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La realidad virtual como una de las bellas artes

Jeff Koons o Marina Abramovic experimentan con esta tecnología, que plantea grandes retos a creadores e instituciones

La artista Marina Abramovic en 'Rising'.
La artista Marina Abramovic en 'Rising'.

“La realidad virtual es un asteroide que impactará con nuestro planeta en 2023”. La profecía fue lanzada por un Nostramadus barbudo y con las botas manchadas de nieve, el canadiense Douglas Coupland, novelista de éxito que, en los noventa, firmó Generación X, el libro que popularizó esa socorrida etiqueta y otros términos finiseculares como McEmpleo.Coupland, que también ejerce de artista de vanguardia y vidente aficionado en sus ratos libres, fue uno de los ponentes del Verbier Art Summit, coloquio celebrado recientemente que reunió a un centenar de creadores, directores de museos y otros líderes del sector cultural en una estación de esquí en el rincón más exclusivo de los Alpes suizos. Entre ellos se encontraban artistas como el danés Olafur Eliasson, el británico Ed Atkins o la estadounidense Anicka Yi, además de coleccionistas europeos como la suiza Maja Hoffmann o el griego Dakis Jouannou.

Su misión fue debatir sobre el papel que las nuevas tecnologías deberían tener en el mundo del arte, hasta ahora refractario a dar el gran salto adelante hacia lo digital. Varios indicios apuntan a un cambio inminente. Artistas tan conocidos como Jeff Koons o Marina Abramovic se acaban de estrenar en la realidad virtual creando sendas obras originales para Acute Art, un portal pensado como un museo virtual que albergará experimentos con este formato. Su objetivo es convertirlo en un género artístico como cualquier otro. “La realidad virtual ya ha transformado el sector inmobiliario, la medicina, la arquitectura o la pornografía. Puede que ahora haya llegado la hora del arte", explicaba Daniel Birnbaum, director del Moderna Museet de Estocolmo.

Eliasson también ha ideado una obra para Acute Art, Rainbow, un parpadeante arco iris con el que el visitante puede interactuar al inscribirse en este museo virtual. El cotizado artista saltó a la fama en 2003 con The Weather Project, colocada en el vestíbulo de la Tate Modern de Londres. Eliasson ve en la realidad virtual una nueva oportunidad para seguir desarrollando su vocabulario. “Siempre me ha interesado la desmaterialización del arte. Veo en ella una oportunidad para promover la implicación del receptor de la obra, que quiero que deje de ser pasivo”, explicó en Verbier.

El hombre que inventó Acute Art se llama Dado Valentic, un técnico de corrección de color para Warner, que ha trabajado en películas como Exodus y series como Juego de tronos. No tuvo que insistir mucho para convencer a artistas como Koons o Abramovic. “Solo hubo que mostrarles el potencial del medio. Cuando te encuentras ante un artista curioso, su propia naturaleza le incita a involucrarse en algo así”, sostiene. Según Valentic, cada uno llevó la tecnología a su terreno. Koons creó Phryne, una bailarina con la piel igual de reflectante que sus conocidas esculturas en acero cromado. En su obra Rising, Abramovic pone en escena a una doble de sí misma que desafía con su mirada, obligando a tomar conciencia sobre el cambio climático.

Artistas como Paul McCarthy y Tony Oursler también han expuesto durante este invierno sus experimentos con la realidad virtual en la Fundación Faurschou de Pekín. Mientras tanto, los museos empiezan a mover ficha. En 2017, la Tate Modern incluyó una instalación virtual en su retrospectiva dedicada a la obra de Modigliani. La casa de subastas Sotheby’s hizo lo propio para promover una subasta de arte surrealista. En la pasada bienal del Whitney de Nueva York, el artista Jordan Wolfson causó sensación con Real violence, una brutal instalación que relativizaba la supuesta empatía e interactividad a la que invita el medio. Y, entre dos películas, Alejandro González Iñárritu encontró tiempo para dirigir Carne y arena, obra sobre el destino de los indocumentados mexicanos que cruzan la frontera estadounidense. Se estrenó en el Festival de Cannes, antes de exponerse en la Fundación Prada de Milán y el LACMA de Los Ángeles.

Jeff Koons, con unas gafas de realidad virtual.
Jeff Koons, con unas gafas de realidad virtual.

“La realidad virtual será el mayor giro desde la imprenta. La diferencia es que no es necesario saber leer para utilizarla”, dice Coupland. Según cree, esta nueva tecnología favorecerá la emergencia de “un arte hiperdemocrático, intensamente viral e instantáneamente descargable”. Aunque, de momento, se encuentre en su más tierna infancia. “Para que una tecnología se convierta en arte, tiene que volverse obsoleta. Por ejemplo, tras la llegada de Internet, la televisión pudo transformarse en arte. En 1947 hubiera sido imposible tener algo como Los Soprano”. A su lado, Birnbaum le da la razón. “Los artistas que utilizarán la tecnología de manera revolucionaria tienen 11 años como mucho. El Marcel Duchamp de la realidad virtual todavía tiene que nacer”, concluye.

¿Para qué ir a un museo de los de siempre?

Museos e instituciones afrontan un reto considerable ante el avance de la tecnología de la realidad virtual, que incluso podría amenazar su futuro. “Puede convertirnos en algo tan obsoleto como una tienda de discos”, reconoce Daniel Birnbaum, director del Moderna Museet de Estocolmo. “Si se expande el arte en realidad virtual y se puede acceder a él desde cualquier teléfono móvil, ¿qué sentido tendrá desplazarse hasta el museo?”.

La propia naturaleza del arte podría verse transformada. “Los grandes cambios tecnológicos siempre la han alterado. La fotografía y el cine redefinieron la creación artística, como explicó Walter Benjamin en su ensayo sobre la era de la reproductibilidad. Lo mismo sucedió luego con la televisión e Internet. La realidad virtual no será ninguna excepción”, asegura Birnbaum.

Su museo, conocido por su gusto por la innovación desde los sesenta, empezará a exponer realidad virtual a partir del próximo verano, en una muestra dedicada a la artista sueca Nathalie Djurberg.