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El terrorismo toma la competición

Dos películas, ‘7 días en Entebbe’ y ‘Utoya 22. juli’, recuerdan sendos ataques luctuosos que han marcado el mundo actual

Daniel Brühl y Rosamund Pike, en '7 días en Entebbe'.
Daniel Brühl y Rosamund Pike, en '7 días en Entebbe'.
Enviado especial a Berlín

Ayer tocaba en la competición de la Berlinale lección de Historia, pero de la más amarga, de la que marca generaciones y crea cicatrices en el alma de los países.

Como el dolor que aún atenaza a la población noruega, desde que el 22 de julio de 2011 el ultraderechista Anders Breivik asesinara a 77 chavales en un campamento de las juventudes del Partido Laborista en la isla de Utoya. Su reflejo fílmico, Utoya 22. juli, del noruego Erik Poppe, ha sido realizado con exquisito cuidado y contundencia visual. Rodada en un único plano secuencia, al asesino solo se le ve de lejos —ni se menciona su nombre— mientras la cámara se pega a una chica (un personaje ficticio) que huye a través de la isla. “Es un proyecto colectivo en el que he contado con los testimonios de tres supervivientes. Opté por la ficción por razones éticas. Pienso que es mejor que nadie vea ahí a su hijo o hija, a su novio o amigo", explicaba a la prensa Poppe. El realizador no da explicaciones sobre lo ocurrido, solo levanta “testimonio de la barbaridad para honrar a las victimas”. Acierta de pleno.

El brasileño José Padilha ha reconstruido en 7 días en Entebbe -que se estrena en España el 20 de abril- el primer gran secuestro de un avión comercial con rehenes, realizado por simpatizantes de la causa palestina el 27 de junio de 1976 en el vuelo de Tel Aviv a París, y que acabó en el aeropuerto de Entebbe (Uganda), donde comandos israelíes mataron a los secuestradores y a 45 soldados locales. Solo falleció un militar israelí, el teniente coronel Yonatan Netanyahu. Su muerte impulsó a su hermano pequeño, el hoy primer ministro Benjamin Netanyahu a entrar en política. Padilha ganó justo una década el Oso de Oro con Tropa de élite, y es un hábil retratista de la violencia política y social: en Berlín promociona una serie de Netflix, El mecanismo, sobre el mayor caso de corrupción de la historia de Brasil. Sobre 7 días en Entebbe, el cineasta asegura haber aprendido varias cosas: “Que cualquier político israelí rehúye las negociaciones con Palestina porque sabe que eso tiene consecuencias negativas entre su electorado”. Esa restricción política la refleja en las charlas entre el entonces primer ministro, Isaac Rabin, y el ministro de Defensa, Simón Peres, entonces considerado un halcón. “Rabin redactó una carta de renuncia porque temía una matanza, pero esa opción le parecía aún mejor que la negociación”. La carnicería no pasó por razones alejadas de lo militar. “También sé ahora que los secuestradores, especialmente la pareja alemana, pudo haber realizado una masacre”, cuenta el brasileño sobre los personajes que encarnan Rosamund Pike y Daniel Brühl. Ellos dejaron en libertad a más de la mitad del pasaje, los no judíos, al inicio del secuestro, y cuando los 100 soldados israelíes entraron en la terminal ugandesa, la pareja no disparó a los rehenes.

La operación se saldó con cuatro pasajeros muertos, los terroristas abatidos y 45 soldados ugandeses muertos, muchos de ellos asesinados por los israelíes en un salón. “Todo esto ha ido poco a poco saliendo a la luz en diversas investigaciones”, asegura Padilha, que contó con asesores que confirmaron que cada plano se correspondía con lo ocurrido. De ahí que se vea que Netanyahu no murió enfrentándose a los secuestradores sino por un tiro ugandés por la espalda al inicio de la operación: “Yo no hago propaganda", cuenta Padilha, recordando que varias películas previas, todas con aires heroicos, habían mostrado esta operación en el cine. Por desgracia, todo lo anterior Padilha lo enturbia, cortando el ritmo y jugando con las intenciones, con un coro de bailarines que entonan una canción tradicional hebrea para remarcar la falta de negociación entre los bandos.