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Así nace un mundo

'Las aguas de Manhattan' está considerada la novela fundacional de la narrativa judía estadounidense. Publicada en 1930, por fin ve la luz en castellano

Mercado en un barrio judío en Nueva York, alrededor de 1935.
Mercado en un barrio judío en Nueva York, alrededor de 1935. fpg (GETTY)

By the waters of Manhattan se publicó en 1930 y puede decirse que apenas obtuvo eco fuera del grupo de poetas y escritores del movimiento objetivista, descendiente de los imagistes que comandó Ezra Pound y formado además por Louis Zukofsky y George Oppen. Reznikoff y Zukofsky eran sobre todo poetas, pero ambos abordaron la narración; el segundo con Ferdinand yÉrase, ambos editados en un volumen por Barral Editores en 1970, y Reznikoff con la novela breve que ahora publica Siruela. No puede decirse que a su publicación Las aguas de Manhattan obtuviera especial repercusión, pero, como sucede a menudo, su valor como inicio de la novela judía integrada en la narrativa norteamericana —que alcanzaría su cenit fundacional con Llámalo sueño, de Henry Roth (1934)— ha acabado siendo ampliamente reconocido.

La novela se divide en dos partes. La primera cuenta la vida de Sarah Yetta en una pequeña y empobrecida ciudad de la Rusia zarista desde su infancia hasta que se lía la manta a la cabeza y emigra a Estados Unidos. Sarah es una luchadora que se encuentra ahogada por la pobreza material y espiritual de su vida en Znamenka. “Había judíos en Znamenka más pobres que los Volsky. Un terrateniente le dio a uno tres rublos por besar un atizador al rojo vivo. Como su familia estaba sin comida y la cena de Pascua se aproximaba, el hombre lo hizo”. Toda la primera parte parece proceder del objetivismo: es un registro de las idas y venidas, esperanzas y desesperanzas de Sarah hasta que se casa con Saul Rubinov y emigra. No hay un ápice de psicologismo, los personajes se ven tan solo a través de sus miserables condiciones de vida. Es una escritura directa, demostrativa, enumerativa de formas de subsistencia humana primaria.

La segunda parte trata de Ezekiel, el hijo de Saul y Sarah, en Nueva York y da paso a un relato más sentido, pero el autor se mantiene siempre fiel a su código literario: cuenta, incluso con una sensualidad que impregna el hambre, los deseos y los planes del chico, pero no personaliza el relato. La sequedad objetiva, enumerativa, de la primera parte contrasta ahora con la sensibilidad del chico y su relación con la ciudad. Ezekiel monta una librería de la nada, un chamizo con libros prestados y muebles viejos y dólar a dólar empieza a sobrevivir. A poco, establece una relación con una joven clienta narrada por la mirada del autor con una gran inteligencia descriptiva. No se cuenta más que este inicio de relación que, sin embargo, contiene mucho más conocimiento de la complejidad de las relaciones amorosas íntimamente mediatizadas por el entorno social que relatos mucho más completos.

La línea narrativa de la novela es débil, pero muy expresiva, y ahí reside su encanto porque es obra de un poeta. Hay un momento en que él le dice a ella, hablando de cierto libro “que carece de comprensión hacia sus personajes: relata prácticamente todo lo que dijeron e hicieron, pero sólo rasgos superficiales, no lo que arde en sus corazones”. Reznikoff hace lo contrario: relata lo que arde en los corazones por medio de los rasgos y actos de los personajes.

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Autor: Charles Reznikoff.


Editorial: Siruela (2018).


Formato: tapa dura (208 páginas)


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