como el más antiguo del hombre, allí iremos con nuestra cámara para fotografiarlo".

También atesoran mucha historia tres ciudades retratadas para su serie Memoriales (2005-2010), de las que ofrecen fragmentos de lo acontecido en ellas. Las huellas del nazismo en Berlín, de la religión en Jerusalén, con sus lugares reclamados por judíos, cristianos y musulmanes, entre las que sobresale una evocadora imagen del monte de los Olivos; y de la lucha por los derechos civiles en Washington, con el objetivo puesto en el National Mall. 23 piezas en las que, como en casi toda su producción, los pies de foto son fundamentales para que el espectador se ubique.

Esos pies se transforman en largos textos para el juego de relaciones con las fotos de Prontuario (2012-2017). Son grupos de imágenes de escenarios de las revoluciones atlánticas, incluida la Pepa española, y que uno puede descubrir, aunque sea colateralmente, con las palabras que las acompañan: artículos periodísticos, cartas, leyendas de mapas… Como en Campos de batalla, se trata de que cuando el espectador se tope con ellos, "no pase de largo y los desmitifique".

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